Opinión

Educación intergeneracional

A casi todas las personas nos toca vivir en contacto con los miembros de la familia que pertenecen a tres generaciones; abuelos, padres e hijos.

Los hijos y nietos que tienen la suerte de alimentarse de la sabiduría de sus mayores son unos afortunados. Compartir experiencias vividas, lecciones de vida que advierten a las generaciones nuevas de los posibles errores o éxitos,  es un gran tesoro.

Cuando los hijos son pequeños los padres tienen que fomentar los lazos con los abuelos. Estos necesitan nutrirse del cariño y alegría de sus nietos y los niños del modelo de los mayores, conocer sus raíces, su estilo de vida de cuando eran pequeños, las dificultades para salir adelante, o por el contrario las pautas para lograr ser personas exitosas tanto en lo profesional como en lo personal.

Los abuelos deben ser transmisores de la historia familiar para que tanto los hijos como los nietos encuentren su espacio dentro del árbol familiar y puedan pasar el testigo a otras generaciones futuras.

Cuando somos mayores nos gusta recordar los momentos felices que pasamos junto a los abuelos y sin querer repetimos gestos, palabras, relatos y acciones de esos momentos.

Los mayores de la familia, padres y abuelos, que están abiertos al aprendizaje, reciben en la actualidad un gran bagaje de conocimientos de los hijos y nietos. Esta generación que ha nacido en la era digital, aporta un aire fresco y rápido en el uso de las nuevas tecnologías. Es muy enriquecedor ver a nietos enseñando a sus abuelos a utilizar el correo electrónico,  WhatsApp Facebook o a buscar información través de internet.

Estos momentos de enseñanza compartida hacen que las relaciones se fortalezcan y todos se beneficien.

Desde la familia se puede hacer una gran tarea educativa si se respetan las tres generaciones y se evitan discusiones que no llevan más que a la ruptura de relaciones personales.  Es tarea de los padres hacer de nexo y mediadores entre los abuelos y los nietos.

Quedarse con lo que une y no con lo que separa.

Ilustración: Miguel González Cabezas

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