Opinión

Los juegos de Basilio Martín Patino

Se encuentra reconocido que entre los cineastas españoles que mejor manejan las imágenes se encuentra Basilio Martín Patino. Una muestra de ello se ofrece desde ahora con la propuesta “Capea” en la sala Adora Calvo, que, en su décimo aniversario, rinde homenaje al cineasta quizá menos acomodaticio del panorama cinematográfico español. Un realizador que no se ha rendido al paso de los años que le han ido cayendo encima y que, como señaló su amigo y paisano José Luis García Sánchez, bien merece el calificativo del “director más joven” de nuestro cine.

Esa es la peculiaridad de Basilio Martín Patino: cada película o propuesta audiovisual renueva su obra con nuevos planteamientos. Desde el comienzo de su andadura ha sido un disidente y se ha desenvuelto frente al convencionalismo del cine comercial, aunque eso ha supuesto situaciones que a veces ha tenido que pagar en presencia profesional y en riesgos económicos. Pero ha conseguido ser encuadrado como el realizador que ha aportado una línea permanente de innovación. El cine de Martín Patino siempre se mueve en los terrenos de la búsqueda, tanto en su estructura como en sus contenidos. Después de documentarse intensamente, como sabemos los amigos, de su imaginación fluyen una serie de regatos por los que encauza las imágenes que ha filmado para manipular el desbroce al que se dedica ante el ordenador, como antes ante la moviola.

[pull_quote_left]A pesar de la brevedad de la pieza, ésta es un canto al ejercicio de libertad creadora, de la innovación, de frescura, que ha convertido al director nacido en Lumbrales en un cineasta de culto[/pull_quote_left]Y, además, el cineasta se divierte sin recato, porque le encanta “jugar” con las imágenes, siempre ha considerado el montaje como una especie de juego en el que experimenta y se mete por caminos que le surgen y ramifican en la vereda de partida. Y, también, en ese recorrido busca dejar espacios que tendrá que rellenar la inteligencia del espectador, porque no le gusta dar mascado el cuento, ya que otra de sus características es la falta de doctrinarismo, de imponer criterios de cualquier tipo.

Con esa libertad, como en otras obras, Basilio Martín Patino se encaró con “Capea” cuando le encargaron la pieza para el pabellón español de la exposición universal de Japón. Entró al desguace de “El Noveno”, su primer documental en 1961 en torno al rito anual sobre su liberación de las gentes de San Felices de los Gallegos, para mostrar cómo los años no le impedían renovar un relato ya bien trabado, mediante la agilidad en el montaje, la fragmentación, el coloreado y otros reflejos de ese juego que le agrada practicar. A pesar de la brevedad de la pieza, ésta es un canto al ejercicio de libertad creadora, de la innovación, de frescura, que ha convertido al director nacido en Lumbrales en un cineasta de culto por su capacidad para avanzar siempre, para buscar, para no conformarse con los bordes que marcan los géneros, para no atenerse a lo trillado. “Capea”, desde luego, proclama ese inconformismo formal de un cineasta libre y vital en su capacidad creadora.

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