Opinión

¡Estalló la paz!

Hay personas de las que es grave falta olvidarse. No a nivel personal, que de esas todos las tenemos y desaparecen con nosotros.

Tampoco me refiero a nivel nacional, de las que, a muchas, mejor sería olvidarlas.

Me produce mucha pena ver cómo ni los nombres de los grandes profesores que nos precedieron, que llenaron las aulas no hace muchos años, son conocidos por los alumnos de hoy. ¿Es que sus enseñanzas están anticuadas? Puede. Pero no lo están su recta manera de proceder, su valentía ante ciertas situaciones, su entrega a la docencia.

Algunos lectores me han pedido que relate alguna de las famosas anécdotas de don Fernando Galán, lo que hago complacido por el gran respeto y admiración que por él siento.

Don Fernando Galán Gutiérrez (Luarca, 1908 – Salamanca, 1999) estaba en esta ciudad ocupando su Cátedra de Biología, recién obtenida, en julio de 1936. ¿Se da cuenta, Emiliano, –me dijo un día—lo que hubiese pasado si me quedo aquel fin de semana en Salamanca, con mi esposa esperándome en Madrid?

En Madrid sufrió la guerra y formó parte de aquel sublime grupo de investigadores y trabajadores que, para evitar que el Museo Nacional de Ciencias Naturales se convirtiese en un cuartel o en una checa, con la subsiguiente pérdida de sus tesoros (en Barcelona así ocurrió con el Museo del Seminario Conciliar), se turnaron noche y día sin salir del recinto. Y lo evitaron.

A mí me lo contó y después me enteré de que otro ilustre luarqués, paisano, compañero y amigo suyo de toda la vida, don Severo Ochoa, también estuvo en aquel grupo.

Por cierto, que oí decir en cierta ocasión que cuando a nuestro Premio Nobel se lo concedieron afirmó solemnemente que lo que él había hecho en Estados Unidos no tenía mérito por los medios de que dispuso; que el que se lo merecía de verdad por las condiciones precarias y heroicas con que trabajaba era don Fernando Galán, catedrático de Biología de la Universidad de Salamanca.

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Muchos detalles de su vida pueden verse en Internet, pero no he encontrado algo que todos sabíamos: que él y don Norberto Cuesta Dutari se opusieron a la concesión del Doctorado Honoris Causa para el general Franco, a la sazón Caudillo de España.

Pero lo que con mayor intensidad recuerdo fue aquel día en que don Fernando Galán me pareció más gigante que nunca.

[pull_quote_left]¡Ay, don Fernando! ¡Cuántas personas como Vd. necesitamos hoy en España, para que nos hagan callar, sonreír y relajar la gran tensión en esta permanente Junta de Discordias en que se ha convertido![/pull_quote_left]Cuando yo llegué a Salamanca había en la Facultad de Ciencias cinco catedráticos de Química, única rama que por entonces se estudiaba en ella. Además estaban los correspondientes de Matemáticas, Física, Biología y Geología. ¡Qué plantel de grandes científicos!

Dos de ellos se llevaban como el perro y el gato. ¡Ahora bien, en defensa de su Universidad se unían, se apretaban como una piña!

En una Junta de Facultad, a la que asistí, aquellos dos titanes estaban subiendo más y más el tono de sus diatribas. ¡Nunca se había visto tal violencia, que nos tenía a todos sobrecogidos y sin saber qué hacer!

Y entonces se levantó don Fernando Galán y dijo estas palabras textuales:

“¡Señores, repórtense! ¡Qué si no, tendré que llamar a los loqueros y decirles: Vengan, vengan a reducir a un par de Catedráticos!”

Se hizo un silencio repentino. Y a continuación, las sonrisas y las risas. Los dos titanes calmaron sus nervios. ¡Estalló la paz!

¡Nunca, nunca había oído ni oiré palabras más acertadas para resolver un conflicto!

¡Ay, don Fernando! ¡Cuántas personas como Vd. necesitamos hoy en España, para que nos hagan callar, sonreír y relajar la gran tensión en esta permanente Junta de Discordias en que se ha convertido!

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4 comentarios

  1. Un amable lector me ha informado sobre dos errores en esta “ocurrencia” mía dedicada a don Fernando Galán. Es mi deseo corregirlas por no estar de acuerdo con aquello de “mantenerla y no enmendarla”. Es mejor hacerlo el propio autor a que otros te lo hagan.
    1º: Don Fernando Galán se opuso firmemente a que el general Franco fuese investido Doctor Honoris Causa. Pero el otro catedrático que le apoyó no fue don Norberto Cuesta, que no estaba en la Universidad entonces, sino don Teodoro Andrés, catedrático de Derecho Canónico. El error original no es mío. Está escrito en libros, sin que yo sepa de donde partió el cambio, ni por qué.
    2º: En 1936 don Fernando era soltero. Aquí sí es mío el error, motivado por una conversación con él, ya viudo, en que me habló emocionadamente de su esposa y, poco después, que el 16 de julio marchó a Madrid. Equivocadamente relacioné los dos relatos entre sí.
    Otros lectores me han contado anécdotas entrañables, que revelan el respeto y enorme admiración que sentían por tan gran hombre. Estoy pensando en hacer con ellas otra “ocurrencia”, pero…¡son tantas!
    Emiliano Jiménez (29-julio 2014)

  2. Un ameno y merecido recuerdo a alguien que no conocía y que sin duda merece nuestro aprecio y reconocimiento. Gracias, amigo Emiliano. Un abrazo

  3. Gracias, Armando. Don Fernando Galán era de esas personas que dejan huella, un ejemplo a seguir por su manera de ser con sus alumnos, con su familia; por su enorme valentia ante situaciones muy comprometidas, por su humanidad, su sencillez, y hasta por su físico, que infundía respeto sin más que verle. ¡Todo homenaje que se le haga será siempre pequeño!. Gracias, amigo Armando

  4. Efectivamente don Fernando Galán fue de esos profesores que dejan huella … correcto y amable siempre … utilizaba el encerado como yo nunca he visto hacerlo después … con tizas de colores iba desarrollando la lección … que al final quedaba como un cuadro- resumen … al final de la clase … ya fuera del aula … departía con cuantos alumnos … que éramos muchos … deseábamos continuar escuchando sus comentarios sobre la lección … a raíz del Nobel a Severo Ochoa ,,, nos dio una clase clase … magistral … sobre los descubrimientos del premio Nobel … mientras Severo Ochoa emigró a Estados Unidos, adoptando la nacionalidad estadounidense, Fernando Galán estimó que su deber era permanecer trabajando para su país: España; y mientras Galán disponía en Salamanca de unas condiciones sumamente precarias para ejercer su trabajo de investigación sobre genética, Severo Ochoa, en la facultad del College of Medicine de la Universidad de New York, disponía de unos medios idóneos para, en 1955, poder aislar la polinucleotidofosforilasa, una enzima capaz de realizar la síntesis de ácidos ribonucleicos, descubrimiento por el que le fue concedido el Premio Nobel de Fisiología y Medicina. …. Fernando Galán Gutiérrez, un retrato con estos colores: profesionalidad … magisterio … sencillez … elegancia … honradez … valía

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