Opinión

Trillizos, mellizos e hijos únicos

Desde luego, ahora mismo, ni como maestro jubilado ni como padre de cuatro hijos siento ninguna atracción por diseccionar la problemática surgida en parejas con diferentes retoños alumbrados a lo largo de su convivencia. Tampoco interés relativo a qué métodos educativos resultaran idóneos, desde el punto de vista psicológico, para conseguir darles una esmerada formación. Se insinúa, basándose en casos concretos poco consistentes y acientíficos, que los hijos únicos suelen tener una infancia y juventud sin disciplina sometidos a un exagerado afán de cuido, blindados al temor de su pérdida. Supongo que esta posibilidad pueda desequilibrar el primigenio plan de cualquier progenitor rendido a tan desgraciada contingencia. Qué decir de aquellas parejas encadenadas al atribulado, aun gozoso, parto doble. Tres retoños de golpe, solo imaginarlo, me crea inquietud.

Inicio semejante prólogo para lucubrar sobre cuestiones candentes de la vida política a cuyo rescoldo aparecen trillizos, mellizos y, como cosecha propia, yo añado hijos únicos. Podemos cabalga, según costumbre inveterada, junto a la farsa populista. Ahora, han fabulado el eslogan-consigna de apodar a PP, Ciudadanos y Vox, “trillizos reaccionarios”. Semejante adjetivo seguramente será ininteligible para un alto porcentaje de la población audiovisual. Ignoro la causa, pero estos expertos publicitarios yerran al cambiar “trillizos fachas”, verbigracia, que todo el mundo interpretaría correctamente, por un “reaccionarios” casi inaccesible. Observo que doña Irene, gendarme de alto rango para el gobierno, sigue acopiando lastre semántico a consecuencia de su reciente maternidad. De “mellizos” surge con desenvoltura y mansedumbre “trillizos” cuando en circunstancias diferentes hubiera utilizado “trío” u otro sinónimo. Es evidente que la señora Montero sigue el rastro de Ortega (Gasset, en este caso) respecto al perspectivismo.

Filias o fobias tienen un componente clarificador de sentimientos que surgen naturales, tal vez espoleados por intereses fraudulentos. El sincretismo que deja entrever “trillizos reaccionarios” exhala un temor incómodo, insalubre. Sin la existencia de Vox, probablemente Andalucía estaría gobernada por PSOE y Podemos, mellizos con fauces turbadoras, de gula lasciva, insaciables. Hoy, Podemos constituye el bastión de Sánchez que devuelve favores brindando generosas privanzas a sus líderes, otros “mellizos” que duermen a pierna suelta vigilados por esa Guardia Civil tan vilipendiada. A poco, dentro de unos meses, Sánchez y Pablo M. Iglesias constituirán un olvidado apéndice lesivo que pudo producir la perforación del intestino nacional. Sin embargo, el efecto quirúrgico de los “trillizos reaccionarios” evitará tan grave peligro. España se sentirá segura mientras desaparece aquella amenaza provocada por unas siglas que inmolan su ética virtual en aras de una casta real. Cuánto daño hace soberbia, ostentación e incoherencia reunidas y sin freno. He aquí la verdadera reacción recelosa de perder su estatus burgués.

No obstante, hay quien prefiere ser hijo único, gozar del privilegio no compartido con nadie, parecerse a esas siete capillas distinguidas -abrazadas al ábside de la catedral conquense- rotulada alguna con las palabras-mensaje “Unum et septem”. Pablo M. Iglesias, anhelante asaltador del cielo sin previa retribución democrática, se queda sin esperanza y, hostigado por el averno, se conforma con las migajas sobrantes de esas Bodas de Camacho que entraña la política española. Errejón apura, finiquita, el proceso funerario de un suicidio estúpido. Villatinaja supuso el vacío al que se arrojó con entusiasmo pueril. Ahora paga cara su irreflexión, su actitud vanidosa e inmoderada, viendo como la, también engañosa, humildad del amigo (actualmente competidor) hechiza incluso a las primigenias huestes que le dieron aquella victoria lejana en Vistalegre II. Presentar candidatura propia a la Comunidad madrileña provocará la muerte traumática de Pablo M. Iglesias y el retorno egregio de Errejón. Tiempo al tiempo.

La debacle de Podemos ha ocasionado dos víctimas colaterales. El PSOE aparece como primera y principal, no ya como partido sino también, y de forma conjunta e irreversible, del veleta señor Sánchez. Ambos (PSOE y Sánchez) aspiran, como solución exclusiva, a un tripartito -no trillizos- extraño, quimérico, conformado por ellos (tronco generatriz), Ciudadanos y Errejón revestido de Más Madrid. El segundo cadáver, y no menos importante, sería el propio partido naranja cuya disyuntiva le ofrece muerte, si apoya al PSOE, o menoscabo, si armonizara con Vox una hipotética terna gubernativa. Este conglomerado iluso tendría opción si Sánchez se evaporara y apareciera alguien más centrado, menos dispuesto a desenterrar fantasmas, mientras su esfuerzo tuviera como objetivo consolidar, de verdad, el Estado Democrático y la defensa de los intereses ciudadanos tan ajados en los últimos gobiernos.

Yo, lo oteo claro. El hijo único (Pablo M. Iglesias) quedará muy tocado, sin patrimonio social, quedándose como heredero pleno Errejón, legitimado por unos resultados electorales sorprendentes. Asimismo, los nuevos mellizos -Sánchez y Errejón- precisan el voto imprescindible de Ciudadanos que no debe concedérselo, salvo defunción anexa. Estoy seguro de que Sánchez no puede llevar a Errejón al ara sacrificial, que haría gustoso si le fuera en ello la presidencia. Viceversa, presenta los mismos inconvenientes, con la salvedad de que Íñigo, sospecho, sería incapaz de hacerlo sin apreciar motivos perentorios e imprescindibles. Queda, como medida airosa e inmediata, un gobierno protagonizado por los mencionados “trillizos reaccionarios”. Desde luego, quizás no sea el ideal, pero no hay otro posible.

Las fidelidades en política no existen, manda el poder y sus privilegios. Desconozco si Podemos desaparecerá con el resurgimiento de Más Madrid, que nucleará la izquierda madrileña para posteriormente absorber toda ella. Carmena y Errejón tienen gancho nacional y, abandonada la seducción mediática de Pablo M. Iglesias, pudieran socavar o transfigurar una sigla hedionda, arrastrando en la caída a un PSOE desorientado, postizo. Es decir, los dos mellizos de hoy, Sánchez e Iglesias, consumarán su viaje al abismo arrastrando a sendos partidos que les sirvieron de excusa para detentar un poder inimaginado. Mientras, aquellos trillizos malditos recibirán un gobierno ratificado por el ciudadano, democrático.

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