Opinión

Ponga una nuclear en su barrio

Imagen generada por IA. Imagen de Pete Linforth en Pixabay

A l@s del Comité Antinuclear y Ecologista de Salamanca

De un tiempo a esta parte asistimos a un revival de la propaganda nuclear. Podemos verlo en anuncios de la prensa (a veces disfrazados de reportajes), pero también en las declaraciones de altos mandatarios, como la presidenta europea Von der Leyen, la ejecutiva de financieras internacionales Jennifer Nordquist o el presidente del Banco Mundial, Ajay Banga. El mensaje es más o menos el mismo: el menú energético actual debe integrar un buen plato de átomos fisionados, si no queremos tener problemas de suministro energético a corto plazo. Y va junto a otro tópico: las energías alternativas (eólica, solar, hidráulica, biomasa, etc.) no serán capaces de satisfacer la demanda mundial creciente, a no ser que metamos las centrales nucleares en ese paquete, pues no generan CO2.

Pero esto último no es del todo cierto, ya que el ciclo del uranio sí origina malos gases, desde la minería (que además es muy agresiva con el medio, como puede verse en Saelices o Retortillo, por ejemplo) hasta el desmantelamiento de las instalaciones, que requiere décadas de trabajo con gasto energético fósil. En cambio, las alternativas, contra lo que se dice, sí pueden garantizar el suministro estable una vez que se está resolviendo el problema del almacenamiento de energía mediante hidroeléctricas de bombeo (como la de Villarino) o pilas. Pero no vamos a entrar en toda la problemática nuclear, que sería prolijo; solo nos fijaremos en el último gadget del escaparate atómico: los llamados Pequeños Reactores Modulares (SMR), más pequeños, baratos y fáciles de construir, que podrían ponerse casi en cualquier parte: complejos industriales, megacentros informáticos, minas, aguas costeras… ¿y por qué no dentro de las ciudades?

El entusiasmo que suscitan estos aparatos me recuerda la fiebre atómica de los años 50s y 60s., cuando, aun sin funcionar las centrales nucleares, se ofrecían aplicaciones a escala doméstica. «¡Esta es la era atómica! –decía un anuncio de la Ford–. Lo increíble ya ha comenzado a hacerse realidad». Se presentaba así el automóvil Nucleon, que iba dotado de un pequeño reactor recargable sobre el capó. Y a la vez se anunciaban para el futuro pilas atómicas pequeñas que surtirían de energía abundante a las viviendas y las fábricas. Esto en EE.UU.; pero los soviéticos no se quedaban atrás soñando: hacia el año 2000, decían, esta energía movería trenes y aviones, y «lanzará a los más lejanos planetas el cohete de los habitantes de la Tierra». (Algo así imaginan ahora Elon Musk y sus technoboys). Pero estas y otras maravillas pronto se descartaron por imposibles y/o peligrosas.

Y es difícil que los SMR sean ahora la solución. Por ejemplo, veamos que en el teatro de guerra del Próximo Oriente hay ya centrales nucleares funcionando o en construcción en Irán, Israel, Emiratos Árabes, Egipto, Jordania y Turquía y, si se generalizan por allí los SMR, aumentaría proporcionalmente el peligro de accidentes por acción de guerra. Desde luego, no sería racional que uno de esos países atacara las instalaciones nucleares de su vecino (además de ser crimen de guerra), pues la nube radiactiva le podría afectar por igual. Pero el loco de la Casa Blanca, que está muy lejos de la zona y se orina en las normas internacionales, está dispuesto a todo, según dice los días que se levanta de mal genio.

En todo caso, hay opiniones muy distintas de las de los apologistas de lo nuclear. Allison MacFarlane, ex presidenta de la Comisión Reguladora Nuclear de EE.UU. sintetiza así el asunto: «Sus altos costes, retrasos y riesgos hacen improbable que [la energía nuclear] tenga un papel relevante a corto plazo y las renovables siguen siendo la opción más rápida y económica para reducir emisiones». (Dossier monográfico de La Vanguardia, nº 98, «La nueva era atómica»).

