Opinión

Mañana será tarde

Se veía venir; al menos, se esperaba que los abusos de un padre putativo acabaran por recibir la respuesta justa, pese a que algunos quieran calificarla de traición. Cuando ciertos personajes meticulosos terminan en el infierno, hasta este se pone en pie de guerra para subsanar las injusticias -tal vez aversiones- a que el dios del momento somete sin asiento razonable. Prima el atropello tiránico de quien se administra con enmarañados trastornos que se ubican junto a figurantes ególatras, altivos, vacíos. Solo religión y política condenan a feligreses de ambas al ostracismo si incumples el dogma, fe interpuesta por soplos espirituales ayunos de imaginarios racionales. Así, acatando alguna verdad efímera, obviando máscaras histriónicas (en ocasiones ignominiosas), van tejiendo una tela o red que termina por engullir sociedades incautas, quizás estúpidas.

Pablo M. Iglesias se ha equivocado de fórmula. El comportamiento humano no se rige por leyes físicas. Tampoco los usos sociales son eternos, intercambiables, ni tan siquiera son exactos. Ese es un error propio de indocumentados, ora por indigencia intelectual ora por prepotencia pomposa, inmoderada, fuera del momento presente. No hay peor fallo para un líder político que la desubicación histórica. Quien se queda anclado y pretende resucitar viejas tácticas sin medir los tiempos, corre el peligro de convertirse en algo obsoleto, tragicómico, vacío. Stalin purgó millones de conciudadanos, fundamentalmente a quienes consideraba rivales para seguir detentando un poder dictatorial. Sin embargo, todos perdieron la vida en el gulag o frente al pelotón. Nadie quedó para asaltar ningún “cielo”, menos aún para regalarse una venganza reparadora.

Cualquier caudillaje necesita para perseverar dosis de generosidad o de coparticipación. El conflicto surge cuando los egos atenúan la nitidez del rumbo a tomar. Egolatría y desencuentro caminan dando bandazos mientras impiden otra posibilidad que no sea, al final, chocar con obstáculos sembrados por ellos mismos auspiciando la aparición de magulladuras si no caídas penosas. Cuando varios individuos se embarcan en un proyecto cuajado de anhelos sociales o individuales, es ilegítimo el prurito personal que lleve a alzarse rompiendo conciertos. Cualquier ambición desmedida, todo proceso de endiosamiento personal, lleva a divergencias y posteriormente a disgregaciones. El colectivo es una unidad que debe perpetuarse. Modificar su naturaleza, principios originarios e incluso la equidad primigenia, lleva a planteamientos faltos de sustento y, por tanto, a divergencias irreconciliables.

Primero fue Tania Sánchez que pasó del “cielo al infierno” sin solución de continuidad. Luego vinieron Luis Alegre, Íñigo Errejón y Carolina Bescansa, todos ellos cofundadores o políticos mediáticos, esenciales, de Podemos. Purgados, y Tania además confinada ignominiosamente en el gallinero del Parlamento. De los seis cofundadores ilustres de Podemos, allá por enero de dos mil catorce, hoy solo quedan dos (Iglesias y Urbán) y medio (Teresa Rodríguez) que patentiza libertad, amén de asiento autonómico. Innecesario aclarar que, en el fondo, existe como único ente visible y cesáreo Pablo M. Iglesias, debilitado ahora por la baja paternal o maternal masculina, ¿quién sabe? Sí, el aggiornamento, la imagen, el señuelo, que no decaigan. ¡Menudo chollo ha inventado! Por encomio personal y abuso va disminuyendo su amplitud y muchos, ahora hartos, tendrán que pasar penurias a no tardar. Pena.

Esa actitud insolidaria, cicatera y coronada por una incoherencia que se agrava con el “casoplón”, generó recelo en otros líderes y disgusto en las bases. Las encuestas predicen descenso considerable de votos. Un “sálvese quien pueda” ruge silencioso por las filas orientadas a la solana pública. Despierta, asimismo, el deseo de desquite en personas de indudable valía sometidas al imperio del capricho, aun del complejo. Errejón personifica ese portazo que también lleva el nombre de Tania, Luis o Carolina, aparte de un número indeterminado con responsabilidades públicas que les siguen por identidad; a lo peor, por dividendo. Sí, se ha abierto la caja de los truenos y no sabemos qué efectos tendrá a medio plazo. Temo que, tras Íñigo -a su sombra- haya un ejército de heridos con letales reivindicaciones para la cúpula, desguarnecida a la hora de soportar el efecto invernal. Quien hace mal, su parte saca.

La ruptura se ha materializado en Madrid, pero deduzco que todavía quedan pasos importantes por dar. Hoy son obsoletas formas y tácticas perpetradas, al principio del siglo XX, por la izquierda radical, totalitaria. Errejón, hace tiempo, ya venteaba la necesidad de un marxismo renovado, novedoso, racional. Herido e ilusionado cree que el método Iglesias zahiere, horripila, a gentes con buenos sentimientos que busca en Podemos una respuesta política inédita. La actual cúpula incita al desapego cuando el individuo analiza tanta paradoja, tanta divergencia entre dichos y hechos. Vislumbro que Más Madrid, fórmula por la que Errejón suma con Carmena para ganar Ayuntamiento y Autonomía madrileños, será la punta del iceberg a nivel nacional. Si no fuera así, dicho político tendría un eco sin armadura sonora, propondría una quimera vana, producto del arrebato onírico, rencoroso. Pese al éxito inicial, perdería la guerra

Estoy convencido de que se avecina un plan pluriautonómico y local con candidatos o equipos donde Errejón -junto a colaboradores y seguidores, armados de marca propia- aúne diferentes sensibilidades cívicas para presentar candidaturas en todas las circunscripciones electorales. Aparte, y sin que implique interferencias malquistas, se irá construyendo la infraestructura precisa para experimentar en el concierto nacional. ¿Es posible, pragmático, la existencia de dos partidos radicales a la izquierda del PSOE? No, pero sí uno definitivo que adecue modos y tiempos evitando caudillajes, dominios, extemporáneos, retrógrados, cismáticos.

Incluso convencidos de que Errejón sigue representando una izquierda extrema, muchos opinan que el talante, carácter asceta y equilibrio emocional lo hacen idóneo, pese a su falta de prestancia mediática, para dirigir esa izquierda avenida, respetuosa e inclinada al pacto con auténticas aspiraciones sociales. Urge tomar decisiones encaminadas a logar dichos objetivos, aunque parezcan complejos y lejanos. Queda poco tiempo. Mañana será tarde.

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