Aventuras de una fumadora y su médico

Fumar es una enfermedad crónica

Este no es un blog de autoayuda al uso. Tampoco es un texto de consejos médicos. Ni siquiera es una conversación entre médico y paciente. Son, por encima de otras cosas, las reflexiones personales de una fumadora impenitente de cigarrillos, Lira Félix Baz, y de un médico, Miguel Barrueco, que trata de ayudar a los fumadores a dejar el tabaco como jefe de la Unidad de Tabaquismo del hospital Clínico de Salamanca.

 Siempre hay un momento en el que un fumador quiere dejar el tabaco. Aprovéchalo, porque es como los trenes… (15º Post)

 

– Una vez que has firmado el día que lo vas a dejar ¿Se puede fumar?, – pregunté.
– El objetivo es no fumar ningún cigarrillo – respondió Miguel-, pero ni tú ni yo sabemos lo que va a suceder, así que tenemos que prever que puedas fumar alguno. Si lo apuntas lo sabremos en la próxima consulta, si no lo apuntas no podemos valorarlo, de ti depende ser sincera. No con nosotros, que siempre te vamos a creer, si no contigo misma.
– Pero estar pendiente de apuntarlo ¿no se va a convertir en un agobio?
– No tiene porque serlo. El proceso de abandono del tabaco es un proceso consciente y pensar en ello no es un problema. Ignorarlo, pretender borrarlo de la mente, creer que vas a conseguir no pensar en el tabaco durante las próximas semanas o meses eso sí que es una entelequia.

Si me fumaba algún cigarrillo no se hundía el mundo. Miguel me dijo que era algo parecido al caminar. Cuando caminas no contemplas la posibilidad de tropezar y si tropiezas, te levantas y sigues caminando. Pues aquí sucedía lo mismo. Es un buen símil –pensé-, se trata de hacer un camino. Se hace camino al andar que decía Antonio Machado. Y también me acorde de Kavafis y su viaje a Ítaca. Lo importante no es llegar, lo importante es aprender del camino día cada día.

Había otra tarea diaria, después de apuntar si habías fumado o no habías cogido ningún cigarrillo. Miguel me explicó que yo tenía que valorar el que ellos llaman el síndrome de abstinencia y nosotros llamamos “el mono” y yo lo denominé Endriago. Se trataba de ir escribiendo las sensaciones que tienes valorando desde cero hasta cuatro las ganas de fumar que habías sentido ese día, la ansiedad, la tristeza, la irritabilidad (esa mala leche que se nos pone cuando queremos dejar de fumar y que hace que nuestra familia o nuestros compañeros nos inviten a seguir fumando), el apetito

– Con esa escala tú misma y nosotros, cuando vuelvas a consulta, sabremos el nivel de dificultad que estás teniendo y podremos valorar mejor tu respuesta al tratamiento que te hemos propuesto. Por otro lado, estaría bien que tuvieras una hucha, donde meter el dinero que te gastas en tabaco diariamente, y cuando hayan pasado seis meses, por ejemplo, te haces un regalo.

No estaba muy segura de aquello. Era como volver a ser niña. Tenía una hucha, deberes y un cuaderno para desarrollarlos. Nunca me habían gustado los deberes y ahora tenía un cuaderno con tarea diaria.

– Dejo un hábito para coger otro. Dejo de fumar, para comenzar a pensar en los deberes, ¿no es así?
Fumar no es un hábito – dijo Miguel-, ni tampoco un vicio. Fumar es una dependencia física y psíquica del tabaco, del cigarrillo. Por eso se considera que fumar es una enfermedad crónica.

Eso sí que no lo había pensado. Yo pensaba que fumar era un hábito; no me gustaba llamarlo vicio, aunque lo podía aceptar, pero para lo que no estaba preparada era para asumir que fumar era una enfermedad. Que fumar producía enfermedades sí, pero que el hecho de fumar era en sí mismo una enfermedad me costaba aceptarlo.

Entonces pensé: ¿Soy una enferma? No me atreví a llevarle la contraria ni a discutir el concepto. Al fin y al cabo aquello era una consulta.

Continuará…

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