Todos queremos vivir tranquilos, que haya paz en nuestra casa y la noche sea clara como el día. Les digo que lograrlo depende más de uno mismo que de los demás. Ancha es la senda para ser leal con los amigos, compañeros y vecinos, alegrarse con el bien ajeno, ayudar a levantarse al caído y cumplir la palabra dada. Y si al mundo hay que salir a buscar lo que nos falta para vivir a gusto, acertado es que sea dando de lo que recibamos.
El que las noticias sean malas y los acontecimientos inciertos no es impedimento para renunciar a vivir contentos. Nunca falta quien te abrace, alguien del que aprender y haya savia de la que vivifica al que la solicita. Es hermoso bañarse en el río, seguir con la vista el vuelo de las aves, ayudar a apagar un incendio. En todos hay más bueno que malo, son abundantes los puntos de encuentro y hay adonde llegamos con las manos suficiente para satisfacer nuestros deseos.
Avanzar resistiendo palabras y miradas hoscas, seguros de que lo que se siembra crece, que en quien confías te corresponde y lo que crees está firmemente anclado en lo acertado. Ahora y siempre, en pos de estrechar la mano de quien te la tiende, hacer porque un erial sea bosque, convertir en real lo que se sueña y volver a ser novios cuando la pasión se apaga. Lo bueno comienza con una sonrisa, mantenerlo depende de que no se olvide que vivir uno a gusto es imposible si los demás viven pesarosos.
Licenciado en Geografía e Historia, exfuncionario de Correos y escritor
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