Opinión

Mitos y posverdades

Tras la espectacular puesta de largo de Susana Díaz, a la que no faltó ningún padrino, ni medios, ni espíritu ganador a lo Hollywoodiense, made in USA, a la derecha orgánica de este país le cambió el color, se le iluminó el rostro, y pensó aliviada: «tenemos candidata», o lo que es lo mismo: «hay PPSOE para largo».

Frente a esta deslumbrante puesta en escena, donde se confirma cuan poderoso caballero es don dinero, y que el miedo a quedarse fuera y el interés alicorto, todo lo amalgama, hasta lo más volátil, aquel otro andar por esos caminos de Dios, a la intemperie, en un utilitario Rocinante, comiendo bocadillos de tortilla y durmiendo donde se puede, aunque sea debajo de un puente o en casa de un militante, como Quijote por rastrojo y ventas del camino, velando armas y aullando a la luna, nos recuerda demasiado a los mitos primigenios, esos que llevamos grabados en lo más recóndito y auténtico de nuestro inconsciente colectivo, que es casi como decir el alma de la especie.

Y en esos mitos casi nunca faltan un éxodo o un exilio, con que los dioses castigan al héroe rebelde, por su atrevimiento, pero tampoco puede faltar un viaje lleno de aventuras y arriesgadas peripecias hacia la tierra prometida.
David y Goliat, el héroe desnudo de todo apoyo e inerme en su soledad, frente a toda la maquinaria del poder, pasado, presente, y futuro.

Y aunque David ganó a Goliat, fue de chiripa, la excepción que confirma la regla, porque en este mundo bajo y sublunar, donde la literatura y la grandeza del mito casi nunca se encarnan en la vida real (ni siquiera en la heroica y meditabunda vida de Leopold Bloom), el resultado de una pelea tan desigual, por lo general acaba confirmando las tesis del más pesimista y realista de los filósofos, que si no fue Schopenhauer, fue Heráclito.

El mundo es así, y sólo en muy extrañas conjunciones de planetas, acontece algo que merezca ser cantado como poema épico, como hazaña humana digna de contradecir las leyes naturales, y crear su propia leyenda, y a partir de ella una realidad distinta, menos gris, menos prosaica.

Hace mucho que dejamos de ser poetas para ser oficinistas, hace mucho que dejamos de ser libres para ser siervos, hace mucho que dejamos de ser héroes para ser supervivientes dóciles y amaestrados.

[quote_box_left]Para el poder inalterable que aborta en flor cualquier esperanza de cambio, Susana Díaz es una bicoca[/quote_box_left]En nuestro país, que la izquierda y su unidad, pudiera tener alguna vez una oportunidad de futuro, ha pasado a ocupar el lugar de los mitos y los héroes errantes.
La vieja izquierda le ha cogido cariño a su anquilosada artritis, a su calentito pesebre, y prefiere habitar el castillo de los ogros, donde se come bien pero quien se mueve se queda sin postre, o como decía el otro, no sale en la foto.

Para el poder inalterable que aborta en flor cualquier esperanza de cambio, Susana Díaz es una bicoca, un abono seguro de su estilizada y selecta ambrosía.

Para los que piensan que la poesía es un arma cargada de futuro, hace mucho que el futuro que nos administran y recortan no alberga ni una pizca de poema.

Pudiera ser este un círculo vicioso del que no sabemos salir, como del laberinto de un feroz y cruel Minotauro.

Aunque también se dice que la esperanza es lo último que se pierde.
En todo caso es una odisea a la que merece la pena prestar atención. Quizás esta vez, por el cauce seco de los mitos vuelva a fluir la savia.

Que los del golpe perdieran, sería homérico.

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