Opinión

Una factoría de despropósitos. Unos laminadores de la convivencia

Habrá que empezar recordando algo que está en los fundamentos del constitucionalismo democrático: en un sistema parlamentario, quien está legitimado para constituir gobierno es quien obtenga la mayoría en la sesión de investidura. Exactamente esto es lo que ocurrió el pasado 7 de enero en Las Cortes Españolas y ésta es la razón por la que Pedro Sánchez es el Presidente del Gobierno de España. Gobierno ajustado a los protocolos constitucionales y al resultado de los votos que la ciudadanía depositó en las urnas. De la combinación de ambos elementos se ha producido el primer gobierno de coalición de la moderna historia democrática española: un gobierno inédito y vulnerable.

Inédito quiere decir novedoso, desacostumbrado, distinto y, si queremos forzar los sinónimos, inesperado. A lo que no se le puede asimilar, bajo ningún concepto, es a ilegal, ilícito, ilegítimo o golpista como usan los tertulianos al servicio de su derrocamiento. También, en lógica correspondencia con lo que la ciudadanía votó, es un gobierno frágil o vulnerable. Asentado sobre un campo de tensiones innumerables. En primer lugar, las propias de un gobierno de coalición, como los que han existido o existen en todos los países de Europa, con la importante diferencia de que aquí al ser novedoso ni existe manual de uso, ni cultura política arraigada: ¿Hemos olvidado que sufrimos una larga Dictadura y que después hemos sostenido otro tanto de bipartidismo? En segundo lugar, tensiones originadas por la conformación del Parlamento más fragmentado de la reciente democracia española y de una dinámica de competencia interna ¿irracional? en el seno de cada uno de los grandes conjuntos que enmarcan a las diferentes fuerzas: la pugna por la hegemonía en el territorio del conservadurismo, la disputa entre las izquierdas, las contiendas domésticas en las diversas cartografías nacionalistas. En tercer lugar, la sobreactuación comunicativa a la que se entregan responsables relevantes del gobierno, sustituyendo el contenido de construcción política que debe impulsarles por pomposas declamaciones de ego desbordado.  Por último, las sobrevenidas del sañudo acoso al que le tiene sometido el susbsistema mediático conservador, autoconstituido en luz, guía y oráculo de la interpretación canónica de la Constitución. Sumándose de añadido, no las tensiones sino las convulsiones ocasionadas por una pandemia global que ha descoyuntado y sobrepasado a los gobiernos de todo el mundo y que zarandean y estremecen a todas las sociedades afectadas.

Ahora bien, el ser un gobierno legal, inédito y vulnerable si obliga a algo es a esforzarse en debatir una estrategia, acordar la priorización de objetivos, conjugar las complicidades, proyectarlo socialmente y mantener el rumbo en las adversidades. Exactamente lo contrario al cúmulo de disparates en los que el Gobierno ha incurrido en la última semana. Recordemos la definición de despropósito que nos proporciona la RAE: 1.Dicho o hecho inoportuno o inconveniente  La respuesta gubernamental al manipulado Informe que los oficiales de la Guardia Civil remitieron a la jueza Rodríguez-Medel ha sido inoportuna.

Alimentar la polarización para laminar la convivencia ha sido la constante de quienes no soportan que no se gobierne “como dios manda”

Primero por precipitada. Como se ha demostrado en apenas cuatro días, en el Informe se realizan tergiversaciones sobre las orientaciones dadas por Fernando Simón en torno a la celebración de eventos, se manifiesta ignorancia sobre el simbolismo de portar guantes morados en las manifestaciones del 8-M, o directamente se miente sobre la fecha en la que la Organización Mundial de la Salud tildó al coronavirus de pandemia, situada en el 30 de enero de 2020 cuando realmente se efectuó el 11 de marzo, o sobre el sentido de las declaraciones de responsables de actos públicos cancelados como han declarado alguno de los citados. Los autores materiales del Informe y el periodismo estrafalario en el que se apoya no perseguían aclarar la verdad, sino alimentar el objetivo desestabilizador al que pretenden, desde sus supuestos títulos de jueces o virólogos, sentenciaban que «por tanto, el Gobierno ya conocía desde el mes de enero la gravedad real de la epidemia». En estas circunstancias ¿Qué necesidad había de correr? El despropósito de la precipitación ha evitado que el disparate del Informe pueda ser asimilado tranquilamente por la ciudadanía.

Segundo por desacertada. Desacertada por mezclar churras con merinas: ¿Debe argüirse falta de confianza en medio del fragor mediático, cuando podía haberse demostrado simple y llana incompetencia unos días más tarde?, ¿Se puede recurrir a un aumento salarial de los cuerpos policiales cuando no se ha tenido más que florituras con los profesionales sanitarios?, ¿No debería haberse dejado en la picota mediática a Pérez de los Cobos un par de días? Y por supuesto no entro en lo del reordenamiento de la cúpula de la Guardia Civil, porque habría que retrotraerse a los méritos del cesado y ya no toca.

La impericia con la que se ha manejado el asunto debilita al gobierno, fractura sus apoyos políticos y quebranta el respaldo que le presta el grueso de la ciudadanía activa. Cuando la confusión gana, la legitimidad de ejercicio, no la de origen, desfallece. Y todo ello refuerza a los laminadores de la convivencia.

Confrontación sin respiro es la táctica que guía las actuaciones de quienes han estado contra la constitución de este gobierno democrático desde el minuto cero. Acrecentar la crispación fue el trampantojo que agitó Aznar para desalojar a Felipe González del gobierno, como terminó reconociendo el antiguo director de ABC, Luis M. Ansón, uno de los muñidores del complot. Descalificar con insidias el día a día de los gobiernos de Zapatero fue la táctica del resentimiento aznarista para propagar el clima tuberculoso en el que ahogarlo. Alimentar la polarización para laminar la convivencia ha sido la constante de quienes no soportan que no se gobierne “como dios manda”.

Aunque quizás, como certeramente ha señalado el Catedrático Pérez-Royo en eldiario.es, “la participación de un gobierno presidido por Pedro Sánchez representando a España en esta reconstrucción «europea y nacional» es lo que resulta insoportable a las «derechas españolas».

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2 comentarios

  1. Por muy legal que sea, cuestión que no pongo en duda, es un gobierno formado para destruir España al pretender reformar todo aquello que había funcionado durante mucho tiempo y que ahora quieren tumbar por el mero hecho de quitar todo aquello que ha hecho la derecha lo cual demuestra el talante democrático de este gobierno formado mayoritariamente por personas sin ningún tipo de escrúpulos ni de capacidad de gestión, negociando con todos aquellos que quieren destrozar nuestro país.

  2. Articulo medido y analisis acertado. La Metafora de lo que ocurre, quien tiene una mirada desde la izquierda critica a todios, pasa por la lupa a todos. La respuesta de Pepelu, desde el respeto, es el unico discurso desde la derecha. Solo hay una frase, quieren destruir España, pero nunca parecen entender que España no es solo de unos, ni su bandera. Es de todos.
    Estamos en tiempos de trauma colectivo y tuempo vulnerable. El calificativo laminadores de la convivencia es real y lo peor, la negacion de las consecuencias de lo que hacemos y decimos. Asi que gracias Pepelu por ayudar a mostrar de que va esto: como con lo que hacemos y decimos laminamos nuestra convivencia. CUIDADO POR FAVOR

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