Opinión

Pinocho el del cuento

No es casualidad que escritores y poetas sientan cierta inclinación por inmortalizar la idiosincrasia de su país. Nosotros, verbigracia, introducimos aquella picaresca -mitad audaz virtud, mitad depravación abominable- cuyos autores y textos mantienen un interés universal. El pícaro, su mundo, inspiró a grandes escritores del glorioso Siglo de Oro. Si se me preguntara si España es tierra de pícaros, mi respuesta sería afirmativa. Ello, en modo alguno, significa que no haya otros pueblos que compitan con nuestro añejo quehacer; incluso aventajarnos sin realizar enormes esfuerzos. Calidad y cantidad casi siempre caminan por sendas divergentes y la nuestra constituye un prototipo especial. Quizás abarquemos poco, pero en estos oficios somos auténticos artesanos.

Nadie se libra de etiquetas ajustadas o inmerecidas. Italia, según se comenta, es el país de las mentiras, tanto que un viejo sondeo cotejó casi cuatro millones al día. Semejante atributo, asumido desde hace siglos, inspiró a Carlo Lorenzini para inmortalizar esta rara peculiaridad escribiendo “Las aventuras de Pinocho”. Cuento protagonizado por una figura de madera que a cada mentira le crecía la nariz de forma ilimitada. Al final, destaca la nariz sobre el personaje. Su caricaturesco semblante no resta énfasis al mensaje que el autor quiso propalar con aspecto negativo, malsano, del avieso carácter latino. La Grecia trágica, histriónica, ha saciado -junto a Italia y España- el trípode del encanallamiento europeo, a la vez que su sueño inveterado de quimérica felicidad.

Mantengo que, allende fronteras, hay personajillos rastreros, serviles, divulgando competencias extrañas. Aquí, en este marco, somos muy productivos y encabezamos el ranking de extravíos propios -como es lógico- y ajenos. Considero un prodigio, entre épico y vergonzante, advertir el deterioro de territorios cuyos remotos logros culturales, militares, económicos e imperiales, han desembocado en miseria generalizada. España, Italia y Grecia ejemplarizan esa dinámica involutiva, infamante. Resulta curioso que las tres sociedades compartan, desde años inmemoriales, individuos ignaros confundidos por la noche y prebostes deslumbrados por un poder indigesto o mal digerido. Aquellos, a la postre, sintetizan menoscabos del conjunto mientras estos ocasionan su defunción so pretexto de discordancias democráticas.

Lo mismo que Lázaro y el licenciado Cabra extractaban ayer cualidades del pícaro, Sánchez, hoy, perpetúa la humanización de Pinocho. Una soberbia nariz tácita elaborada con caoba (madera noble) que requiere para ser su par, centra esa figura. Le repele el pino vulgar, laminado de railite o formica, pues vulgarizaría su linaje. Menudo palurdo. Decía Santiago Rusiñol: “De todas las formas de engañar a los demás, la pose de seriedad es la que hace más estragos”. Nuestra particular marioneta acumula años de farsa, de delirante pompa, consiguiendo rentas, aquiescencias, hipotéticamente alarmantes. Le sobra tanta afectación trascendente cuanta humildad y decoro precisa para transitar estos enmarañados senderos que serpentean el actual universo del político llano, tal vez codiciado estadista. Sánchez nunca alcanzará semejante gracia, lo impide su estulticia, pero sí le podemos exigir un mínimo de mesura y sobriedad.

Empezó mintiendo -nos enteramos hace poco- sobre su doctorado, ejemplo temerario e impúdico fronterizo al estajanovismo sindicado. Regla preceptiva para un comunista no muy convencido, pero practicante. El individuo, en estos regímenes, se considera pieza proscrita, penada por una “colectividad fraterna” que solo sirve como biombo excusable. He aquí por qué tanto interviniente. Engañó a los militantes que le dieron su confianza para ser secretario general del PSOE con la innoble misión de conseguir el poder y acomodar a cuantos deudos o afines hubiera cercanos. Enredó a catalanes independentistas, amén de vascos, ofreciéndoles dádivas imposibles. Sin embargo, Podemos le ha tomado medida a su codicia y es quien maneja el timón mientras invalida cualquier argumento opuesto al pacto PP, Ciudadanos, Vox, por presunta radicalidad del último. Nadar y guardar la ropa se divisa imposible con esta incipiente agudeza social.

Exhibe una fachada llamativa, deslumbrante, mientras su tortuosa encarnadura viene configurada por el disimulo, la estafa. Partiendo de un falso afecto destinado a la desahuciada presidenta andaluza, arranca ahora el anhelo de defenestración definitiva. Soberbia y venganza son también rasgos que rematan al personaje. Ladinamente espera el momento oportuno para, sentado fuera -a la intemperie del incontestable desvarío que le caracteriza- espera ver pasar los cadáveres de todos sus disidentes. Pocas ganancias les arriendo a Fernández Vara, García Page, Ximo Puig y Lambán. Al igual que en aquella frase célebre referida a Juan March, “o ellos se cargan a Sánchez o Sánchez se cargará a ellos”. Una predicción: si Pedro ganara las próximas elecciones generales, aquellos empezarían a exhalar un olor característico, fúnebre. Van a tener suerte porque tal hipótesis es imposible, se convoquen cuando sea.

En efecto, ha pretendido engañar a todos todo el tiempo y eso trae consecuencias. El balance de sus seis meses de gobierno acapara y resume las patrañas de una vida dedicada al sablazo. La frase clave: “Este gobierno en siete meses (no los había concluido) ha hecho más por la justicia social, la regeneración democrática y la modernización de nuestra economía que el anterior gobierno en siete años” (solo había gobernado seis años íntegros). Semejante quimera se responde por sí misma. ¿Qué de justicia social? ¿Permitir una migración luego abandonada? ¿Asimismo, denomina regeneración democrática al continuo oscurantismo del ejecutivo? ¿Quizás a la “premura” de informar que los gastos de protocolo ocasionados por Sánchez en su viaje a Castellón sumaron doscientos ochenta y dos euros con noventa y dos céntimos? Estamos frescos. Eso sí, en precisión no le gana nadie. De economía, mejor me callo.

Un proverbio judío asegura: “Con una mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanzas de volver”. Ignoro si Sánchez conserva precedentes judíos, pero da la impresión de que conoce perfectamente dicha sentencia. Sabe qué le espera en cuanto convoque elecciones generales. Por eso, cuando alguien le pregunta si piensa adelantar los comicios responde sin dudarlo que su vocación es agotar la legislatura. Semejante obcecación encierra un oneroso peaje: el hundimiento de España y del PSOE. A Pedro Sánchez únicamente le preocupa Pedro Sánchez. El resto es embuste y cuento.

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