Opinión

¿Despilfarramos salud?

Miguel González Hierro.
Miguel González Hierro.

Me regalaba hace unas semanas, mi buena amiga y correligionaria Concha Ledesma (si es que alguna religión profesamos, que no lo creo), una reedición de una perla literaria e intelectual, incomprendida por muchos, un opúsculo de la Comuna Antinacionalista Zamorana (CAZ), banda de autores inconcretos y donde rebulle la filosofía del utópico irredento Agustín García Calvo: “Manifiesto urgente contra el despilfarro”.

Nada tan vigente.

Despilfarrar, o séase, la base de nuestra capitalista sociedad. El consumo por el consumo. O mejor dicho, el consumo innecesario. O aún mejor, aquello que nos dedicamos a suprimir sin aprovechar ni disfrutar.  “Sociedad de consumo”, que más bien llamaríamos “sociedad del despilfarro”, y en lo que se sustenta el crecimiento mismo: más despilfarro, más crecimiento, mayor riqueza para todos. En este sentido cabría introducir el hecho del consumo sanitario: consumo de servicios de salud, más que consumo de salud.

Nada más lejos de mi ánimo que trasladar esta responsabilidad al consumidor mismo, al paciente en este caso. Pero mucho me temo que nuestra conducta en este ámbito esté impregnada del valor “despilfarro” que sostiene nuestro supuesto desarrollo. También en sanidad.

Escasas, míseras líneas, para reflexionar sobre el asunto. Pero por qué no hacer una llamada, aunque sea impopular y políticamente incorrecta.

Nos mueven valores de consumo que, innecesariamente se trasforman en despilfarro. Del mismo modo en sanidad, la caótica previsión, así como la gestión malévola de autoridades, invita al consumo infructuoso de recursos sanitarios. Por ello el conjunto de la sanidad no deja de ser otro campo más donde el consumo banal e ineficaz se convierte en un objetivo en sí mismo. La tercera parte de toda actividad sanitaria es innecesaria e inmotivada científicamente, generando así el solo beneficio de los vendedores de la tecnología. Si a esto le añadimos una planificación inoperante, el resultado es un beneficio económico a costa de la salud del público.

Moraleja del relato: si estimas tu salud y tu bolsillo, reclama que se evalúe lo que produce el sistema sanitario y además,  exige participar activamente. Si no intervienes decidirán por ti, y tú contribuirás a despilfarrar los bienes colectivos que tanto nos cuestan a todos.

Miguel González

Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública

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Un comentario

  1. El primer principio de la Asociación para la Defensa de la Salud Pública, la gratuidad, es falso. Lo que se consume diariamente en nuestra sanidad pública son bienes económicos, es decir, limitados, luego algún coste tiene su obtención y alguien asumirá ese coste. Por tanto, de gratis nada. El segundo principio de esta Asociación, la universalidad, es utópico. El que mucho abarca poco aprieta, dice el viejo aforismo. Y bien que se ha cumplido en nuestro caso; a poco más nos convertimos en samaritanos del mundo para terminar sufriendo unas escandalosas listas de espera interminables. El tercer principio y último es el que menos entiendo: la equidad. Supongo que no aplicarán el mismo tratamiento a todos los pacientes, independientemente de la dolencia que padezcan. ¿Se refiere al trato humano o a la ausencia de prioridades o preferencias? Pues, tampoco. En fin, este principio es aberrante, por disparatado e irrealizable. Lo público no tiene solución, pero como lo privado nos da miedo porque creemos que es carísimo e inalcanzable, tendremos que seguir sufriendo la medicina pública, que es cara y para muchos más inalcanzable que para otros, los que cuelan por la puerta de atrás y no tienen que pasar por la lista de espera.

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