Opinión

Libres de cargas

Libres de cargas nunca estaremos, pero que sean llevaderas y la niebla despeje para que luzca el sol, hemos de hacer por ello. Parecido a que en una situación donde no caben más disputas, insultos e intolerancia, hagamos por ser consecuentes, sentarnos a dialogar y nos levantemos dándonos la mano. Entre tanta crispación, ser moderados es un acto de valentía y se opte por los acuerdos, motivo de confianza y optimismo.

Se está llegando a un extremo de polarización y encono que ya parece que afecta a la salud metal de quienes la promueven. Da igual a qué formación política pertenezcan: ponen mala cara si aciertan los contrarios, hacen de la templanza claudicación y piden alineación incondicional con lo que ellos promueven. Gente que hace alarde del amenazante: “conmigo o contra mí”, e inducen a tomar partido en una alternativa de trincheras que enfrenta y empobrece.

Les digo que parece que los dos grandes partidos están por ocupar la Moncloa más para merecimiento de ellos que para provecho de todos, lo que dice poco de su seriedad personal y responsabilidad política, lo cual está motivando en la ciudadanía, hartura y distanciamiento. A esos modos y situación hay que oponerse, para lo que no vale radicalizarse, porque se tiende al extremismo, ni la indiferencia, que alienta a la impunidad. La democracia necesita tolerancia política, ciudadanos que resistan la demagogia, escuchen a las dos partes y acepten el resultado de las elecciones.

Licenciado en Geografía e Historia, exfuncionario de Correos y escritor


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