Opinión

Estación de autobuses, una experiencia kafkiana

La máquina de la estación de autobuses para sacar los billetes.

Un sábado reciente, a las 8:20 horas. Me acerco a la estación de autobuses para comprar un billete de ida y vuelta a Valladolid.

Todas las taquillas del vestíbulo están cerradas, incluida la de información. Bajo a la oficina municipal de los andenes. También está cerrada. Un cartel indica que los billetes se adquieren en las taquillas de arriba.

Subo al vestíbulo. Poco después abre una ventanilla al fondo, pero no es la que interesa. Voy a una máquina de venta de billetes, la activo y escribo el destino. Me indica que no tiene información o algo así. Al lado hay otra máquina donde está esperando un hombre. Me dice que no funciona hasta las 8.30 horas. Finalmente aparece una mujer joven en la pantalla que atiende al señor. Me ha parecido entender que no hay billetes a Valladolid.  Cuando me acerco a la pantalla la mujer ya no está y en cambio aparece un mensaje: ‘Enseguida estaremos con usted’. Pasan varios minutos y no aparece nadie. Vuelvo a pulsar la pantalla y se repite el mismo mensaje. Pasan diez minutos, quizá más. Vuelvo a pulsar. Una señora me dice:

-Hay que esperar. Sólo hay una persona que atiende a todo Castilla y León.

Pregunto al agente de seguridad cómo adquirir billetes y me remite al conductor del autobús. Bajo de nuevo a los andenes. Faltan unos 10 minutos para la salida y ya hay largas colas entrando en los dos autobuses que van a Valladolid. Parece que no va a haber plazas libres. Cuando han subido casi todos pregunto al conductor y me informa de que el autobús va lleno pero que quizá quede alguna plaza de viajeros que no aparecen. Hay que esperar un poco. Por suerte a la hora de salir quedan dos plazas. Una va a ocuparla una señora que va delante de mí, pero empieza a discutir con el conductor no sé por qué. Veo que el otro autobús está a punto de salir y me acerco corriendo para ver si tiene sitio. Baja la ventanilla y me dice que no. Vuelvo al otro autobús. La mujer sigue discutiendo. Ya pasan 5 minutos de la hora de salida.

Cuando por fin pido el billete, el conductor me dice:

-No puede pagar con tarjeta (la tengo en la mano), ha de ser en efectivo. Le doy el billete de ida, pero la vuelta queda abierta.

Recuerdo entonces una experiencia parecida a la que estoy teniendo aquí en la estación de Valladolid (taquillas cerradas, máquina que no responde) así que bajo del autobús por temor a quedarme colgado a la vuelta.

Finalmente tuve que ir a Valladolid en mi coche.

(No contaría esta anécdota intrascendente si no fuera porque he tenido experiencias parecidas en otras estaciones de autobuses en varias ciudades españolas. Así que la anécdota puede subir a categoría, como dijo el filósofo).

Aquí parece que desde que la Junta puso los billetes gratis para todo Castilla y León al personal le ha entrado un desmedido afán itinerante. Lo cual está muy bien, pero los que no disponemos de la tarjeta también tenemos nuestro corazoncito y merecemos un poco de atención, aunque solo sea porque esos billetes se pagan con los impuestos de todos, también los nuestros.

Por cierto, ayer y hoy lunes he intentado tramitar la tarjeta mediante la Plataforma de Solicitud de la tarjeta Buscyl y no funciona).

El vestíbulo de la estación de autobuses donde están las taquillas.

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