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De la sequía al coronavirus: el campo salmantino pide ayuda

Miguel Ángel Flores, ganadero salmantino, demanda mayores ayudas del Ejecutivo al campo porque los gastos ‘derriban’ a los ingresos. “El Gobierno ha ido tarde”.

 

El campo ni quiere ni puede parar. Ya lo era, pero ahora más que nunca, se ha convertido en una de las actividades más esenciales en esta crisis del coronavirus que tiene a España confinada en sus casas, con el único objetivo de que esta pesadilla termine lo antes posible.

Por: Chema Díez Juan

Pero, desayunamos, comemos y cenamos cada día; por ello, la producción de alimentos (de calidad) es una actividad que debe funcionar mejor (si cabe) que nunca, con el fin de que ningún supermercado, tienda o carnicería se quede sin alimentos para la población.

Uno de los profesionales que sigue al pie del cañón en sus explotaciones es Miguel Ángel Flores, ganadero salmantino, quien vive esta situación con el cierto privilegio de poder seguir realizando su labor igual que antes, aunque con la responsabilidad de hacer las cosas bien y quedarse en casa cuando su labor toca a su fin. ¿Cómo valora la actual e imprevista crisis del coronavirus? ¿Qué sector saldrá peor parado de esta delicada situación?

Flores no para, no descansa y sigue al pie del cañón cada día, para sacar adelante sus cinco fincas (con ayuda de tres trabajadores y su padre, que sigue fiel a su cita diaria con el campo) ubicadas en Ciudad Rodrigo, Ledesma y Cáceres, donde el ganado vacuno y porcino son protagonistas. No en vano, más de 1.000 madres reproductoras de vacuno (80% de raza limusina) y 1.000 cerdos de bellota comparten ubicación solo durante los meses que los segundos salen a la montanera para completar la campaña de este sector del porcino. Además, 1.600 cerdos de cebo en integración son parte de su labor en el sector, que comparte con la siembra de forraje para alimentar al ganado e intentar minimizar costes. Imposible parar por nada ni nadie…

Miguel Ángel Flores, ganadero salmantino
Miguel Ángel Flores, ganadero salmantino.

Pero, en contra de lo que pueda parecer, trabajo no falta, aunque no es nada sencillo encontrar trabajadores, y menos en tiempos de coronavirus. “Tuvimos muchos problemas para encontrar un buen trabajador en la finca de Extremadura, ya que profesionales cualificados para esta labor, no hay muchos. En apenas dos meses, hemos tenido que contratar a seis diferentes; conocer los pequeños detalles de este sector es muy importante. Quizá la gente piense que para trabajar en el campo vale cualquiera, pero no es así. Hay que cuidar muchas cosas y tener conocimientos del día a día”, aclara el ganadero Miguel Ángel Flores.

Su trabajo diario de alimentar y cuidar al ganado, mantener las fincas, que nada falle, solucionar los problemas… no le ha causado ningún inconveniente. “Nosotros hacemos todo legal; yo incluso les he firmado un papel a los trabajadores con el sello de la empresa por si en algún momento las autoridades les dicen algo, para que todo esté según establece la normativa actual, aunque no nos ha hecho falta nunca”, explica.

Mismos gastos, menos ingresos

La peor parte de todas, derivada del Covid-19, también es la económica, y pese a que su actividad no ha parado, sí lo ha hecho la velocidad de venta ante la actual crisis sanitaria.

“Antes cargábamos animales de categoría ‘Extra’ a 3,80 euros/kilo, mientras que en la actualidad lo hacemos a 3,50 o 3,55 euros; en la Lonja es cierto que cada semana bajamos el precio, pero los animales valen lo mismo que al inicio del confinamiento. Lo que pasa es que el precio real no estaba reflejado; podemos decir que hay una estabilidad un poco a la baja, que esperemos que no vaya a más”, analiza Flores.

Pero, claro, un precio un poco menor y una bajada de la matanza reducen los ingresos, cuando los gastos son (al menos) los mismos. “Nosotros tenemos muchos gastos, porque todos los días hay miles de euros que tenemos que pagar. Ahora es cierto que tenemos suerte con el tiempo, con una buena primavera para que haya hierba para los animales. Pero los que están en el cebadero comen todos los días. Antes de esta situación, matábamos 20 animales todas las semanas y ahora matamos una sí y una no, pero solo 16. Hay una diferencia importante”.

