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“Nadie está preparado para ver como un paciente muere solo”

Ainhoa Rivero, enfermera del hospital de Salamanca cuenta en primera persona cómo ha vivido la brutal crisis sanitaria que se ha llevado demasiadas vidas

 

La crisis del coronavirus, que ha azotado con virulencia a España durante los últimos meses, ha dejado multitud de testimonios, historias y confesiones, con sentimientos contradictorios. Por un lado, la rabia por haber tenido que vivir y enfrentarse a algo desconocido, que parecía imparable; y, por otro, la satisfacción de haberlo dado todo en unos momentos tan difíciles y haber podido ayudar a salvar vidas en el mejor de los casos, y ayudar a tener una muerte digna en otros. No es fácil ni agradable tener que vivir algo así… pero ha sido una realidad diaria

 

Éste es el caso de Ainhoa Rivero Martín, enfermera del hospital de Salamanca, que ha estado en primera línea de ‘batalla’ para mostrar todo su esfuerzo para derrotar al ‘mal bicho’ que ha causado estragos en el sistema sanitario y en la vida de miles de personas. Si ha quedado claro algo tras vivir algo así es que el papel de las enfermeras es clave en el sistema sanitario, más aún tras la llegada de la Covid-19. Para muchas personas han sido su apoyo, su única referencia, su contacto personal durante muchas semanas; y, en el peor de los casos, las que estuvieron a su lado a la hora de morir.

Por eso, no es de extrañar que muchas lágrimas hayan salido de sus ojos por impotencia, por rabia, frustración… y porque todos somos humanos, al igual que por el riesgo de contagio con este virus y poder transmitirlo a sus familiares. Sí, detrás de este testimonio hay una persona de carne y hueso, que siente, que sufre… y que se ha vaciado en esta lucha. “Muchas personas dejaban a sus familiares en urgencias sin saber si los volverían a ver; ha sido muy duro”.

Primeros días del coronavirus: “El principio de esto lo vivimos como si se parase todo, y desde el hospital hubo un gran cambio. En mi caso, yo trabajo en quirófano y dejé mi puesto, como otros muchos profesionales, para atender a las plantas Covid que se iban generando con el paso de los días. Es cierto que todo se desbordó y hubo momentos muy complicados porque había que atender a todos esos pacientes contagiados, lo que supuso una reestructuración del hospital. Las plantas dejaron de ser de cirugía, otorrino y demás para ser solo plantas Covid. Al principio hubo un poco de caos, pero creo que en Salamanca se ha trabajado muy bien y con organización gracias al compañerismo y a la unidad de todos. Nunca se notó el hecho de que cada uno viniese de un servicio diferente porque todos íbamos a una”.

Protección: “Es cierto que tuvimos EPIs desde el principio, pero también que fueron escasos. Está claro que no contamos con todos los que nos hubiese gustado y quizá no supimos mirar a los países que iban delante de nosotros en esta pandemia. En nuestro turno, teníamos que usar el equipo al máximo, siempre con alguien delante a la hora de quitar y poner para no saltarnos ningún paso y asegurar al máximo nuestra protección”.

Vivir con un EPI: “Este tipo de equipos dan mucho calor y cuando nos lo retirábamos, teníamos que cambiarnos la ropa porque estábamos empapadas. Fíjate, entre las mascarillas, las gafas, los guantes… todos los que hemos usado estos EPI hemos tenido esas marcas en la cara que han aparecido en muchos sitios, no es una mentira, ha sido algo real. De hecho, antes de vestirnos, teníamos que hacer todo para evitar quitarnos el equipo de protección hasta el final del turno y salvo una situación muy extrema, nunca lo hemos hecho. Todos hemos aguantado y sido muy responsables con nuestros pacientes. No en vano, también tengo que reconocer que el tiempo del turno se pasaba rápido, no sabíamos cómo, pero así era. Hemos intentado siempre que el paciente estuviese cómodo y bien dentro de las dificultades existentes en un contexto como éste. Cualquier zona que se pudiese habilitar con una campa y oxígeno se habilitó para tratar a los contagiados. Estábamos con ellos sin prisa, salvo que fuese indispensable, les dábamos lo que necesitaban… hemos hecho de todo, incluso tener una conversación con ellos, cargarles los móviles o marcar el teléfono porque muchos ni podían hacer eso por los nervios. Éramos el único contacto con gente que tenían durante el día y esa parte humana ha sido fundamental”.

Ainhoa Rivero, enfermera del hospital de Salamanca.
Ainhoa Rivero y sus compañeras enfermeras del hospital de Salamanca.

