Opinión

Polvo

 

– ¡Caramba! ¿De dónde sale usted?

 

 – ¡No me mire! ¡Vengo negro!

– Pues más bien parece que venga blanco. ¿Qué le ha pasado?

– Pues que están derribando el edificio de al lado de mi casa y me tienen todo lleno de polvo.

– Cuando hacen eso suelen estar regando al mismo tiempo…

– Pues aquí no lo han hecho. Y estamos todos los vecinos hartos de tanto polvo…

– Esto me recuerda lo que contaba en clase don Francisco Hernández Pacheco. Fue un gran profesor que acompañaba con anécdotas e historias sus explicaciones. Siempre traté de seguir su ejemplo…

– ¿Hernández Pacheco…? Oí hablar de él. ¿Y qué decía del polvo?

– Contaba que en la isla Stromboli, en el archipiélago de las Lípari o Eolias, el polvo es el eterno suplicio de las amas de casa…

– ¿Stromboli? Me suena. ¿No es la isla donde está la ciudad de los juegos, en el cuento de Pinocho?

– Sí. Pero en geología es famosa por su volcán, que da nombre a un tipo en la famosa clasificación de Alfred Lacroix. Ya sabe: hawaiano, estromboliano, vulcaniano y peleano. Stromboli y Vulcano son dos de las islas Lípari, cerca y al norte de Sicilia. En Vulcano estaba la fragua del dios que da nombre a todo fenómeno volcánico.

– ¿Y cómo son los volcanes estrombolianos?

– No son muy peligrosos. La lava, al ser semifluida, deja salir los gases, cargados con ceniza, entre grandes retumbos. La ceniza recubre el cono y alrededores. Al enfriarse y ser movida por los fuertes vientos –las islas Lípari se llaman también Eolias, hogar del dios Eolo–, invade con un manto de polvo toda la zona. ¡Imagínese lo que tienen que pasar los isleños! ¿No vio la película «Stromboli», con Ingrid Bergman dirigida por su marido, Roberto Rosellini? ¡Una gran obra del cine neorrealista italiano!

– Pues yo había oído que el polvo es característico de algunas zonas desérticas…

– Bueno… sí. Tenga en cuenta que el viento desértico siempre fluye hacia su exterior, seleccionando los tamaños de grano. Así se forman las hamadas y los ergs, o sea, los desiertos de cantos y de arena. Los tamaños aún más finos pueden reunirse también, pero es más frecuente que sean lanzados por encima de las cadenas montañosas y llegan  al mar o a otras regiones más húmedas, donde se depositan añadidos y casi desapercibidos a los otros sedimentos que allí se forman. A veces ese polvo es ferruginoso y parece que llueve sangre… Ocurre así en el sur de Italia, Grecia y España.

«Pero no es en las zonas peridesérticas donde se producen las grandes acumulaciones de polvo, sino en las periglaciares…

Cacería en la Gran Pradera (E.E.U.U.). (Charles M. Russell, 1864-1926)

– ¡No me diga! ¿Y eso?

– Vera usted. Como sabe la era cuaternaria se conoce por cuatro grandes glaciaciones y los periodos interglaciares que afectaron a una enorme parte de Europa y de América del Norte, cubriéndolas de casquetes glaciares o «inlandeis». En la zona de ablación se acumularon morrenas frontales que formaron un frente muy extenso. Al avanzar o retroceder los glaciares iban dejando sus correspondientes sedimentos en enormes superficies. Están formados por partículas de todo tamaño, desde los grandes bloques hasta las más finas. Una vez asentados estos sedimentos, fuertes temporales ventosos arrastraron los granos de tamaño más pequeño, limos y arcillas, y los depositaron, en forma pulverulenta, en amplias zonas, enterrando todo lo que encontraron. Es lo que en geología se llama el loess.

«Pasó el tiempo y estos terrenos, con los cambios climáticos, se transformaron en zonas muy feraces para la fauna herbívora. Se formaron así la Gran Pradera norteamericana, las grandes llanuras centroeuropeas, la Pampa sudamericana y la gran región de Hunyuan, en la china Shansi, el mayor de todos los loess.

«Decía don Francisco Hernández Pacheco que allí, en aquellas lejanas tierras chinas del gran polvo, las viviendas podían hacerse con un simple palo, dada la inconsistencia del loess. Su color amarillento da el nombre al gran río, sembrado en sus escarpadas laderas por multitud de cuevas-santuario. Pero esa facilidad de construcción troglodítica trae consigo su peligrosidad, dado que la región está en zona sísmica activa, provocando derrumbes y miles de muertos con la menor vibración.

«Otra anécdota contada por don Francisco que se me quedó grabada se refiere a las grandes manadas de búfalos que recorrían la Gran Pradera norteamericana, formando con ella un ecosistema del que dependían las tribus indias. Pero llegó el «rostro pálido», para el que, dada la fertilidad del loess, era un bocado muy apetecible, y provocó el exterminio de los búfalos, la expulsión del indio y el intenso sembrado de cereales. Una pertinaz sequía, allá por los años 30, destruyó la sostenibilidad del suelo. Sucedió una época de fuertes vientos que levantaron grandes cantidades de polvo. Fue la ruina y hambruna de miles de colonos, que tuvieron que buscar otras tierras.

Gaucho en la Pampa argentina (Eleodoro Marenco, 1914-1996)

– ¿Y en España?

– No. En España no tuvimos esos trastornos. Los periodos glaciares caracterizan el norte y centro de Europa. En el norte de África fue diferente, marcado por lluvias que han dado nombre a los periodos pluviales e interpluviales. Digamos que en España fue de características intermedias. Para la datación de las terrazas fluviales se emplea la terminología centroeuropea, pero hay muchos matices propios…

«En algunos lugares hay masas arenosas, como la «Tierra de Pinares», entre Segovia y Valladolid, que han tenido este origen eólico. Y en Zamora, en el meandro dominado en la altura por Castronuño, y en…

– Todo esto es sumamente interesante, pero se nos está haciendo tarde, y tengo que ayudar a quitar el dichoso polvo en casa. ¿Quedamos mañana?

-¡Quedamos!



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