Opinión

Coproichnopteryx

Sabéis lo que es un coprolito? ¡A qué no! Muchos no ignoran que “litos” es “piedra: de ahí viene litografía, litosfera, aerolito, litoral… Pero… ¿y «copro«?

Pues “copro” es excremento, caca, m… Coprolito es, por tanto, etimológicamente “caca de piedra o petrificada” ¿Noo?

¡Pues no! No es eso. No.

El objeto de estudio en cuestión –¿pero hay alguien que estudie… eso? ¿Hay una “coprología”?—se pudre siempre, absolutamente siempre. No se puede conservar, ni transmutar. ¡Gracias a Dios! Pero puede quedar, primero, cubierto de polvo o barro, y luego enterrado. Y se pudre, sí, pero bajo tierra, dejando un hueco vacio donde antes estaba la repugnante substancia. Y por las paredes del molde se puede filtrar, a lo largo del tiempo, agua con un mineral disuelto o en suspensión, que al depositarse en la oquedad, conserva la antigua forma del excremento. El mineral así formado, con aspecto aleatorio, suele tener una compacidad mayor que el sedimento que le contiene, por lo que, con la erosión, puede quedar como un canto aislado.

Explicado el proceso, podemos redefinir la etimología del coprolito como “contramolde petrificado de excremento”. Es correcta la definición del diccionario de María Moliner (“fósil de excrementos”), pero incompleta…

No es raro que en su superficie se conserven mordiscos de insectos o de peces, como pequeños cráteres circulares.

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En mayo y junio de 1987 se celebró en la Sala del Cielo de la Universidad de Salamanca una maravillosa exposición que, bajo el título de “Minerales y Fósiles”, organizaba por toda España una conocidísima empresa hidroeléctrica. En Salamanca alcanzó la más alta cota de asistencia.

[pull_quote_left]¡De pronto, algo llamó mi atención! Me acerqué el coprolito a un ojo y ¡vi una huella de ave impresa en él! Reconozco que únicamente yo, por mi agudo defecto visual, era capaz de descubrir aquello. Se trataba de un coprolito de forma aplastada[/pull_quote_left]A mediados de junio el director de dicha Exposición, Santiago Jiménez García, acompañado por Santiago Martín de Jesús y el que esto escribe, visitamos un punto de interés paleontológico en el Teso de la Flecha, entre Cabrerizos y Aldealengua, donde se sabía que había coprolitos. Yo por entonces no veía apenas, por lo que mi actividad se reducía a envolver lo que los demás extraían de la roca. ¡De pronto, algo llamó mi atención! Me acerqué el coprolito a un ojo y ¡vi una huella de ave impresa en él! Reconozco que únicamente yo, por mi agudo defecto visual, era capaz de descubrir aquello. Se trataba de un coprolito de forma aplastada que, además, mostraba un surco irregular en su parte inferior, como si el excremento, muy blando, hubiese caído sobre una ramita en el suelo.

Al día siguiente este singular coprolito figuraba en una vitrina de la exposición y fue objeto de una nota de prensa. Hoy figura entre los tesoros de la Sala de las Tortugas.

En octubre de aquel año 1987 se llevó a la X Feria Internacional de Minerales y Fósiles, de Bilbao, donde la Universidad de Salamanca presentaba un “stand” con los últimos hallazgos de sus excavaciones paleontológicas. Me correspondió a mí el honor de presentarlos a las autoridades, entre las que estaban el alcalde de Bilbao y el presidente de la Diputación. ¡Qué carcajadas les arranqué al mostrarles el ya famoso coprolito!

En aquella ocasión se me ocurrió ponerle un nombre: Coproichnopteryx (de “ichnos”, huella, y “pteryx”, ave).

No había otro ejemplar con esta característica en el mundo. Y digo bien: no lo “había”, porque el pasado 17 de mayo de este 2014 Carlos Bernabéu me hizo entrega de otro coprolito que también está pisado y que ya está en la vitrina de la Sala de las Tortugas, al lado de su compañero. Este Museo se precia, por tanto, de poseer los dos únicos ejemplares pisados conocidos en el mundo.

Pero de este segundo coprolito os hablaré otro día, y os vais a quedar fascinados por la extraordinaria historia que nos cuenta. ¡Ya veréis, ya!

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