Opinión

Un amigo filatélico

 

Hace unas semanas os hablé de filatelia, pasión que adquirí siendo niño y que fue, creo, muy satisfactoria por lo muchísimo que aprendí gracias a aquellos sellos que me acompañaron o que quise tener.

¡Y aún sigue proporcionándome alegrías!

Me ha escrito un antiguo y entrañable amigo, Chispero de San José, como yo. Durante gran parte de nuestras vidas estuvimos desconectados; no sabíamos nada el uno del otro. ¡Gracias a mi «ocurrencia» del otro día supe que fue –y es– un gran filatélico!

En mi mente se borraron las caras de muchos de mis compañeros de niñez prebachilleratil en aquel bendito colegio de la madrileña calle Belén con los que cambiaba mis sellos «repes». Pero quiero pensar que él fue uno de ellos y que, incluso, a lo mejor yo alimenté o vi nacer aquella su brillante afición.

Porque –supongo que no lo sabréis– filatélicos puede haber muchos, muchísimos, pero de la categoría de mi amigo, muy pocos.

Voy a poner un ejemplo que me atañe personalmente, pues es sobre los fósiles. Coleccionistas los hay –¡ay!-, muchos. Normalmente niños alentados por sus papás o por sus «profes». Por lo general esos fósiles, al cabo del tiempo, acaban en el vertedero. Los hay que son fieles en su madurez a esa afición seudocientífica y llegan a poseer grandes y puede que importantes, pero estériles colecciones. Pero investigadores hay muy pocos.

Pues algo parecido sucede con la Filatelia. La mayoría nos hemos dedicado a algún país, además de al nuestro. Muchos escogieron un tema concreto –animales, plantas, deportes, olimpiadas– y disfrutaron de catálogos de estas sus especialidades. Yo mismo dediqué mi tiempo a buscar y adquirir sellos sobre Geología en todas sus ramas. Y recuerdo lo bien que lo pasaba repasando en el catálogo Ivert & Tellier, país por país, buscando algo relacionado con geólogos, minerales, fósiles… ¡Las cosas que se descubren haciéndolo! Allá por los 70 contagié esta afición geofilatélica a un colega, también profesor de Geología por entonces, Antonio García Vélez. Nos comunicábamos los hallazgos. ¿Qué habrá sido de su colección? ¿Seguirá aumentándola?

Volviendo a mi amigo, es para sentirse orgulloso de haber compartido con él niñez y afición, en mí ligera, si lo comparamos con su afán investigador.

El protosello español: 6 cuartos de 1850.
El protosello español: 6 cuartos de 1850.

Porque él es un superespecialista. Ha dedicado su tiempo y sus ansias al Primer Sello Español, el 6 Cuartos de 1850. Yo conocía, como todo hispanofilatélico, este famoso sello, pero sabía poco de su historia, plagada de detalles interesantísimos.

Nació para cubrir la correspondencia nacional sólo durante aquel glorioso año. Mi amigo nos desvela que hay una carta, dirigida a La Garriga (Barcelona), franqueada con un 6 Cuartos, con salida de Igualada de 1 de enero de 1851 y, en el dorso, fechador de tránsito Granollers 2 enero 1851. Pues bien, el sello está matasellado y a su lado dice, manuscrito, «este sello no sirve«, con firma y rúbrica del funcionario. Puede ser la única carta de aquellos tiempos en el que se registra la improcedencia de un sello. ¡Por un día no servía ya! Supongo que el funcionario la admitió, advirtiendo al destinatario su invalidez.

Todo ello y muchísimos detalles más figuran en un librito de mi amigo dedicado al famoso 6 Cuartos, matasellos, fechadores, sobres, variedades, errores, que hacen del protosello español el más variado de todos los clásicos en el mundo.

¡Interesante! ¿Interesante? Pensarán muchos que qué tiene de interesante un sello por muy antiguo que sea, aunque sea el primero que se hizo, en comparación con otros acontecimientos de nuestro movido siglo XIX. ¿Cambió la Historia? ¿Provocó algún escándalo? No. No. No.

Entonces… ¿qué importancia tiene este sello y el librito que mi amigo ha escrito sobre él?

Yo afirmo rotundamente que son extraordinarios. Y añado que en España hay gente que no vive pensando nada más que en el dios Dinero, que dedican su tiempo y su pensamiento a algo que va a satisfacer la curiosidad de muy pocas personas. Todo lo contrario a lo que hoy llaman «triunfadores», en realidad flores de un día, tan frecuentes en los medios informativos.

Recordemos que el oro es importante por su escasez. Mi amigo filatélico demuestra, con su librito, que hay españoles que debajo de su piel no son de latón, sino de ese otro raro metal, dorado.


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4 comentarios

  1. Querido Emiliano,

    A mi los sellos que me gustaban más eran los que llevaban la efigie de Franco. Los había de todos los colores. Si te fijas en la imagen de ese 6 cuartos, Franco ha estado siempre en los sellos.

    Por cierto que pronto quedaremos para tomar un café y que te entregue un ejemplar del libro sobre el Yacimiento de Villarroya. Vas a flipar.

    Un abrazo,

    Emilio

  2. Pues s´´i mi querido Emiliano. El valor de las personas y de las cosas , m´´as all´´a del metal de cambio. Interesante reflexi´´on . Gracias

    1. PUES SÍ, AMIGO MÍO. EN ESPAÑA HEMOS TENIDO SIEMPRE MUCHA GENTE QUE DEBAJO DE SU PIEL RESPLANDECE EL ORO. LO QUE PASA ES QUE LOS SAPOS HAN ESCUPIDO SOBRE ESTAS PERSONAS, IMPIDIENDO QUE DESTAQUEN.

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