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Rafael Borrás: “Lo peor fue ver pacientes que alcanzaban una gravedad extrema en horas”

El jefe de servicio de Urgencias del hospital de Salamanca recuerda los peores tiempos de la pandemia de la Covid-19 en los que tuvieron que atender a más de 1.000 pacientes en una semana.

 

Fueron momentos muy complicados, difíciles de gestionar ante la avalancha que supuso una pandemia desconocida para todos y que se ha cobrado demasiadas vidas. El hospital de Salamanca no fue una excepción y su servicio de Urgencias fue uno de los primordiales a la hora de atender a todos los pacientes con síntomas, hasta 1.000 en casi una semana, la peor de esta crisis sanitaria.

Rafael Borrás, jefe de servicio de Urgencias del hospital de Salamanca, hace balance sobre una tragedia como ésta asegurando que en ningún momento hubo que elegir a qué pacientes asistir por falta medios, y solo se hizo por criterios sanitarios. Tampoco colapsó el servicio, aunque sí vivió momentos críticos, especialmente entre los sanitarios, cuyos aspectos anímico y psicológico han quedado muy ‘tocados’; como para soportar otra gran oleada…

Urgencias aún no ha recuperado la normalidad y Borrás espera que esta dramática experiencia sirva para no colapsar, de manera innecesaria, el servicio de urgencias: “Los pacientes acuden porque es más cómodo, no tienen que pedir cita, y porque muchas veces confunden la prisa con la urgencia”.

¿Cómo ha cambiado el servicio de Urgencias en estos meses de pandemia?
El servicio de Urgencias del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca comprende las Urgencias del Hospital Clínico, las del Hospital Virgen de la Vega y las del Hospital Virgen del Castañar de Béjar. Durante la pandemia tuvimos que concentrar nuestros recursos en las Urgencias del Hospital Clínico para crear dos circuitos de pacientes, uno con sospecha de enfermedad por Covid-19 y el otro para el resto de las urgencias. Ello implicó que las del Virgen Vega pasaran a ser asistidas directamente por los especialistas radicados en ese hospital y desviar el resto de urgencias al Clínico. Y en el hospital de Béjar, se dejó la urgencia en manos de Atención Primaria en horario de atención continuada y asumiendo sólo la asistencia por las mañanas, y el personal de Béjar pasó a realizar su labor en el Clínico.

¿Se ha recuperado la ‘normalidad’ tras todo lo vivido?
Todavía no hemos recuperado la normalidad previa a la pandemia y creo que se tardará en volver a esa normalidad. Seguimos asumiendo los dos circuitos y estamos ya asumiendo parte de las urgencias del Virgen Vega, aunque seguimos necesitando la colaboración de los especialistas, pues no podemos asumir el 100% de las que acuden allí, que además están aumentando día a día.

¿Recuerda cómo fueron los primeros días de la Covid-19?
Fueron muy intensos porque, aunque nos creíamos preparados con los distintos protocolos, nos sorprendió la virulencia con la que explosionó la epidemia, pero también me sorprendió la capacidad de adaptación que demostró no sólo el servicio de Urgencias, también todo el hospital, pues la respuesta fue global.

¿Cómo se organizó el servicio para su funcionamiento en esta situación extraordinaria?
Dado que nuestra mayor debilidad era que teníamos el servicio repartido en tres servicios diferentes (en el Clínico, en el Virgen de la Vega y en el Virgen del Castañar) fue unificar la atención de los pacientes en el hospital Clínico, dejando las urgencias del Virgen Vega en manos de los especialistas que están allí y las urgencias del Virgen del Castañar de Béjar pasaron a Atención Primaria excepto en las mañanas.
La segunda decisión tomada fue la de crear dos circuitos asistenciales en las urgencias del Clínico: una para la sospecha de los enfermos con la Covid- 19, y otra general. La tercera decisión fue pasar a turnos de mañana, tarde y noche, de lunes a domingo. Y la cuarta fue ampliar el espacio en las urgencias del Clínico para que el circuito de los pacientes con sospecha de Covid-19 tuviera su asistencia por el modelo de gestión de procesos avanzados, de modo que cada nivel de gravedad tenía su lugar específico de atención.

¿Cuántos pacientes recibieron de media durante los días más duros de la Covid-19 y cuál fue el día que más llegaron?
La semana más dura fue la del 23 al 29 de marzo, en la que se asistió a 1157 pacientes, siendo 972 en el hospital Clínico, de los cuales el 90% eran por el circuito Covid. El peor día fue el día 26 de marzo, que se asistió en el Clínico a 168 pacientes e ingresaron 70 de ellos.

