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Oficios que no encuentran trabajadores

El campo, la mecánica, la electricidad o la construcción parecen destinados a desaparecer

¿Trabajos sin trabajo? ¿Oficios perdidos? Parece mentira que en los tiempos actuales existan profesiones en las que hace falta mano de obra, pero no haya nadie que quiera trabajar en ellas.

Ésa es la cruda realidad de algunos de los oficios más antiguos, que no requieren una formación universitaria, pero sí conocimientos teóricos sobre lo que se va a hacer y, especialmente, mucha, mucha práctica.

Sector como la agricultura, la ganadería, la mecánica, la electricidad, la fontanería o la construcción apenas hallan mano de obra cualificada a la que agarrarse para poder contratar, lo que genera un problema muy importante en la sociedad.

¿Los motivos? La falta de arraigo en los pueblos, no querer seguir el oficio familiar o el empeño de los padres en ofrecer una educación universitaria provocan que existan trabajos con muy poco futuro en Salamanca, situación que puede extenderse al resto del país. Una de las posibles soluciones para paliar esta situación es mirar hacia el extranjero, con el fin de encontrar a alguien que quiera dedicarse a estas profesiones.

Como muestran, bien valen varios testimonios que confirman una realidad que, en muchas ocasiones, no se quiere ver.

«Los agricultores viven en otro sitio diferente del que trabajan y eso hace que sus hijos desconecten de todo”

“Ahora mismo no hay gente para trabajar en el campo; encargados de fincas u operarios para llevar el ganado no existen. Por desgracia, los que hay se rifan y o te lo llevas con el dinero por delante, o no hay nada que hacer”.

Así lo indicado el agricultor y ganadero salmantino y vicepresidente de Asaja Salamanca, Raúl del Brío, quien argumenta que éste es un “trabajo que no le gusta a nadie. Las condiciones son parecidas a las de otro, pero creo que es algo que se tiene que haber mamado desde pequeño, de tus padres y abuelos. Cada vez hay menos gente en los pueblos y al final los hijos se terminan marchando a la ciudad a estudiar. No hay cantera para este oficio, nada de nada”.

De hecho, Del Brío tiene clara una cosa; “mira, si preguntas a la gente si consideraría la opción de trabajar en el campo, la respuesta sería que no. Igual alguno, por ‘tirarse el pegote’ diría que sí, porque la gente piensa que es ir al pueblo, estar allí y poco más; hay que trabajar mucho. La gente no es consciente de lo que es el campo y está claro que no es una opción de trabajo para nadie, solo para los que se hayan criado en estas circunstancias”.

Una de las posibles soluciones es acudir “a la mano de obra extranjera; se trata de gente muy dispuesta y con ganas de trabajar, pero en muchos casos no sabe qué es una vaca. Hay gente que tiene más facilidad que otra para aprender este oficio y otros que no lo hacen nunca”, explica.

Por último, Raúl Del Brío indica que esta situación comenzó con el “’boom’ de la construcción allá por el año 2000, ahí comenzó a desaparecer la gente del campo de una manera brutal. Un horario de lunes a viernes y 8 horas de trabajo, con grandes sueldos. La gente de mueve más por el tiempo libre que por el dinero, porque nos han inculcado que hay que disfrutar de la vida”, concluye.

Aperos Campo

«Tenemos un millón de abogados, economistas, opositores, pero no electricistas, fontaneros, yesistas…»

“Hay muchas empresas relacionadas con el mundo de la construcción que se han visto obligadas a cerrar por no encontrar un relevo en su profesión, en un problema que arrastra España desde hace ya tiempo. Todo el mundo quiere estudiar una carrera (o los padres de los jóvenes) y nadie quiere ser fontanero, maquinista, trabajar fuera de casa… la gente se jubila y se hace mayor y no hay ‘cantera’ de la que poder tirar”.

Así expresa un empresario de la construcción de obra pública de Castilla y León (prefiere el anonimato) poniendo un claro ejemplo entre el ayer y el hoy. “Antes había muchas empresas pequeñas formadas por 3-6 trabajadores que ya no existen; estaba la figura del jefe, el oficial y una cuadrilla de tres trabajadores con gente de toda la vida, también jóvenes. Eso ya se ha perdido”.

