Opinión

La otra vuelta al cole

 

En unos días volverán a llenarse las carteras de cuadernos y estuches de bonitos colores. Volveremos a oír vocecillas y risas infantiles tratando de explicar lo divertido que ha sido el verano o lo bien que lo han pasado en la piscina. Todo ello, con alegría mientras se reencuentran con sus compañeros de colegio.

Al mismo tiempo que esto sucede, también volverán los vómitos, los dolores de cabeza, la apatía y hará presencia otra vez las pesadillas.

Es posible, que ese bonito estuche de colores que le compraste con tanta ilusión vuelva a casa roto, como volverá su dueño, escalofriado por esa mirada que llega desde el pupitre de al lado mientras se le resbala por la mejilla una lágrima y recuerda los golpes que recibió el curso pasado, entre la algarabía de los que le sujetaban, tratando de comprender como ese amigo con el que ha compartido desde niño sus cumpleaños lo golpea una y otra vez en los baños del colegio en los que se había refugiado, tratando de evitar precisamente aquello.

Lo anterior perfectamente podía ser un guion de una serie americana o el comienzo de una novela. Sin embargo, es la realidad de tantos escolares, que tendrían que recordar esa etapa como la de mayor felicidad y tachan los días en el calendario, deseando que el tiempo pase y la pesadilla acabe.

Si hay algo que nunca permitiré, es que al que vive con todo ello y calla se le llame débil. Creo que el concepto es equivocado. La debilidad está en quien necesita golpear, humillar, acosar, difamar y un largo etc para sentirse bien.

En quienes necesitan rodearse de “palmeros” que aplaudan sus gracias y suban su ego, porque solos, no tienen las suficientes agallas para enfrentarse a quien intentan someter.

Débil es aquel que por no dar explicaciones en su trabajo, permite que esto ocurra. La debilidad está en todos esos padres que conscientes de ello no paran las situaciones e incluso premian las malas artes de sus hijos intentando acallar sus conciencias y por supuesto, en quienes tienen el poder para acabar con ello y no lo hacen, mientras miran el paisaje desde su despacho y apartan la mirada de lo que realmente importa, pensando que nunca les tocará.

¡Que equivocados estáis! Ahí está la verdadera debilidad y también la cobardía. Una cobardía vil y tirana que mancha las aulas y que hace que las “cosas de críos“ se conviertan en “cosas de mayores“.

Una sociedad que pierde sus valores, que no educa e incita al odio desde la infancia. Se educa para competir, mientras se pierde el respeto y no tenemos en cuenta que los menores repiten las conductas que ven. Los niños de hoy serán los adultos del mañana.

Hablamos de tolerancia y buscamos a los que creemos que son iguales a nosotros, cuando la verdadera riqueza está en ser diferentes. No se trata de encontrar valientes, se trata de no que no existan cobardes.

Volveremos a la rutina y las cosas en este ámbito cambiarán poco. No se hace lo suficiente, ni se le da la importancia que tiene y a los que luchamos porque todo ello acabe, no nos lo ponen fácil, al contrario, cuando realmente somos los que más podemos aportar.

Pero lo que siempre he tenido muy claro, es que si los de abajo se mueven… los de arriba se caen. Y aun así, mucho me temo que volveremos a encontrarnos con miradas rotas y con silencios vacíos mientras la vida sigue y seguimos tachando calendarios.

Más información: Asociación Salmantina contra Bullying y Cyberbullyin -ASCBYC-



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