Cosas de la vida

¿Quién es el autor de la música procesional?

 

SemanasanteandoSí: hay procesiones que hacen gala del silencio, pero siempre el discurrir de los pasos a ritmo de una banda provoca en el devoto, en el espectador, un instante de admiración y asombro. Es un momento sonoro intenso, un ‘pico’ de emociones, cuya impronta está marcada por una partitura musical.

Lo fúnebre y lo militar se unen en estas composiciones que empezaron a tener voz propia con un hombre: José Antonio Gabaldá Bel a quien hasta una reina indultó por su buen hacer como músico. De él, dicen, partió el estilo más definitivo en la música de la Semana Santa. Nos vamos al siglo XIX. Marquemos el paso… a buen ritmo.

bandas procesiones 1José Antonio Cándido Gabaldá Bel nació un 3 de octubre de 1818 en Vinaròs, Castellón. A los nueve años ya era ‘infantillo’ (niño del coro) en Tortosa a las órdenes del sacerdote y Maestro de Capilla Juan Antonio Nin, un apasionado estudioso (y compositor) que llegó a reunir una magnífica colección de obras polifónicas españolas en cerca de 50 volúmenes.

Fue un maestro excepcional para el chaval que cinco años después, con 14, era ya un excelente conocedor de la historia sonora española e italiana y un excelente organistas con plaza propia en la Iglesia de San Blas, además de tocar habitualmente en la catedral sustituyendo al músico titular. Son tiempos revueltos en España, tiempos que (no obstante) ayudan a perfilar la formación del primer maestro reconocido de música para bandas de Semana Santa.

A su formación religiosa se suma pronto la militar. Durante la primera guerra carlista, entre 1833 y 1840, Gabaldá Bel ingresa en el ejército. El general carlista Ramón Cabrera (apodado ‘El Tigre del Maestrazgo’) le encarga «con especial afecto» -según las crónicas- ponerse al frente de la banda del regimiento de artillería. Es uno de los protegidos del militar… y uno de los que cayó preso cuando concluyó la guerra y Cabrera buscó asilo en Francia.

No obstante, haciendo valer sus méritos musicales, nuestro Gabaldá se acogió al indulto y obtuvo el perdón real. Con 22 años de edad y toda esta intensa vida, el protagonista de esta historia comienza un nuevo capítulo como Músico Mayor (director) en el Cuerpo de Alabarderos de la Guardia Real, Cuerpo protegido, defendido y dotado de medios por Isabel II, que gusta del buen hacer del recién nombrado (y perdonado) director.

Partitura José Gabalda.
Partitura José Gabalda.

Gabaldá empieza a componer con esa mezcla de conocimientos religiosos y disciplina castrense; era el perfecto caldo de cultivo para ser descubierto (como lo fue) por la Semana Santa andaluza, donde las agrupaciones musicales militares nunca han faltado en los desfiles procesionales. Los directores de música castrenses se convertían en idóneos a la hora de firmar la autoría de las piezas que acompañasen el discurrir de los pasos y tallas de Sevilla a Málaga, de Granada a Córdoba.

Y esas piezas sonoras, de las que Gabaldá Bel fue padre por su formación clerical/militar, se denominan ‘marchas’; unen al perfil de la marcha militar el de la marcha fúnebre (que escribieron de Wagner a Chopin o Beethoven) y, con una instrumentación muy sencilla, recurren a composiciones con objeto de regular el paso (de un regimiento o un desfile de Semana Santa). Por el movimiento o el ritmo pueden definirse como «danzas andadas».

Partitura de La Guirnalda, de José Gabalda.
Partitura de La Guirnalda, de José Gabalda.

Y de estas «danzas andadas» expresamente escritas para las procesiones de la Pasión, la pieza más antigua que se conoce lleva por título «La guirnalda». Es la marcha fúnebre procesional que abre fuego en el repertorio español y que (está claro) la firma José Antonio Gabaldá Bel, quien la publicó en 1863 en un número de la revista «Eco de Marte», fundada por él mismo (se conserva una edición de la partitura en la Biblioteca Nacional).

Los estudios afirman que Gabaldá la escribió hacia 1850, aunque la publicase más de diez años después; el músico y compositor tenía 32 años cuando se inspiró, procesionalmente hablando.

Lo suyo era intensidad.

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