Opinión

Zamora…

 

La llamada telefónica de un amigo de Zamora, compañero de las rutas jacobeas, y mi diario trajín con los refranes –dimes y diretes, pretendido alivio de cuarentenantes– me han abierto una cascada de recuerdos en relación con la querida tierra zamorana.

 

Era yo muy niño, aún no iba al colegio, y había en casa un libro –no sé ni el título ni el autor– que tenía muchos grabados. Mis hermanos me habían enseñado a leer con los tebeos de entonces y aquel libro era uno de mis entretenimientos favoritos.

Había un grabado que se incrustó dentro de mí, quizás influenciado por las hazañas de «El Guerrero del Antifaz«. En él se veía un caballero medieval, erguido ante una muralla. Y su pie decía «No se tomó Zamora en una hora«. Después, en el colegio, me contaron el significado de esa frase, con la historia del asedio de la ciudad por Sancho II el Bravo, su muerte traicionera a manos de Vellido Dolfos y la tardía intervención del Cid Campeador.

Cuando me aficioné, siendo niño, a la filatelia, me sorprendió un sello en el que un guerrero medieval, a caballo, está ante una muralla, contemplando el horizonte. El sello se emitió en 1940 por primera vez y luego se repitió en varias series más junto al Caudillo. Me dijeron que era una imagen del Cid, vencedor de su última batalla siendo cadáver. Hoy sé que se trataba de una reproducción de un cuadro de Marceliano Santa María, el gran pintor de Castilla.

¿Cuántas veces oiría luego esa frase de la hora zamorana? Se aplica a todo aquello que se tarda mucho en hacer, como si fuese sinónimo de que «hay que tener paciencia». Se podría aplicar al tiempo actual en que la tenemos que tener –¡y mucha!– para vencer al terrible coronavirus que nos está amargando la vida, y a muchos, quitándosela.

Me enamoré de Zamora desde el primer momento que entré en ella, quizás influido por el recuerdo de aquel grabado. Y me emocioné ante el famoso Postigo de la Traición, hoy cambiada por «de la Lealtad«, en su muralla, que evoca aquel episodio, y ante la románica Cruz del Rey Don Sancho, donde dicen que éste falleció, y donde todos los años se detiene la Romería de La Hiniesta para que el Niño Jesús corretee por el campo, libre de la atadura de Su Madre. ¿Se celebrará este año la Romería, que hasta ahora no se suspendió jamás? De hacerse, como siempre, el Lunes de Pentecostés, sería la 730ª vez que la Virgen de la Concha, con el Niño, visita a su Prima, la Virgen de la Hiniesta. ¡Por favor, que se retrase si acaso, pero que no se suspenda!

El Postigo de la Traición, o de la Lealtad, en la muralla de Zamora.
Foto. Turismo de Castilla y León

Pero si este refrán sigue corriendo de boca en boca por toda España hay otro, también referente a la milenaria historia de Zamora, que ha sido olvidado. Yo la leí, hace mucho, en un libro del siglo XIX, cuando aún no se había perdido. Es la siguiente:

«Zamora es buena tierra»

Con este dicho se elogiaba cualquier cosa de cualquier lugar, fuese de donde fuese. Pero… ¿donde está su origen?

Se contaba que la dijo Alfonso III el Magno, último rey de Asturias y primero de León, enamorado, como yo, de Zamora, donde quiso ser enterrado, pero no se lo concedieron por temor a expolios de la morisma.

La Cruz del Rey Don Sancho, entre Zamora y La Hiniesta.

Pero es poco probable que él la dijese, aunque sí que estuviese en su pensamiento. Debió ser de uso generalizado cuando los campos de Zamora eran codiciados tanto por los guerreros cristianos como por los andalusíes, a finales del siglo IX y comienzos del X. En relación con esto en la tradición musulmana se habla del «Día de Zamora«, que figura incluso en las Mil y Una Noches como recuerdo de una jornada de luto. Es porque en el año 901 se libró una cruentísima batalla cerca de la ciudad, de cuyo resultado fue rara la familia emeritense que no llorase la pérdida de alguien.

Otro viejo refrán que, salvo para los lectores de libros antiguos, está olvidado, es el siguiente:

«Échate y folga, rey de Zamora»

Se decía de los que, cuando tenían que atender un asunto muy serio, lo descuidaban y se dedicaban a divertirse en otros menesteres o a «esconder la cabeza, como las avestruces»

No sé exactamente si el rey en cuestión fue Sancho IV el Fuerte, rey de Castilla y León, pero presumo que fue a él, cazador y descubridor de la Virgen de la Hiniesta, a quien se lo adjudicaron durante las luchas civiles que ocasionó la sucesión de Alfonso X el Sabio. La dirían los partidarios de los Infantes de La Cerda, burlándose de su tío y rival.

¡Qué fascinante es la Historia de España y sus refranes!

Y hablando de todo un poco, en esta «ocurrencia» he mencionado a unos reyes que me traen el recuerdo de un dicho que se aplicaba, cuando llegué a la Universidad de Salamanca, a los catedráticos nuevos, aludiendo a la evolución de su trato con los alumnos. Venía a decir que en el primer año de su magisterio los trataban como «Sancho el Bravo«. En el segundo como «Sancho el Fuerte«. Y en el tercero, ¡¡como «Sancho Panza!!».


Un comentario

  1. Buenos dias:
    Genial su ocurrencia de esta semana querido amigo:
    Disculparme porque he estado demasiado ocupada en unas semanas y no he leido alguna de sus ocurrencias,
    Me encanta la cultura a la que accedemos semanalmente a traves suyo..
    Me ha encantado asi como el tema de refranes,.
    Yo estoy recopilando una selección de refranes canarios muy curiosos y si lo deseas puedo hacerte llegar.
    un abrazo muy fuerte.
    flor

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