Opinión

¡Ciego!

Ciego! ¡Quedarse ciego! ¿Puede haber algo más terrible?

¡Pues sí! ¡Sí hay algo más terrible! Te lo digo con conocimiento de causa.

¡Eso no es nada! No es nada mientras el cerebro te empuje, te ayude  a sobrellevarlo, te ayude a que seas tú. No una sombra en la obscuridad.

Y es peor aún el ver como la persona con la que te casaste, o un familiar muy próximo y querido, va perdiendo irreversiblemente la memoria, sin esperanza…

Pero me estoy desviando del tema. Lo que pretendo hoy es animar a las personas con problemas de visión. Imagínate que un día escuchas esa sentencia: ¡que estas en grave peligro de quedarte ciego, poco a poco, o de repente! Tu primera reacción va a ser de desesperación, vas a pasar un estado de ansiedad, o de depresión. ¡Eso no te lo va a quitar nadie!

Pero luego te pones a pensar en lo que puedes hacer ante esa situación. Yo te puedo decir cuál fue mi solución, pero no la tuya. Eso depende de tu personalidad y cada cual responde de una manera distinta. ¡Que tengas suerte! ¡Y recuerda que los problemas oftalmológicos de hoy, pueden ser resueltos mañana!

De lo que sí puedo hablar es del paraíso que se te abre cuando unas manos benditas hacen que recuperes la vista, o dejes de ver el mundo borrosamente, que es lo que a mí me ocurrió. ¿Qué se siente en esos momentos? ¡Euforia! ¡Una euforia desmesurada, inmensa! ¡Todo, absolutamente todo, es bonito, luminoso! ¡Es nuevo!

El día que me operaron a mí (o sea, el día en que volví a nacer), me quitaron la venda horas después, para comprobar si los puntos se habían saltado. Vi el techo blanco, pero no me atreví a desviar la mirada.

[pull_quote_left]Los que nacieron ciegos ven lo que los demás no vemos, porque su mundo es diferente. Son sensibles a otras maravillas que, ¡seguro!, nosotros no percibimos[/pull_quote_left]A la noche siguiente se repitió la inspección, y entonces… ¡me lancé! Y vi el maravilloso ojo de la enfermera, con sus pestañas, su pinturita, todo… ¡Qué impresión! Ignoro su nombre, pero al año siguiente, cuando las mismas manos actuaron en mi otro ojo, la reconocí por el suyo. ¡Y hoy mismo, 24 años después, volvería a hacerlo!

¿Y el cuadro? Eso fue al día siguiente, cuando me levantaron un poco la cabeza y vi, en la pared de enfrente, un grabado de la Catedral de Amberes. No tengo más que cerrar los ojos y lo sigo viendo ahora mismo. ¿Y el palito que llevaba una cigüeña en el pico? ¿Y aquel horizonte, que contemplé por primera vez en mi vida? Algunas veces paso por aquel lugar, sólo para revivir aquella sensación.

Pasa el tiempo… y te vas acostumbrando. Pero de vez en cuando te surge el recuerdo y comparas tu nueva vida y la anterior. ¿Es mejor la nueva? Acaso sí. ¡Pero no! ¡Es, simplemente, distinta! ¡Se ven las cosas, todo, de otra forma!

Bien. Pues os he contado un poco de mi vida. Pero ¿qué sienten los que nunca vieron la luz; los que nacieron ciegos? ¡No ver los colores! ¡No ver la belleza de las cosas! ¡No ver nada!

Pero ellos sí ven lo que los demás no vemos, porque su mundo es diferente. Son sensibles a otras maravillas que, ¡seguro!, nosotros no percibimos. Viven de otro modo y son felices en su obscuridad, rodeados de los bienes que ellos crean en su mente.

¿Necesitan nuestra ayuda? No. Únicamente si la piden, porque ellos casi siempre se valen por sí solos ¡Y en muchos casos, mejor que los que sí vemos!

— oOo —


Noticias relacionadas

9 comentarios

  1. Enhorabuena a La Crónica por estos artículos. No todas las opiniones que se leen en la prensa merecen la pena.
    Gracias tambié a Emiliano por compartir con los lectores estas cosas.

  2. Precioso y emocionante relato para detenerse y reflexionar sobre las cosas importantes en la vida. ¡Enhorabuena!
    Un fuerte abrazo, querido amigo

    1. Gracias, David. Otro día os contaré más cosas de aquel tiempo de euforia y de por qué decisión ministerial finalizó. ¡También ello es para pensar!. Un abrazo

  3. Emiliano,gracias por ser como eres, por tu sensibilidad ,por compartir tus vivencias……Enhorabuena por tu testimonio .Un abrazo.

Deja un comentario

Botón volver arriba