Dejar de fumar

Dejar de fumar no debería engordar

Este no es un blog de autoayuda al uso. Tampoco es un texto de consejos médicos. Ni siquiera es una conversación entre médico y paciente. Son, por encima de otras cosas, las reflexiones personales de una fumadora impenitente de cigarrillos, Lira Félix Baz, y de un médico, Miguel Barrueco, que trata de ayudar a los fumadores a dejar el tabaco como jefe de la Unidad de Tabaquismo del hospital Clínico de Salamanca.

Siempre hay un momento en el que un fumador quiere dejar el tabaco. Aprovéchalo, porque es como los trenes… (22º Post)

 

Siguiendo los consejos de Miguel no tenía en casa nada de picar, ni pipas, ni patatas fritas, ni frutos secos…. Nada, por lo que ir a atacar la nevera era una batalla perdida, nunca mejor dicho. La única munición que hallaría serían: zanahorias, queso blanco, fiambre de pavo… Miguel me había recomendado tener en la nevera fruta variada pelada y troceada. Si abres la nevera puedes picar esa fruta, ya está pelada, no te da pereza pensar en pelarla, simplemente coges unos trozos y los comes. Ya sabes –me dijo Miguel, la fruta es sana.

Otra de las sensaciones que experimente en estos primeros días fueron las ansias o el deseo de comer salado. Me imagino que mis papilas gustativas comenzaban a despertar de su letargo y querían probar otros sabores que no fuera el humo del cigarrillo. Por el momento estaba consiguiendo no fumar y controlar las ganas de comer.

Anote en el cuaderno. ¿Por qué me apetecía comer salado?

Me prometí a mi misma no dejar de hacer ninguna cosa. No cambie ninguno de mis hábitos y no me alejé de las personas que fumaban. Jugaba con ventaja. Lo tenía facilísimo. Nadie de mis allegados fumaba ya. Y todos, en mayor o menor medida lo habían dejado antes, por lo que no me resultó complicado ir a tomar café al bar o trabajar en casa, donde yo no fumaba desde hacía tiempo por respeto a mi pareja. Sabía que otros lo tenían más difícil porque vivían entre fumadores, pero aquel no era mi caso.

Me puse a pensar en ellos, en los fumadores que al dejarlo conviven con otros fumadores, que no solo no se alegran de que intenten dejar de fumar sino que te incitan a que sigas fumando. ¡Qué extraño comportamiento el de aquellos que quieren que sigas como compañero de viaje suyo junto al cigarrillo! Ellos lo tenían más difícil.

La verdad es que cuando fumas te parece que todo el mundo fuma ¡y no es verdad!, son muchos más los no fumadores, pero es como cuando una pareja está embarazada, cuando miran alrededor les parece que la ciudad está llena de embarazadas y de niños. En el futuro procuraría tener una percepción adecuada de la realidad: ¡los no fumadores somos mayoría!

Anoté en el cuaderno. Preguntarle a Miguel en la próxima consulta cual es el porcentaje de los no fumadores.

Continuará…

Este blog está protegido por los derechos de autor. Queda prohibida la reproducción total o parcial de este texto. (SA-79-12)



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Un comentario

  1. ¡Qué cosas cuentas, querida periodista! Claro que como no he fumado ni he estado embarazado nunca, no me había dado cuenta de esas sensaciones. ¡Gracias por dármelas a conocer! Como no creo que eso me pase nunca no te podré decir si yo las siento así o no.
    Un fuerte abrazo

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