Casa es sinónimo de hogar, familia y tranquilidad, ámbito de protección y reposo, donde se aprende y se enseña, se comparten las emociones y se vive en compañía. Una casa es más que la fama y el dinero. Que los haya que desesperan intentando tenerla, vivan en la calle o sea una ruina donde habitan, es una sinrazón y un agravio. Lo peor de no tenerla es que haya a quienes les sobran.
Es un gran alivio tener casa que habitar, lugar de retiro y descanso, que en estos tiempos de conflictos, apremios y desarraigos hace que se convierta, también, en refugio donde sentirse libre y valioso. Momentos que a nadie se pueden negar. En época de crecimiento económico y bonanza general, a todos compete que se proporcione vivienda digna a los que carecen de ella. Resulta difícil vivir a gusto cuando abundan las personas que lo están pasando mal.
Es loable que quienes gobiernan se ocupen de mantener y acrecentar la libertad, la justicia y el bienestar. Lo reprochable es que las prioridades de su gestión sean el crecimiento económico y el aumento de los bienes de consumo en detrimento de la justicia social y la solidaridad. Ver a quienes deambulan buscando donde dormir, desorientados en cuanto a su identidad y maltrechos por no hallar resguardo en que descansar hacen de la realidad una mala noticia.
Licenciado en Geografía e Historia, exfuncionario de Correos y escritor
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