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Control de esfínteres

unnamedCuando los niños llegan al colegio, aula de tres años, es muy importante que tengan adquirido el hábito de control de esfínteres. El profesorado no puede atender en un colegio este problema como se hace en algunas guarderías ya que se necesita un auxiliar y son muy pocos los centros que cuentan con esta ayuda. En la mayoría de los casos se suele avisar a los padres cuando ocurre un incidente, como es orinarse o hacerse caca, para que les cambien. Algunos consienten que los niños aporten en sus mochilas ropa de cambio y los profesores tienen que desatender al resto de alumnos mientras se cambia al niño afectado.

 

Los niños van adquiriendo una madurez que se suele reflejar de la siguiente forma:

  • Entre 1 y 2 años: el niño reconoce que tiene necesidad de ir al aseo. En general, al final de los 2 años ya controlan de día y de noche, y es más precoz en las niñas.
  • 3 años: el niño retiene sin dificultad. Puede controlar noche y día.
  • 4 años y medio: puede inhibir el flujo durante la evacuación.
  • 5 años y medio: es capaz de inhibir según su voluntad.

Casi un ochenta por ciento de niños controlan perfectamente sobre esa edad, pero el otro veinte por cierto sufre enuresis. Las causas pueden ser muy diversa:

  • Mal aprendizaje en el control de esfínteres por parte de la familia.
  • Retraso en el desarrollo de la musculatura implicada.
  • Incapacidad de la vejiga para retener líquido.
  • Estrés psico -social al que el niño puede estar sometido: Muerte de un ser querido, la escuela, una hospitalización, el nacimiento de un hermano…
  • Lo importante es reconocer el problema y ponerle solución cuanto antes.

Algunas recomendaciones podrían ser:

Comentar el problema con el pediatra para valorar si la causa es orgánica o psico -social. En el primer caso se tratará con fármacos y en el segundo se pueden seguir varias pautas:

  • Reconducir el aprendizaje del control de esfínteres con un programa progresivo.
  • Animar y alentar a los niños con un sistema de registros y fichas positivas.
  • Evitar la radicalización y por supuesto el castigo.
  • Reforzar los logros.
  • Ofrecer apoyo y cariño por parte del entorno familiar y escolar, que le ofrezca seguridad.

Actualmente muchas familias retrasan el aprendizaje del control de esfínteres apoyados por los productos cada vez más cómodos y limpios que ofrece el mercado, pero esto es un error. Esta etapa hay que trabajarla y ofrecerle a los hijos la autonomía lo más pronto posible.

Ilustración: Miguel González Cabezas


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