8 comentarios en «Ponga una nuclear en su barrio»

  1. A corto plazo, en España, tenemos la papeleta de resolver el cierre programado de todas las centrales nucleares por llegar al fin de su vida útil (entre los años 2027 y 2032). El problema es que las empresas eléctricas, propietarias de esas centrales, ganan mucho dinero y quieren seguir ganándolo prolongando unas décadas más su funcionamiento. Esto representa un riesgo importante: los reactores nucleares están diseñados para un funcionamiento de unos 40 años y para prolongar su vida útil habrá que hacer reformas que, pretenden (vía impuestos), paguemos todos los ciudadanos. Esto, además, impedirá el desarrollo pleno de las energías alternativas. Pues de hecho ya hay potencia instalada sobredimensionada. No permitamos la prolongación de la vida de los reactores nucleares.

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  2. Las centrales nucleares deben cerrarse si o si porque son un riesgo para la población y la naturaleza, porque ya han cumplido con su tiempo de funcionamiento, porque aumenta la cantidad de residuos radiactivos que genera, porque la energía nuclear no es energía verde.
    Es necesario que el Gobierno mantenga el calendario de cierre nuclear.
    No hay motivo que justifique dedicar recursos para mantenerlas. Esos recursos deberían dedicarse a la energía renovable

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  3. ¡¡Cuanta ignorancia y qué atrevida es!! El día que se sepa los problemas ambientales que generan las renovables y la gestión de sus residuos, esta sociedad abrirá los ojos, especialmente cuando le toquen el bolsillo. Mientras tanto, sigamos vendiendo lo peligrosas que son las centrales nucleares y el que «se les acabó el plazo». Comentarios puramente ideológicos y totalmente alejados de la realidad. Pero el mundo se equivoca y vosotros teneis razón. Pasamos del «que inventen ellos» al «viva el apagón».

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  4. El día en el que la gente sea consciente de la cantidad de Terabequerelios de radiación que están en el fondo de los océanos, arrojados de manera ilegal y temeraria, provenientes de residuos de uranio gastado de centrales nucleares, dentro de unos barriles que deben estar ya corroídos soltando la sopa incolora, inodora y cancerígena.

    Uno de esos mares; la costa atlántica frente a Galicia y el Cantábrico.

    La ignorancia y el atrevimiento de comparar el tratamiento de residuos de las renovables con los de la nuclear, sus gravísimos accidentes como el de Chernobil o Fukushima, o sin ir más lejos el de Vandellós que pudo ser como los anteriores pero nos libramos por lo pelos.

    ¿Qué haremos al reconocer que toda esa herencia que dejaremos para los próximos 100.000 años, es producto de la carrera armamentista? y que el uso civil de esa energía tan peligrosa es solamente una tapadera militarista que lejos de acabar sigue en aumento porque los estados quieren defenderse de las armas nucleares del vecino, “y yo más”.

    ¿Cómo vamos a limpiar y hacer una transición hacia un mundo diferente si los de abajo aplauden la energía que justifica la guerra, el
    hambre, la desigualdad y la destrucción del medioambiente?

    ¡Apagón dicen!, ojos que no quieren ver, por la pupila puede entrar la viga maestra, mientras se mira el dedo de la ultraderecha apuntando a un cráter en la cara oculta de la Luna.

    3.000 Terabequerelios => 10 elevado a 12 (un billón) de unidades de desintegración nuclear por minuto.

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  5. Aquí en España, intentando cerrar las pocas centrales nucleares que hay con la prosperidad económica y de puestos de trabajo en las zonas que están instaladas. En cambio en Francia construyendo centrales nucleares, cercanas a la frontera con España, que con el tiempo le tendremos que comprar la electricidad de esas centrales.
    Y en Alemania, ahora se han dado cuenta que fue un error cerrar sus centrales nucleares y ahora tienen que hechar mano del carbón, más contaminante que la energía nuclear, una energía declarada por la union europea cómo una energia barata, ecológica y verde.

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  6. Yo creía que el cumplimiento de un plazo era cuestión del calendario, vamos, del tiempo que pasa. Y me entero aquí que no, que es una cuestión ideológica. Vaya chasco!!!

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