Opinión

La Bruja de Brañavara

 

– Ayer quedamos en que me iba a decir algo referente a eremitorios asturianos. ¿Noo…?

– No. No. No es eso… Me acordé de ello al oírle comentar lo mal que debía oler la cabaña de san Drogón, el Santo Patrón de los feos. Pero lo que le voy a contar no tiene nada que ver con temas de religión. Verá usted. Ocurrió en el Occidente de Asturias, donde la lengua gallega invade a la castellana, cuya influencia llega hasta el río Navia. Se corrió la voz, no hace muchos años, de que una mujer, una bruja, podía hablar con los muertos…

– Sería una «meiga». ¿Noo? Lo digo por el habla galaica.

– ¡Pues también usted me está resultando un socarrón! Pues no. La llamaban la «bruja de Brañavara«, por el nombre del lugar.

– ¿Y qué pasó?

En Brañavara (foto José-Santos Jiménez)
En Brañavara (foto José-Santos Jiménez)

– Bueno. Gentes crédulas llegaban desde muy lejos para saber de sus finados. ¡Y ya hacían falta ganas, porque Brañavara está en un paraje de lo más agreste, arriba de las montañas como su nombre indica, entre profundísimos barrancos y quebradas! Quien esto contaba oyó que algunas personas estaban muy impresionadas por los detalles íntimos sobre sus parientes, revelados por la tal bruja.

– ¿Y cobraba algo por su intercesión?

– Parece que no. Únicamente les decía que pagasen unas misas por el alma de los muertos citados cuando volviesen a sus casas…

– ¡Ah! ¡Pues qué bien! ¿Y dónde está la brujería?

– Según decían, la gente de la aldea no veía con buenos ojos aquella actividad, que tal renombre le daba. Como no paraban de asediarla, se había encerrado en su casucha, de la que no salía para nada. Unas caritativas mujeres, de las que tanto abundan en los pueblos españoles, se preocupaban de su comida. Pero… ¿y de la limpieza? Menos mal que la casa estaba algo aislada en las afueras, porque si no, no se sabe si los paisanos hubiesen consentido tal pestilencia.

– ¿Y los hechos?

– Parece ser que cuando los forasteros preguntaban desde fuera de la casa por sus difuntos, se oían voces extrañas, de timbres variados, y ruidos guturales…

– ¿Y sabe de alguien que lo viese u oyese?

– Pues verá usted. Un granjero amigo mío y su esposa fueron a visitarla desde cerca de Tapia de Casariego. ¡Contaban maravillas de aquel viaje por las montañas de Asturias, con sus violentos paisajes! Al llegar a la aldea nadie quería hablar de aquella mujer, como si un muro de silencio oprimiese los corazones de aquellos vaqueiros, atenazados entre aquellas remotas cumbres. Dedujeron cual debía ser la casa de la bruja por la peste que de ella transcendía…

«Dominando su repugnancia se acercaron, tapándose la nariz con un pañuelo. Llamaron a la puerta… Silencio…

«Después de varias sesiones de golpes, pensaron que la mujer había muerto. ¡Cómo no, con aquel hedor!  Ya estaban a punto de ir a pedir ayuda para derribar la puerta con testigos cuando –¡por fin!– una voz quejumbrosa resonó en el interior, diciéndoles algo así como que la dejasen descansar, que se marchasen o les echaría una maldición… No hubo forma de razonar con ella, ni de que volviese a decir ni una palabra más. De modo que se fueron por donde habían venido…

– ¿Y qué fue de aquella pobre mujer?

– Pues no sé. Supongo que seguiría igual hasta que Dios se la quisiese llevar consigo.

– ¡Pobrecilla! Se trataría probablemente de una viuda de las  tantas y tantas que hay por los pueblos, que, en una triste vejez sin hijos –¡y a veces con ellos, pero sabe Dios donde!–, se encierran en su casa y sus recuerdos, y esperan tranquilamente a la muerte. Gracias a Dios, siempre hay almas caritativas que las socorren y atienden.

«En verdad, de siempre el campesino español, o mejor dicho, las mujeres, han tenido grande, muy grande, su alma, hecha a sufrir las penas del trabajo durísimo, de las inclemencias del tiempo, de las muertes y enfermedades, y de los hijos que se van lejos, al otro lado del mar o a las guerras… Y derraman su caridad desbordante en quien lo necesita, como en este caso en una demente senil…

– Tiene usted toda la razón. El corazón femenino es una gigantesca fuente de generosidad, abnegación… y valor. ¡Y grandeza! Yo, como español, siempre pienso en aquellas extraordinarias reinas, Doña Berenguela, Blanca de Castilla, Isabel… Y en las maravillosas plumas, Rosalía, la Pardo Bazán, Concha Espina. Y la más grande de todas, Teresa… Pero, y mujeres eremitas… ¿Las hubo en España? Aparte del caso que comentamos anteayer, la de Salamanca…

– Pues… Seguro que sí que las hubo, aunque no estoy muy informado de ello. En la Iglesia las mujeres cumplieron misiones muy específicas para ellas. Claro que me estoy acordando de la leyenda aquella… Tengo unos apuntes que tomé durante mi estancia en Roma… Pero antes de contársela quisiera darles un repaso. ¿Quedamos mañana?

– ¡De acuerdo! A la misma hora ¿Vale?

 


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7 comentarios

  1. Querido Emiliano,

    Te has metido esta semana por terrenos muy nebulosos y montaraces. Estamos entrando en el invierno, llega el frío y las noches se alargan. Hoy llueve y el tiempo es muy apropiado para el relato gótico, así que te pediría por favor que nos contases algo más de esta señora que se dió en llamar la bruja de Brañavara. ¿Hay algo de documentación o alguna novela escrita al respecto?

    Un fuerte abrazo y hasta pronto,

    Emilio

    1. De la bruja de Brañavara únicamente se lo que he contado en la ocurrencia, por experiencia personal de una amigo granjero que la visitó, allá por los 80. Pero me he enterado de que en la actualidad la están mitificando e incluso quieren hacer una «ruta de la bruxa». Han escrito en lengua bable un folleto turístico, que creo se puede conseguir escribiendo a Navia. Yo mantengo mi opinión de que era una pobre enferma. Conocí otro caso que también me llevó a la misma conclusión, en otra aldea asturiana, Vior. Lo que ví en ambos es un completo abandono e incluso un deseo de ocultar a la enferma. Lo que está pasando actualmente no me gusta nada. No tiene nada que ver con lo que me contaron y lo que vi.

  2. Hace muchos días que no te veo.
    Sigue escribiendo. Tus conocimientos no pueden quedarse en tus recuerdos.
    Intentaré recopilar todos tus artículos para que mis nietos, biznietos…. aprendan de un sabio irrepetible como tú.
    Un abrazo.

    1. Muchas gracias, querida Magdalena, por tus palabras y por tu amistad. Te enviaré la lista de enlaces para que no tengas que buscarlas. Un abrazo muy, muy fuerte

  3. Hola Emiliano, buen tema para profundizar, aunque no me acuerdo muy bien de ella, si la conocí, muy temida por las gentes de la zona acabo encerrándose en si misma, mi bisabuela era una de las mujeres que la visitaba y le llevaba viandas, recuerdo como elegía los mejores huevos para llevárselos…yo era muy niña y tengo vagos recuerdos y aún mi padre en el día de hoy le pone velas a la bruxa en la iglesia de la Ronda, pueblo en el que aún mantenemos la casa, siempre escuche muchas historias llenas de misticismo sobre ella.

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