Opinión

Nombres de mujer

Por aquel tiempo, en el siglo sabe Dios cual, unos pescadores faenaban allá por el noroeste de nuestra España, en mi querida Galicia. Y de pronto se desató una horrorosa marejada, de esas que han dado nombre a la Costa de la Muerte. Entre aquellas gigantescas y negras olas, entre tantos truenos y relámpagos, aquellos valientes galleguiños, sintieron en sus carnes y almas el intenso pavor de la húmeda guadaña y se encomendaron cada cual a su Santa Patrona.

Uno de ellos, cuyo nombre no ha pasado a la historia, vio unas luces en la escabrosa costa, encendidas por los paisanos para ayudarles.

El lugar era Tarela, pequeña aldea con una ermita costera que albergaba a una milagrosa Virgen, cuya advocación aquel mariñeiro no recordaba –ni yo tampoco. ¡Qué más da!

Entonces, con todo su fervor, gritó: “¡Virxe de Tarela, axúdame, non me deixe morrer, e poñereille o teu nome á miña filla!

Y la mar se calmó tan repentinamente como antes se agitó. El barquito llegó a puerto seguro. ¡Y aquel buen mariñeiro puso el prometido nombre de Tarela a su hijita, cuando nació!

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¿Qué? ¿Os gustó el relato? Aunque es producto de mi imaginación, bien pudiera ser cierto. Siendo hombre de ciencia me gustaría comprobarlo indagando genealogías en juzgados y parroquias, pero eso lo dejo para quien quiera hacerlo…

¿Y qué hay de otros nombres, hoy tan sonoros por lo escasos que son? Por ejemplo Vanesa. He de confesar que la primera vez que lo oí me vino a la mente una mariposa –bolboreta, en la dulce lengua gallega–, la hermosísima ortiguera (Vanessa atalanta), unas de las más bellas bolboretas españolas. ¿Cuál es el origen de su nombre? ¿Habrá alguna Virgen aparecida entre ortigas? Puede que alguno de mis queridos lectores me lo pueda aclarar. ¡Decídmelo, por favor!

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¿Y Demelsa? De este nombre algo recuerdo. Allá por la década de los setenta –¡si pensáis que iba a caer en el innecesario latiguillo de “del pasado siglo” estáis muy equivocados!—Televisión Española, única y casi sublime por aquel entonces, emitió una serie británica que creo recordar que se llamaba “Poldark” o algo así. Hubo muchas familias que pusieron a su niñita el entonces popular nombre de su heroína: Demelsa. ¡Parece mentira, pero es verdad!

Una vez más he de confesar mi ignorancia si me tengo que remontar en el tema más allá de los setenta.

—O—

En esto de los nombres femeninos hay historias muy curiosas. Sonsoles es muy frecuente en Ávila, donde la Virgen así advocada es Patrona de la ciudad (¿en compañía de Santa Teresa?). Su origen se remonta a los tiempos posteriores a las algaradas musulmanas, cuando su Imagen fue encontrada entre unos arbustos por unos campesinos. Ante el brillo de sus ojos uno de ellos pronunció extasiado: “Son Soles”. Y así quedó para siempre.

—O—

Hay nombres preciosos por su evocación mariana: Tentudía, Henar, Vega, Pilar, Camino, Covadonga, Guadalupe, Fátima, Begoña… Nombres que ostentan con orgullo las mujeres españolas e iberoamericanas. Y portuguesas.

Pero hay uno, mariano también, que nunca oí en nombre de mujer.

Veréis. Un domingo me sorprendió en la amurallada Ávila —bueno, era fuera de las murallas—una procesión, o romería, que me sorprendió por la gran cantidad de jóvenes que en ella marchaban. Llevaban la Imagen de la Virgen de las Vacas a visitar a su Hijo. Me dijeron que Adolfo Suárez era un fervoroso devoto de esta Virgen y que, siempre que podía, la acompañaba como un romero más.

¿Qué hubiese ocurrido si aquel mariñeiro hubiese casi naufragado frente a los “acantilados de Ávila”? ¿Cómo se llamaría ahora su tataranieta? ¡Decídmelo vosotros!

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