Todos a una: “Los pacientes que llegaban en peores condiciones solían ser personas mayores a los que veías entrar una vez que los familiares los dejaban en urgencias; a partir de ahí, estaban solos, sin sus seres queridos. Hemos tenido miedo, claro que sí, pero a la vez les hemos transmitido muchas ganas y fuerza para vivir, siempre con su colaboración. Se agarraban las mascarillas, el oxígeno… hemos luchado todos juntos en situaciones muy intensas y ante las que nadie estaba preparado”.

La soledad del paciente: “Los pacientes no podían tener ni un acompañante en el hospital y, por desgracia, muchos de ellos han muerto solos; ha tenido que ser una gran angustia para ellos y sus familiares. Nosotros tampoco estamos preparados para ver cómo un paciente muere solo; de hecho, creo que nadie lo está. Hemos hecho lo que hemos podido, acompañándolos, avisando a las familias sobre su estado… y al final sí que se permitió entrar a los acompañantes. Fue un gran alivio ver cómo ya no estaban solos, cómo alguien podía estar en los últimos momentos con su familiar. Si ya ha sido muy injusto morir así, imagínate cómo es hacerlo solo. Muchos dejaban a los contagiados en urgencias sin saber siquiera si los volverían a ver”.

‘Su’ planta: “En mi caso, la planta en la que he estado trabajando era de personas con una edad avanzada, gente mayor, mucha que llegaba de las residencias. Al principio fue todo muy triste porque los que ingresaban, fallecían. Pero, poco a poco, se fue solucionando todo y cada vez que una persona se recuperaba y salía del hospital, verla salir era muy, muy emocionante”.

Situación actual: “Estamos volviendo con cautela a la nueva normalidad. Los profesionales regresan ya a su servicio habitual porque, por fortuna, la situación ha mejorado un poco, aunque aún existen plantas dedicadas solo a Covid”.

¿Temor a un rebrote?: “Sí, lo hay. Por lo que escuchas, oyes, lees… hay miedo a que vuelva a producirse esta situación, pero tenemos que estar preparados. Ocurra o no, hay que evitar que esto se colapse e invertir en sanidad y en profesionales, no se puede dejar de lado. Todo esto es invertir en vida para disminuir la mortalidad, que es lo más importante”.

¿Actuó tarde España?: “Bueno (reflexiona)… creo que no hemos creído que fuera a ser tan virulento hasta que no lo hemos vivido. Cuando lo ves desde fuera, crees que no va a llegar y no va a ser así, pero nos pilló a todos y el virus iba muy por delante de nosotros; no nos dio tiempo a adaptarnos a la situación. Una vez que lo peor ha pasado se pueden pensar muchas cosas; igual un confinamiento, unos días antes, hubiese prevenido muchos contagios”.

Labor en equipo: “El trabajo ha sido mucho más intenso que nunca antes. Ha habido cambios de turno, más horas por hacer y todos los profesionales lo hemos aceptado porque es nuestro trabajo; desde las enfermeras y los médicos, hasta los celadores y el servicio de limpieza. Todo el mundo ha dado el 200% y nadie ha cuestionado nunca nada”.

El peor momento: “Sin duda, cuando llegó el pico de contagios. Estuvimos a punto de llegar a un punto crítico, porque cada habitación o cama vacía se limpiaba e higienizaba para dar paso a otro ingreso, y solo el gran trabajo de los profesionales evitó un colapso total. Creo que la organización ha sido muy buena y el centro ha sabido adaptarse a esta situación extraordinaria para habilitar también UCIs con respiradores. Eso sí, con la ayuda de Los Montalvos y Fonseca, que acogió a los pacientes leves. Pero no hemos necesitado un hospital de campaña”.

Miedo en primera persona: “Hemos luchado contra un virus nuevo que no sabíamos cómo iba a actuar. Incluso ha habido gente joven que ha fallecido (los menos) y mucho miedo por el riesgo de poder contagiar a tus familiares. Incluso ha habido compañeros que decidieron irse a otro hogar para evitar un posible contagio a su pareja e hijos; en mi caso, yo he seguido en casa, extremando las medidas de precaución. Cuando salía del hospital, me cambiaba los zapatos en el coche y, al llegar a casa, metía la ropa en una bolsa e iba directa al baño a ducharme para evitar cualquier contacto. Pero incluso haciéndolo bien, hay un riesgo. Y todo ello sin que mis hijas se diesen cuenta para que no vinieran rápido a darme un beso. He dado negativo en los test y estoy contenta por no haber pasado el virus hasta el momento”.

Experiencia contradictoria: “En el ámbito personal, es algo que nunca me hubiese gustado vivir, no me lo esperaba. Creo que las enfermeras somos el corazón del sistema sanitario y hemos logrado llegar a todo, siempre cuidando de los pacientes. Igual que el resto de los profesionales sanitarios, nos sabemos adaptar y trabajar en equipo, que es lo más importante. Me llevo una parte positiva y es el hecho de haber conocido a grandes profesionales que lo han dado todo y siento esta experiencia como un conflicto de emociones. Por un lado, miedo y por otro la necesidad de ir a trabajar para dar el máximo y ganar vidas a este virus. Creo que lo hemos logrado”.

