Opinión

Mujeres en la sombra

Los estereotipos «afectan a la mujer no solo a través de actos individuales, sino también porque se reflejan en leyes y estructuras e instituciones jurídicas y sociales», ONU (CEDAW)

Ojalá no hubiera nada que celebrar este 8 de marzo, pero desgraciadamente, seguiremos año tras año, celebrando actos institucionales, entrevistas, conferencias, charlas de reflexión y denuncia para erradicar la injusta desigualdad de género que sigue instalada en nuestra sociedad a pesar de los avances obtenidos durante estos años y de ser reconocida la Igualdad como un principio constitucional. Todavía queda mucho por hacer para garantizar la igualdad real entre hombres y mujeres y lo vemos cada día en el mercado laboral, la violencia de género y en multitud de situaciones de nuestro entorno social.

Pero a pesar de ser días de reivindicación no puedo por menos de lamentar y hacer una reflexión crítica por los últimos acontecimientos protagonizados por mujeres implicadas en casos de corrupción y que están ocupando todos los medios de comunicación, además de las tres magistradas que han emitido la polémica sentencia sobre el caso Nóos. Es indignante que la Infanta Cristina y la esposa de Diego Torres  Ana María Tejeiro  hayan utilizado, como estrategia de defensa, a la mujer tonta y enamorada que no se entera de nada para eludir responsabilidades judiciales, y resulta sospechoso que las magistradas, con estos argumentos, las absuelvan de los delitos de prevaricación, malversación, fraude o tráfico de influencias por ignorantes, a pesar de su condición de copropietarias, cuestionando, una vez más, la falta de independencia judicial y  creando una gran alarma social ante la evidencia de que la Ley no es igual para todos.

Esta situación está creando precedentes muy graves. Otras mujeres, salpicadas en casos de corrupción, como la mujer de Bárcenas Rosalía Iglesias, la exministra de Sanidad Ana Mato y la exmujer de Jesús Sepúlveda también han alegado ignorancia sobre las actividades de sus parejas a pesar del cambio tan significativo en su nivel de vida, o mujeres como Pilar Giménez-Reyna envuelta en el fraude de Gescartera alegando que la presidencia que ostentaba era meramente decorativa, es decir, haciendo gala de “la mujer florero”.

Mientras tanto, la mayoría de mujeres seguimos luchando contra los estereotipos sexistas tanto en la esfera privada como la pública a pesar de que algunos hombres y mujeres se empeñan en perpetuarlos. Es difícil entender cómo mujeres con carreras universitarias, preparadas, inteligentes, algunas ministras y presidentas de Cajas se empeñan en mostrar una imagen falsa de la mujer actual reproduciendo el machismo más casposo e indignante asumiendo un papel de víctimas, tontas e ignorantes.

La igualdad entre hombres y mujeres es un objetivo fundamental en la sociedad actual, pero también se deben asumir las consecuencias de los actos delictivos ante la justicia  en igualdad.

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