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La vida de un estudiante en la Salamanca de las décadas de los 50 y 60

David Rodero Rodero cuenta en el libro 'Vivencias y Recierdos de Salamanca' cómo vivió él la vida de un estudiante de Medicina llegado desde su pueblo Zorita de la Frontera

 

David Rodero Rodero ha escrito el libro ‘Vivencias y Recuerdos de Salamanca’ donde relata cómo era la vida de un estudiante de Medicina en las décadas de los años 50 y 60 llegado desde su pueblo Zorita de la Frontera hasta la Salamanca de entonces.

El libro está dividido en cuatro apartados y en sus cincuenta capítulos relata cómo vivían en España hace setenta años, de la precariedad y las carencias. «A pesar de los cual éramos felices».

Rodero recuerda que descubrió la vida estudiantil durante los años del bachillerato, en el viejo edificio del Trilingüe. Con aquel profesorado que tenía un espíritu de enseñanza para los alumnos, «que ahora recuerdo con nostalgia y agradecimiento a los profesores Norberto Cuesta, Gabriel Espino y Juan Nogués«.

David Rodero y sus compañeros del preuniversitario.

La siguiente etapa es de los años de la carrera de Medicina en la antigua Facultad de Fonseca. Se describen algunos lugares emblemáticos, como los soportales de la Plaza Mayor, sus comercios, los bares y salas de cine que ya no existen. Entonces estaban los cines: Cinema Salamanca, Gran Vía, Coliseum, Bretón…  «Estas salas estaban situadas en el centro histórico de la ciudad y en unos minutos caminando llegábamos».

David Rodero cuenta que su economía solo les permitía ver las películas desde el “Gallinero”. El patio de butacas estaba vetado. Ahora estos cines han desaparecido, en parte por la especulación urbanística y también por el desarrollo económico y social, que condiciona los gustos y preferencia de la población.

«Para nosotros, el cine fue un lugar maravilloso donde dejando volar nuestra imaginación, nos identificábamos con el protagonista de la película. Y donde en algunas ocasiones podíamos ver los besos que en la realidad teníamos vetados».

Charlataness Plaza del Mercado

El Barrio Chino de Salamanca, de tanto esplendor en los años de la postguerra, los charlatanes de la Plaza del Mercado, con un templete donde colocaban la maleta y al lado una plataforma para subirse, desde donde hacían propaganda de los productos de venta. «Estábamos sorprendidos de la multitud de cosas que contenía la maleta».

Fielato del Puente Romano.

El Fielato en las entradas de las ciudades controlaba los productos alimenticios, que entonces estaban sujetos a gravamen. Y por tanto había que satisfacer un canon económico, del que siempre protestábamos los viajeros. «Aplicando la picaresca pretendíamos camuflar algún producto. Pero cuando los inspectores descubrían la trampa, entonces había que abonar el canon y la multa correspondiente».

Estudiante de Medicina

El primer curso comenzó en el año 1957, era selectivo en la Facultad de Ciencias, en el Palacio de Anaya y común para las carreras de Medicina, Química e Ingeniería con cuatro asignaturas: Física, química, matemáticas y biología.

El catedrático de Biología era Fernando Galán, investigador y docente con una gran entrega a la enseñanza, tenía un gabinete donde los estudiantes como David Rodero realizaban las prácticas de la asignatura con las moscas del vino. «Se le consideraba como uno de los grandes genetistas de su tiempo».

El Segundo curso era el primero de Medicina en el antiguo edificio de la Facultad situado en la calle Fonseca, que fue Hospedería adosada al Colegio de Fonseca, cuyo edificio albergó la Facultad de Medicina desde  1903 hasta 1988 que se traslada al campus Miguel de Unamuno.

La clase de Anatomía se impartía en el Auditórium que tenia forma de circo romano, con la tarima, la mesa del profesor y la pizarra situadas en el fondo de la sala y los bancos de los alumnos corridos ascendían progresivamente hasta la última fila donde las explicaciones apenas era percibidas, porque no llegaba la voz del profesor.