“En una explotación como la mía, al final hay mucho movimiento de dinero y siempre tienes ingresos; pero lo que entra por un lado, siempre se va por otro, y muchas veces se gasta mucho más de lo que se ingresa. Inviertes en terreno, pagas facturas… pero beneficios ahora, cero. Además, venimos de un año de sequía, el pasado, que fue muy duro por la sequía. Y este 2020, que en lo meteorológico está siendo bueno, en lo económico, por el coronavirus, va a ser también malo”, reconoce Miguel Ángel Flores.

Uno de los aspectos principales que afecta al consumo en el sector del vacuno es el cierre de todo lo relacionado con el turismo. La mayor parte de las piezas nobles del vacuno se consumen en hoteles, restaurantes, catering… la gente puede comprar en la carnicería, sí, pero no se lleva chuletones o solomillos; está todo más parado. Sin embargo, creo que la exportación va bien por el Ramadán”.

El porcino, casi en la ruina

“La actual situación del sector del ibérico es bastante desastrosa; ahora, están pagando 14 y 15 euros la arroba en el cebo de campo, alguna partida igual 16. Dentro de este sector hay gente seria sí, pero también hay quien no respeta los contratos firmados o si lo hace, el pago es hasta un año más tarde. ¿Cómo soporta eso un ganadero?”, explica Flores.

En cuanto a la bellota, este ganadero de Ciudad Rodrigo señala que “va a haber menos cerdos de bellota de cara al futuro porque se vendieron menos lechones en su momento y ahora hay un excedente, que ha dejado a este producto casi sin precio. La gente los tiene que quitar porque apenas se venden”.

En lo que se refiere a la actual, “los industriales se empeñaron en echar por tierra el precio del 50% aludiendo a que su salida en el mercado es peor por la desinformación del consumidor, y eso puede obligar a que en el futuro solo haya una categoría de bellota, ya veremos. Pero fue una estrategia de mercado”.

“Esta campaña ha terminado con las mismas cifras de cerdos sacrificados que el año anterior, pese a que algunos se han encargado de decir que había muchos más en el mercado. La realidad nos ha confirmado que no ha sido así”, explica Miguel Ángel Flores.

Ayudas al sector

“De momento, el sector no cuenta con ayudas nuevas, lo que hay es insignificante. Dicen que nos pagan la Seguridad Social… ¿pero qué suponen 300 euros al mes? Es muy poco. Lo que sería interesante es que el Gobierno comprase producto para congelarlo e intentar dar un poco de aire al sector. Esto es una pandemia mundial, está claro, pero en otros países de Europa hay mucha más agilidad que en España”.

Para Flores, “el Gobierno ha ido tarde, no ha tenido previsión y está claro que no se puede hacer todo de un día para otro. Ha demostrado que no tiene gente formada en los puestos de responsabilidad, o lo que es lo mismo, profesional del sector a que representa en los diferentes ministerios. Así no puede ser”.

En lo que se refiere a su sector, con el ministro Planas, “es nulo total. Lo ha sido desde el principio y lo es ahora también. Es un cero a la izquierda; han hecho más las CCAA que el propio gobierno por el campo”.

Otro aspecto que preocupa, y mucho, al sector es el futuro de las ayudas de la PAC: “No creo que esta situación influya para bajar el presupuesto. Lo que debe hacer Europa es mantener, al menos, las ayudas que había hasta ahora. Nos haría un daño tremendo una reducción del presupuesto”.

La vida… no es igual

Por último, la vida social y las relaciones personales también se han visto muy afectadas por la crisis del coronavirus y Miguel Ángel Flores no es ajeno a esta situación. “Está claro que la vida ha cambiado a la hora de tener relación con la gente. Dentro de lo malo, los que trabajamos en el campo somos unos privilegiados porque podemos salir de casa a trabajar y no estar 24 horas encerrados. Eso es media vida… dentro de cómo está todo, soy un privilegiado por poderme mover”.

 

Asimismo, reconoce que el hecho de no poder ver “a los amigos, la familia… es complicado y eso que ahora hay más facilidades con las videollamadas y todos estos avances. Pero parece que falta algo…”.

Y tanto que falta… pero mientras la vida se paraliza, el campo sigue, no puede parar.


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