Opinión

Los dientes de la tortuga

En abril de 1981 vino a verme a Salamanca el académico polaco Marian Mlynarski, famoso paleoqueloniólogo, que estaba tratando de organizar el I Simposio Mundial sobre Tortugas Fósiles, finalmente celebrado en París dos años después.

Era un hombre con una vida muy intensa: padeció las duras ocupaciones de su país; miembro activo de Solidaridad; con un título de nobleza polaco; persona de fuertes convicciones católicas, le había casado Karol Wojtyla; y muchas cosas más…

A un personaje así había que impresionarle, así que monté para él una exposición con lo que entonces había –que ya era muchísimo—en la biblioteca del Departamento (hoy Área) de Cristalografía y Mineralogía. Éste fue el origen de las exposiciones posteriores y de la Sala de las Tortugas.

El profesor Mlynarski quedó maravillado de lo que vio. Y su admiración por Salamanca subió hasta las estrellas por los detalles que disfrutó. Se hospedó en el C. M. Fonseca, invitado por el Rector Amat (“nunca estuve tan bien alojado” –dijo); por casualidad asistió a ensayos folclóricos y estando de visita en el Claustro de las Dominicas, éstas nos sorprendieron con sus cánticos litúrgicos en la paz del atardecer primaveral. Pero lo que casi le llevó al éxtasis fue su estancia en Alba de Tormes, cuando rezó ante la tumba de Santa Teresa, de quien era, como buen polaco, profundísimo admirador. Su estancia en Salamanca fue comentada encomiásticamente en cuantos sitios recorrió este infatigable y políglota viajero.

El día que se fue de Salamanca impactó al mundo entero la noticia del terrible atentado a Juan Pablo II. Al llegar a Madrid me llamó, muy impresionado.

Antes de marchar de aquí me dijo que tenía cinco ejemplares en Cracovia que quería donar a la Universidad de Salamanca.

[pull_quote_left]…Un aduanero le preguntó por el contenido de aquella caja. La abrió y mostró el certificado polaco. No hubo problema. Pero a continuación preguntaron por las bolsitas de plástico con los dientes de roedores que ella había sacado de Hungría ¡sin ningún certificado![/pull_quote_left]Al cabo de unos años quiso cumplir su ofrecimiento. Pero… ¿cómo hacer llegar los fósiles  a Salamanca?

La solución estuvo en un Congreso de Paleontología que se celebró en Budapest. Él pensó que algún español asistiría y podría servir como de correo o transportista.

¡Dicho y hecho! Así conoció a Nieves López, gran micropaleontóloga de Madrid, especialista en roedores, que aprovechó aquel congreso para recoger algunas muestras húngaras, mandíbulas y dientes sobre todo. A ella le entregó el profesor Mlynarski el paquete con las cinco tortugas y un certificado en el que se decía que eran una donación de la Academia de Ciencias de Cracovia a la Universidad de Salamanca.

A su vuelta a España, Nieves López y los que con ella venían atravesaron diversas fronteras. En una de ellas un aduanero le preguntó por el contenido de aquella caja. La abrió y mostró el certificado polaco. No hubo problema.

Pero a continuación preguntaron por las bolsitas de plástico con los dientes de roedores que ella había sacado de Hungría ¡sin ningún certificado!

¡Son los dientes de estas tortugas! – respondió Nieves como un rayo.

Pasaron la Aduana.

¡Admirable la inteligencia de esta mujer, ejemplo de nuestra chispa hispana, que comparte vuestra sonrisa desde el lugar que hoy ocupa en la eternidad! Los cinco ejemplares, de Austria, Suiza y tres de China, lucen hoy en la Sala de las Tortugas de la Universidad de Salamanca.

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Anosteira maomingensis, del Eoceno superior de Maoming , Kwantung (China). Donación Mlynarski.

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