¿Qué protocolo se seguía cuando entraba un paciente sospechoso?
Tenemos un protocolo específico de Urgencias para asistencia de pacientes sospechosos de infección por el SARS-CoV-2 y que era diferente según el nivel de gravedad. Lo más destacado de estos protocolos era que si el paciente estaba en condiciones, desde el triaje se derivaba a hacer una radiografía, lo que nos permitía, de entrada, distinguir pacientes con neumonía o sin ella y por lo tanto las posibilidades de ingresar. A todos los pacientes se le extraía una analítica con un perfil predefinido, que se denominaba perfil Covid, y eso nos daba los datos necesarios para evaluar la gravedad de la enfermedad. Además, se extraía la PCR, al principio si cumplían criterios epidemiológicos y luego cuando la infección paso a ser comunitaria y no importada, se extraía a todos los pacientes que entraban en el circuito Covid. Posteriormente, si no ingresaban se comunicaba los resultados de la PCR a epidemiologia que se encargaba del seguimiento de esas personas en conjunto con Atención Primaria.

¿Llegó a desbordarse el servicio de Urgencias?
No. Teníamos preparado ampliar las urgencias con los quirófanos que hay en las mismas urgencias y no precisamos utilizarlos. Sí hubo un momento en que prácticamente toda la urgencia del Clínico fue circuito Covid, exceptuando un consultorio y la mitad de las camas de los boxes, pero es que el 95% de los pacientes que acudían era sospechosos de padecer enfermedad por SARS-CoV-2.

¿Está el Hospital preparado por si hay rebrote del virus y actuar de otra manera?
Creo que la experiencia que hemos acumulado en estos meses nos permitiría afrontarlo con más conocimiento de causa, pero creo que haríamos las mismas cosas, aunque con una implementación más segura. Otro tema es como se encontraría el personal… pues emocionalmente sería difícil pasar por lo mismo.

En el plano personal, ¿cómo afrontó una situación tan dramática y extraordinaria?
Con una gran responsabilidad e intensidad, procurando siempre hacer un reparto justo de las cargas de trabajo y teniendo en cuenta que lo más importante era el paciente, que fuera atendido correctamente y que su estancia en urgencias fuera lo más cómoda posible. Los tiempos de permanencia por las pruebas eran muy prolongados y, además, teníamos que tener a las familias informadas.

¿Vivieron situaciones dramáticas durante todos esos días?
Lo peor ha sido ver a pacientes que en pocas horas se ponían con una gravedad extrema y los fallecimientos en Urgencias.

¿Por qué cree que Salamanca ha sido una de las provincias más castigadas?
La celebración de la Copa de baloncesto femenino; el hecho de cerrar las facultades y colegios de Madrid antes de su cierre de fronteras hizo que vinieran muchos estudiantes a sus domicilios; los Erasmus que regresaron durante la pandemia de Italia antes del cierre de las fronteras internacionales; que en la detención de casos predominaran los datos epidemiológicos sobre los clínicos lo que impedía hacer pruebas a determinados pacientes… todo esto podrían ser algunas razones. Y todo esto ocurrió al principio.

En algún momento, ¿hubo que elegir a qué pacientes tratar y a cuáles no?
A todos los pacientes se les puso tratamiento. Si la pregunta se refiere a la decisión de ingreso, tenemos que tener en cuenta que esta enfermedad no tiene tratamiento efectivo a día de hoy y menos en el periodo crítico. Por otra parte, la mortalidad hospitalaria de los pacientes mayores de 75 años era muy alta (casi han fallecido 2 de cada 3 pacientes), por lo que no hay diferencias con la mortalidad en residencias. Por ello, se pusieron en marcha los equipos Covid de las residencias, que aseguraban un tratamiento farmacológico en ellas, y es cuando, de acuerdo especialmente de la comorbilidad y del estado basal del paciente, se decidía si se beneficiaba del ingreso o podía seguir su tratamiento en la residencia. Pero la edad nunca fue un parámetro de decisión, si no la comorbilidad del paciente”.

Durante este tiempo de coronavirus, el número de urgencias ‘normales’ ha bajado notablemente, ¿cree que esto servirá para no acudir a este servicio por un simple catarro?
Desde luego eso nos debe hacer pensar en el mal uso que se hace del servicio de Urgencias; los pacientes acuden porque es más cómodo, no tienen que pedir cita, y porque muchas veces confunden la prisa con la urgencia. Estamos trabajando sobre cómo modular esta frecuentación de pacientes no graves que son subsidiarios de ser atendidos en Atención Primaria y que provocan saturación en los servicios de Urgencias impidiendo ver de forma adecuada a los pacientes que realmente lo necesitan.


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