Opinión

Corriente normal

 

Normal. Como en casa en ningún sitio, ¿no es verdad? Normalidad, seguridad, comunidad, reconocimiento, ausencia de giros inesperados… Eso. Como en casa. Frecuencia, orden, regularidad, familiaridad, naturalidad, hábitos y costumbres. Todo bajo control, sencillamente comprensible, de escasas dudas y mínimas correcciones, de interpretación poco exigente. Asimilable, general, universal. Normal.

Corriente. Como la del río. Corriente, que fluye, con lógica, sin sorpresas, de brújula cierta, cadente, firme, perseverante, evidente, de avance constante e impenitente… Escondida desde la mentirosa perspectiva que ofrece la orilla.

Los ojos no la ven, pero sí la dirección que marca una brizna de hierba, la hoja caída que sobre ella navega, las vivas ondas que se deslizan dibujadas por la aventura del pez que saca la boca y guarda las agallas. Sumergidas. Donde deben estar, en el esperado lugar adecuado para seguir adelante con el único propósito de seguir adelante. ¿Para dónde? Para mañana si es un pez. Para mañana, es lo que cabe esperar encontrarse después de hoy. Cualquier pasajero, cualquier vibración marcará la dirección que sigue la corriente hasta el mar. Cualquier pasajero, cualquier vibración no tendrá más que dejarse llevar para seguirla. A la corriente. El final del viaje lo marca la sal.

La corriente. Lo corriente. Normal y evidente.

Lo normal y la corriente. Abrir unos minutos las puertas y las ventanas cada mañana, invitarla, que ventile, que airee, que oree, que oxigene, que por un lado salga y por otro entre. ¿No es así? ¿No es eso fluir? ¿Comenzar algo nuevo y luego seguir?

Pero es que… A veces se puede ver la hoja, la brizna o la onda del pez arrastradas a la contra por un pequeño agujero en el espejo de la superficie. Una  imperfección generadora de una bonita coreografía del caos. Un ojo abierto al mismo río. Rompe la corriente, su fuerza atrae, es centrípeta, absorbe, ensimisma, roba la atención, detiene los ojos. Un disturbio, una inquietud, una alteración que parece hacer saltar por los aires las ciertas leyes de la naturaleza. Normal. Una pirueta en la lineal corriente. El remolino. Todo el mundo sabe. Es peligroso. Da igual el elemento, da igual si tierra, agua, aire o fuego. Devorarán lo que toquen. Es mejor alejarse, es mejor poner aletas de por medio, nada, nada, sigue nadando.

Pero es que… A veces no, mi querido todo el mundo. No devoran todo lo que tocan. ¿Qué necesidad? Juegan, no ahogan. Nada les obliga. Enseñan el río por dentro, reúnen corrientes en un punto, es mucho más. Suman varias fuerzas coincidentes y que opositan entre sí en tiempo y lugar, quizá una roca en el fondo que habla de ecos, quizá un susurro del viento… Un remolino.

Normal y remolino.

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