El encargado de la Cátedra era Pablo Beltrán de Heredia, que estaba a punto de la jubilación, y como profesor auxiliar estaba Luis Santos, cariñosamente todo el mundo le llamaba “Luisito”, delgado y con aspecto juvenil, pero de grandes dotes para la enseñanza de la anatomía. «En sus clases era imposible no estar atento, con sus frases ingeniosas, y sus dibujos que era imposible no comprender a poca atención que prestaras, solo necesitaba un trozo de tiza y la pizarra para impartir una clase magistral».

Junto a Pablo Beltrán de Heredia el 6 de junio de 1960.

La asignatura de fisiología especial la impartía Vicente Moreno de Vega. Casi todos los días dedicaba unos minutos a preguntar alguna cuestión de lo explicado el día anterior. «Afortunadamente y con cierta intencionalidad, casi siempre preguntaba a los que sabían la lección, les conocía previamente porque eran buenos estudiantes, que llevaban al día los temas de la asignatura».

Con la finalización de la etapa preclínica en la Facultad, «tuvimos una jornada festiva, la fotografía en las escaleras de la Catedral en la Plaza de Anaya, es el testimonio de aquel acto, aparte de los compañeros del curso, hay algunos invitados: el Cuadrado como Decano de la Facultad, el Padre Palomo que impartía la asignatura de religión, que teníamos en los cursos preclínicos».

Actos del 4º Curso de Medicina en Salamanca, 25 de febrero de 1961.

Ombredanne

Como anécdota, Rodero escribe sobre el famoso ‘Ombredanne’ artefacto compuesto de la mascarilla de acople al paciente y la bola superior donde se depositaba el éter o cloroformo, que el enfermo aspiraba en cada inspiración hasta quedarse medio dormido, pues al final de la intervención aspiraba más anestésico el anestesiador que el anestesiado, de aquí viene la definición del anestesista: “Un hombre medio dormido a la cabecera de una paciente medio despierto”.

 

Los tres cursos de clínicas tuvimos a Fermín Querol que era catedrático desde el año 1935, decía que le había dado posesión de este puesto académico tan importante, Don Miguel Unamuno, entonces rector de la Universidad en un acto íntimo y sencillo protagonizado por ellos dos. «Estuvo dando clases hasta su jubilación en el año 1976 y falleció en 1981. Recuerdo en una de sus clases, la descripción del infarto de miocardio, decía: “Se trata de una persona que paseando por la calle, siente un dolor en el pecho (no empleo la palabra precordio, él se señalaba la zona del dolor) y nota dificultad para seguir andando, se para delante de un escaparate y piensa que malo me estoy poniendo, parece que me voy a morir y continuaba Don Fermín y “algunas veces acierta y se muere”.

Foto de fin de la carrera, 18 de abril de 1964.

«En Abril de 1964 celebramos los actos del fin de Carrera, con una misa en la capilla de la Universidad y a mediodía la comida en los salones delhHotel Monterrey, que era la despedida de la Facultad, siguiendo la costumbre invitamos a algunos de los profesores, como agradecimiento a sus enseñanzas», concluye.

El grupo de doctores en las Bodas de Oro.

*** Fotos cedidas por David Rodero Rodero


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Un comentario

  1. Podía hacer muchos comentarios, pero «Luisito», es Luis Santos fallecido hace unos años en un trágico accidente, no fui su alumno, pero si su compañero y efectivamente fue un gran profesor y yo podía comentar muchas anécdotas suyas, por ejemplo su reacción ante las recomendaciones, o de una alumna que le ofrecía favores a cambio del aprobado, pero lo que quizás no se sepa es como preparaba las clases, la cantidad de tiempo que empleaba y los maravillosos dibujos estaban perfectamente preparados y ensayados, las preparaciones fueron siempre exhaustivas.

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