Opinión

Bodas de Oro Doctorales

 

En estos tiempos en los que diversos personajes –personajillos– han tirado por los suelos algo que debería ser sagrado, como son los títulos de Doctor, quiero alzar mi voz contra ellos, practicantes del arte de una ruin picaresca para conseguirlos, ensuciándose a sí mismos y a quien se los concedió o falsificó.

 

Quiero recalcar que estos títulos, máximos que puede otorgar una Universidad, son la expresión de su sabiduría, algo que hoy parecen olvidar algunas autoridades que deberían salvaguardarla.

Y quiero defender a los Doctores de la Universidad de Salamanca, que contribuyeron tan enormemente a la grandeza del Alma Mater y que deberían ser el orgullo de ESPAÑA.

Desde sus orígenes, la lectura de las Tesis se realizaba en la Capilla de Santa Bárbara, en el Claustro de la Catedral Vieja. Parece ser que se hizo así incluso en el siglo XIX. Era tradicional que el futuro Doctor pasase la noche anterior «en la capilla» y que se sentase con los pies apoyados en los de la estatua yacente del obispo Lucero, allí enterrado. La expresión se aplicó después a otros usos muy diferentes, como la última noche de los condenados a muerte. El ceremonial de los doctorados era muy complejo y no asequible a todos los bolsillos, razón por la cual muchos estudiantes los finalizaban en otras universidades menos prestigiosas.

La Capilla de Santa Bárbara en la Catedral Vieja de Salamanca.
La Capilla de Santa Bárbara en la Catedral Vieja de Salamanca.

Los Doctores de la Universidad de Salamanca tienen el honor y el derecho de colocar su VITOR en las paredes del recinto universitario. Esto ha sido copiado por otras universidades, pero la de Salamanca añade algo que parece una «C», pero que en realidad es la Luna que concedió el Papa Benedicto XIII, «el Papa Luna», a comienzos del siglo XV. ¡Eso no puede tenerlo ninguna otra!

El general Franco, nada más obtener en Salamanca el poder supremo del Ejército, copió este histórico símbolo, pero no con la luna, sino con la «C», transformándolo de VITOR (¡Viva!) a VICTOR (¡Victoria!).

En 1936 nadie podía poner su VITOR al no haber doctores salmantinos desde hacía más de 80 años: en 1857 el ministro Claudio Moyano había decretado que los títulos de Doctor sólo pudiesen ser dados por la Universidad Complutense en Madrid, llamada Central por tal motivo. Casi cien años después, en 1953, para conmemorar el «VII Centenario» de la Universidad de Salamanca –Bula Papal de 1253– se concedió a ésta, únicamente, el privilegio de dar también el título de Doctor. Un año después se extendió la concesión a todas las demás universidades. Nuevamente las fachadas universitarias salmantinas pudieron engalanarse con los Vítores, que habían sido prohibidos en 1757, debido a los disturbios que se producían por su exhibición. Parece ser que estaban más ligados a la promoción y proclamación de catedráticos y altos cargos que a la de doctores.

Vítor antiguo en la Catedral Nueva (Foto: Lola Moro)
Vítor antiguo en la Catedral Nueva (Foto: Lola Moro)

Los Doctores de Salamanca tienen otro privilegio histórico. Delante del Rey podían –y pueden– permanecer con el sombrero puesto, lo que sólo era permitido a ellos y a los Grandes de España. Por esta razón cuando los reyes entraban –y entran– en la Capilla Real de la Universidad de Salamanca, donde le esperaban los Doctores, de pie y con el birrete en la mano, las primeras palabras que decían los Monarcas eran: «¡Doctores, cúbranse!«. Ese «cubrimiento» no lo puede hacer ni siquiera un presidente del gobierno, por mucho título que tenga, conseguido sabe Dios cómo. ¡No son Doctores por la Universidad de Salamanca!

¡Yo si puedo! ¡Soy Doctor en Ciencias Geológicas por Ella, desde el 28 de enero de 1970! Y si algún día me encuentro delante del Rey, estaré con el birrete u otro sombrero en la mano –por educación– y le diré si puedo ya ponérmelo en la cabeza. Y si me pregunta le explicaré esta antiquísima tradición, y me cubriré. ¡A mucha honra!

No sé si os habéis fijado en la fecha en que acabo de decir que leí mi Tesis Doctoral. El 28 de enero se cumplen 50 años de aquel acontecimiento. Fue la primera en Ciencias Geológicas de Salamanca. Meses después, el 24 de junio, lo hizo Ofelia Suárez Méndez. Los siguientes Doctores, Enrique Martínez García y Guillermo Corretgé Castañón lo fueron en 1971, el 27 de febrero y el 30 de junio, respectivamente.

La Investidura de los nuevos Doctores, en 1970, se celebró en la Apertura de Curso (3 octubre). Sin puñetas, estaban acompañados por sus Padrinos, que sí las llevaban. Eran, de izquierda a derecha: Luis Zamorano y Esperanza Pascual (Facultad de Medicina); Antonio Arribas y Emiliano Jiménez (Ciencias); Vicente Ramírez de Arellano e Inocencio García Velasco (Derecho); Miguel Cruz Hernández y Antonio Linage (Letras).
La Investidura de los nuevos Doctores, en 1970, se celebró en la Apertura de Curso (3 octubre). Sin puñetas, estaban acompañados por sus Padrinos, que sí las llevaban. Eran, de izquierda a derecha: Luis Zamorano y Esperanza Pascual (Facultad de Medicina); Antonio Arribas y Emiliano Jiménez (Ciencias); Vicente Ramírez de Arellano e Inocencio García Velasco (Derecho); Miguel Cruz Hernández y Antonio Linage (Letras).

Ha pasado el cincuentenario de la Sección de Geológicas de la Universidad de Salamanca, y no se ha celebrado de ningún modo. Sólo yo lo recordé en La Crónica de Salamanca. ¡Una pena que otros no hayan aprovechado la ocasión! Por eso no me hago ilusiones de que se celebren mis Bodas de Oro Doctorales. Tampoco hace ninguna falta. Lo haré yo por mi cuenta, brindando por todos los que hicieron grande a mi octocentenaria Universidad de Salamanca. ¡Ojalá nos pudiésemos reunir los 4 primeros Doctores en Geología, pero la vida nos separó y no sé nada de ellos! ¡Tempus edax rerum!


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4 comentarios

  1. Muchas felicidades por sus Bodas de Oro Doctorales, Doctor Emiliano, que ud. las sepa sobrellevar y a por las siguientes. Un abrazo.

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