Aplausos sanitarios: “Han sido muy emocionantes y hemos llorado mucho. Ha habido ocasiones en las que necesitabas ese apoyo porque por momentos nos vimos desbordados. Recuerdo que un día salimos del turno a las 15.00 horas y la gente que vive al lado del hospital debía saberlo, porque nada más salir vimos a la gente aplaudiendo. Yo me fui todo el camino llorando a casa; fue algo increíble y no pasa nada por decir que a veces necesitas llorar por todo lo que hemos tenido que ver y vivir. En 2020, además, la OMS declaró el año de las enfermeras para dar visibilidad a este sector sanitario para darse cuenta de lo importantes que somos. Poco a poco, y si esto pasa, retomaremos las actividades que teníamos planeadas”.

Su lado más humano: “En este aspecto, hemos hecho muchísimas cosas, porque es nuestro trabajo y porque hemos vivido momentos terribles. Nadie sabe la de vasos de agua que hemos llenado porque los pacientes lo necesitaban, o que les colocases el oxígeno. Era más que emocionante ver cómo te agarraban la mano en algunos momentos, incluso sin poder vernos los ojos. Que te venga a atender gente con ese traje es complicado por el agobio que pueden sentir los pacientes. Hemos visto gente en situaciones complejas, pero hemos intentado estar con ellos y arroparles, dentro de nuestras limitaciones”.


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10 comentarios

  1. Testimonio real en pasado pero que aún es presente. Varias plantas y servicios aún estamos en servicio covid y no hay que relajarse en las medidas de precaución. Seguimos agobiados, sufriendo porque psicológicamente nadie estábamos preparados para la que se nos venía encima y ha sido un zasca e intentar aceptar y mitigar la realidad para no acabar enfermos. A día de hoy aún seguimos recibiendo pacientes covid y el calor no ayuda para sobrellevar la situación. Estamos trabajando con epis sin aire acondicionado y el agobio podéis imaginaros. Mucho ánimo a todos los compañeros!!

  2. A día de hoy las que estamos aún trabajando en servicio covid estamos con la preocupación de no contagiar a nuestros familiares, amigos etc de no contagiar a personas vulnerables. Es agobiante porque somos personal de riesgo y la pregunta es ¿Cuándo vamos a poder estar con los nuestros? Porque según nuestras fuentes somos personal q vamos para largo en servicio covid … Es muy duro!! Y tampoco se nos está remunerando frente a servicios no covid.. que al final ese plus de peligrosidad debería ser realidad y no un hecho..

  3. Ha sido muy muy duro. El personal de limpieza de las plantas covid, ha sufrido mucho, mucho trabajo, mucho agobio, no saber ni la hora. Te pones el epi y entras a trabajar en las habitaciones, día tras días, cuando un paciente está bien, es el ratito que habla contigo, que se despeja y que te agradece la labor de todo el personal que estamos en la planta. Solo existen palabras de agradecimiento por parte de ellos y verlos salir es una alegría inmensa. Es muy duro pero ha sido muy satisfactorio el poder estar a su lado, ya que nadie más podía estarlo. El hospital de Salamanca se ha mantenido muy unido gracias a todas y cada una de las personas que han hecho posible que todo vaya decreciendo. Y gracias a las personas que han valorado el trabajo de cualquier servicio del hospital. Ojalá todo vaya mejorando aún más.

  4. Desde el corazón de una madre, que se ha emocionado intensamente y recordado su experiencia leyendo tus reflexiones, solo GRACIAS con el corazón y el alma

  5. Ha sido muy duro trabajar en esta situación pero al final ha merecido la pena por todos aquellos pacientes que se han podido ir a sus casas recuperados . Mi enhorabuena a todas las tcaes (auxiliares ) que somos las que más tiempo dedicamos al cuidado de los pacientes y a las que menos se nos nombra siempre.

  6. en mi calle seguimos aplaudiendo, es un gesto que no cuesta apenas y que nos une y expresa agradecimiento.
    Y además, nos recuerda todos los días que esto no ha pasado.

  7. Desde la calle solo podemos estar agradecidos y daros las gracias. Espero que tengamos memoria y esto tenga un peso a la hora de apoyar a la sanidad pública en el futuro como más de ,o que la apoyamos anteriormente.

  8. Tal cual, Ainhoa. Muchas lo vivimos y solo deseamos que se acabe y que el repunte no llegue. TODO el personal ha estado y está implicado y el sufrimiento que hemos visto y lo que hemos llorado, no resta un ápice a nuestra profesionalidad y en nuestro caso, al orgullo de ser ENFERMERAS.

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