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144

Soy partidario del modelo SMART para definir y trabajar objetivos. La traducción sería inteligente, listo, agudo, perspicaz, despierto… En realidad se trata de un acrónimo. Tomamos del inglés la -S- de específico, la -M- de medible, la -A-de alcanzable, la -R- de retador y la -T- de tiempo, lo mezclamos bien, lo reposamos un poquito y ya estamos armados con un buen plan propio.
La -T- de tiempo da respuesta a la pregunta ¿Cuándo debo..? Es una manera de evitar hacer planes para uno de los dos únicos días que tiene el año en que no se puede hacer absolutamente nada: Mañana.

Y es que, además de ser quizá la más valiosa de las posesiones que podemos llegar a tener (calcula las cosas que puedes hacer con tiempo y sin dinero y las que puedes hacer con dinero y sin tiempo), el tiempo puede ser la medida de todas las cosas. O la herramienta imprescindible para tomar medida de todas las cosas.

Te cuento todo esto como introducción a la formidable historia que puede esconderse detrás de un día 144 cualquiera, el día del último baile. Un día cuya única diferencia con los 143 anteriores radica en que es el que cierra la puerta por fuera, independientemente de que lleves contigo la llave o no. El que finaliza el camino y te muestra si ha merecido la pena. Transpórtate a cualquier día de fin de curso o de fin de verano o de fin de contrato para seguirme.

El día en que se cumple el plazo es el día del espejo. El día en el que de verdad te ves desde los ojos de los demás. El día en el que hay que hacer saber todo lo importante porque no hay mañana. Un día de ojos vidriosos, de voces bajas, de estruendosos silencios y de poros abiertos de par en par.

La próxima vez que te encuentres con un día 144 cualquiera disfrútalo al máximo. Exprímelo. Olvídate del malestar generado por un gratuito ataque de ego, de la certeza de pérdida de una posesión,disfruta de esa sensación de pena, de tristeza, de vacío. Surge de mil aspectos positivos por paradójico que pueda resultar. Si lo vivido no hubiera sido bueno no habría dejado señal alguna… y menos pena. Aquello de que sólo valoramos las cosas cuando dejamos de tenerlas. Si quieres llorar, llora. Desconozco si alguna vez alguien se ha sentido peor después de llorar que antes. Pero disfrútalo.

Aprovecha el último de los tañidos para regocijarte con todo lo que has metido en tu despensa personal de vivencias, de aprendizajes, de nuevos arañazos y de esa medalla concreta que tan orgullosamente lucirás desde ya mismo.Seguro que en ese período has aumentado tu familia. Grábalo bien.

A continuación sólo necesitarás aprender a hacer de un día cualquiera un día 144 en el que cada minuto es oro.

Para las uvas de la vigésimo primera viña con las que he gastado mis suelas los últimos 144 días.

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