Opinión

El “lagarto” de Villamayor

Corría el 10 de noviembre de 1981. En la prensa aparece una curiosa noticia, con foto, titulada “El lagarto de Villamayor”. Dice que en el “curioso y valioso museo” del gran Medes se pueden ver los restos “de un pequeño saurio o sauria, vaya usted a saber”. Y al periodista, (H.), “le da en la nariz que este fósil reviste gran interés científico que esperamos se defina por los doctores de la Facultad de Ciencias, naturalmente previo su minucioso examen”.

¿Cómo no aceptar el reto? Y a Villamayor nos fuimos, al día siguiente, Jorge Civis y el que esto escribe, para tratar de resolver la cuestión.

¡Nicomedes de Castro, Medes! ¡”El charro más charro”! Tamborilero; un personaje singular, de esos que deberían ser eternos. ¡En este año hubiese cumplido los cien! Por él fuimos agasajados; nos llevó a su casa, donde había instalado un original museo en el que había de todo lo que había guardado a lo largo de su vida: su habitación matrimonial, objetos de cantería, de labranza, una taberna, partituras de sus zarzuelas, todo originalísimo y conservado con un gusto que para sí quisieran muchos “museos” etnográficos. Y, sobre todo, amenizados por su gracia arrebatadora, campechanía y buen humor…

En un rústico banco de madera, de aquellos que había antes en todos los hogares pueblerinos, había colocado, sin orden, los bloques de arenisca origen de la noticia, que contenían gran cantidad de huesos y placas de cocodrilo que, de inmediato, determiné como de un Diplocynodon de talla pequeña.

De regreso a Salamanca, al día siguiente escribí un informe sobre el particular que fue publicado en el mismo periódico el 14 de noviembre y que fue retomado por la prensa nacional. ¡No era para menos! Se trataba de la primera noticia, digamos pública, sobre la presencia de cocodrilos por estas tierras de la piel de toro.

Digo pública y no científica, porque el hecho ya estaba registrado nada menos que en 1873, de la mano del famoso Juan Vilanova, de quien algún día os hablaré, en la localidad zamorana de Sanzoles.

Diplocynodon fue un cocodrilo fluvial –¿es que no lo son todos? ¡Pues no! También los hay marinos y los hubo corredores, los reyes de la selva hace 40 millones de años, los terribles Iberosuchus—que fue muy abundante por los cauces tropicales del Eoceno en Europa Occidental.

[pull_quote_left]El cocodrilo de Medes debió sufrir, muerto, un transporte muy corto por el fondo del río. Al descubrirse en una cantera cercana al Tormes mostraba –muestra—muchas placas enlazadas.[/pull_quote_left]           El cocodrilo de Medes debió sufrir, muerto, un transporte muy corto por el fondo del río. Al descubrirse en una cantera cercana al Tormes mostraba –muestra—muchas placas enlazadas. Parece ser que intentaron extraerlo por las buenas y ¡claro! se deshizo en bloques. ¡Qué ocasión perdida! Lo que estaba en el museo de Medes puede que fuese lo más abundante, pero había más fragmentos desperdigados por las casas de Villamayor y ¡sabe Dios donde más! Se indagó y se obtuvieron unos buenos bloques, más pequeños, que tenía entonces el farmacéutico, cuyo nombre no recuerdo. Con ellos y con mucho más material que había en la Sala de las Tortugas de la Universidad, Santiago Martín de Jesús y Francisco Javier Ortega leyeron sus Tesis de Licenciatura en 1986 y 1990. Pero el valioso material que tenía Medes no fue nunca publicado, pese a haber sido visto por varios especialistas españoles y norteamericanos, al estar en una colección particular.

Al cabo de tantos años, volví a ver alguno de aquellos bloques de Medes en la XIV Feria de la Piedra de Villamayor, celebrada a mediados de mayo de este año. Y tuve el placer de conocer al hijo del gran Medes, Ángel de Castro, que me indicó el deseo de su padre de llevarlos a la Sala de las Tortugas, su “sitio natural”.

¡Y allí están ya, reposando en una vitrina, numerados con las siglas 14184 a 14193! ¡Visitantes y curiosos de estas cosas, no sufráis una decepción cuando lo veáis! Ahora están, digamos, en su estado bruto. Hay que restaurar y embellecer estas piezas, descubriendo la parte que no se ve de las placas, lo que llevará bastante tiempo. ¡Pero merecerá la pena! Una foto del gran Medes acompañara a los fósiles que tanto amó.

Y aprovecho para hacer una llamada de atención a los villamayorenses. Hay mucho material inédito en algunas casas. Yo he visto algunas y me han hablado de otras. No tienen ningún valor y se están estropeando. ¿Por qué no las ponemos en la misma vitrina donde están las de Medes, y la llamamos “la de Villamayor”? Hacedlo así. ¡Qué no haya que esperar 33 años para hacerlo!

Nicomedes de Castro (1914-1998)
Nicomedes de Castro (1914-1998)

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