No en vano, Linares contaba con una empresa de instalación de canalones, “de toda la vida; la llamé para hacer un trabajo y me enteré de que ha cerrado porque los socios se han separado. Dos de ellos se han unido para seguir con este trabajo, pero están solos y no pueden con todos los encargos”, argumenta este empresario.

El problema redunda en que el trabajo es el mismo o menos que antes, pero es que las empresas dedicadas a estos oficios ya perdidos, cada vez se reducen más. “Los padres y madres quieren que sus hijos sean universitarios y nadie quiere dedicarse a ser electricista, fontanero, carpintero… ha habido una educación para sacar de los oficios a la gente. Ahora, el hijo del agricultor no ‘mama’ la profesión de su padre; tenemos un millón de abogados, economistas, opositores, pero no electricistas, fontaneros, yesistas…”, analiza.

Otro aspecto importante es la escasa vocación por el emprendimiento; “todo el mundo quiere ser empleado en lugar de autónomo. Si un trabajador con un oficio como los que hemos dicho se queda sin trabajo, no emprende ni forma su empresa, no contempla, por ejemplo, ser autónomo y ser fontanero”.

Esta situación, claro está, tendrá una repercusión en los precios; “ahora, incluso, si van y te hacen una chapuza y te cobran, no puedes llamar a otro para que lo arregle, porque no hay gente en estos trabajos”.

Para este empresario de la construcción, esto es algo que se veía venir. “Es un tema de educación y se venía viendo desde los últimos 20 años. Tenemos obra pública y hay que usar maquinaria; es imposible encontrar a un joven de 25-30 años, todos tienen más de 50. Lo mismo pasa con los camiones, las retroexcavadoras…”.

Como ha pasado con el tema de la agricultura, una de las soluciones para paliar en cierto modo este problema es la mano de obra extranjera. “Con el ‘boom’ inmobiliario, cuando querías hacer una reforma, el 80% de los trabajadores era inmigrante, igual que en el servicio doméstico y la hostelería en las grandes ciudades; es algo que va a pasar a nivel mundial más pronto que tarde, no solo en España y en más trabajos aún”.

Este empresario de la construcción indica que lo que está ocurriendo ahora, “ya pasó en Salamanca, cuando era el español el que tenía que ir a trabajar fuera porque los de allí no querían vendimiar o trabajar en las fábricas. Hay un problema social de sobreproteger a los hijos e incluso nos enfadamos si les castigan en el colegio; igual que muchas veces es un error querer que vayan sí o sí a la universidad”, concluye.

Coches

«O fichas una estrella o vas a la cantera; en la mecánica, no hay término medio»

Otro oficio perdido, con poco relevo y quizá más necesario que nunca es el relacionado con la mecánica y los automóviles, que se ha vuelto imprescindible, más aún en tiempos de crisis.

Nosotros tenemos profesionales y una plantilla de 5 personas, pero es verdad que no hay mecánicos cualificados para poder contratar. Bueno, hay dos opciones; chicos jóvenes que saben mucha teoría, pero nada de práctica, y luego profesionales muy preparados, pero que se los tienes que ‘robar’ a un compañero y pagar mucho dinero para que se vayan contigo. En ésas estamos”.

Así lo indica Miguel Blanco, propietario del taller Basilio Blanco de Salamanca, quien asegura que los jóvenes que salen de la FP necesitan mucho rodaje, “mínimo dos años de aprendizaje, porque al principio tiene que hacer cosas sencillas y mirar. Lo malo de esto es que cuando están preparados, viene otro y se los lleva con el dinero por delante; y no se encuentra otro”, argumenta.

Para solucionar este problema, “las prácticas deberían durar más tiempo, que pisaran más un taller para curtirse y saber lo que es y poder estar preparados en menos tiempo. Se podría hacer modificando la FP incluyendo menos teoría o más agrupada y que hubiese más práctica, que es donde se aprende de verdad”, añade Blanco.

En esta profesión, según están las cosas, “o fichas una estrella o vas a la cantera, que al principio está verde y tarda en hacerse buen ‘jugador’, no tenemos un término medio. Es como si le pides a un chaval de 17 años que acaba de debutar que tire el penalti decisivo para ganar la Champions”.

Por último, Miguel Blanco señala que, como en muchos sectores, cuando la economía está mal, hay más trabajo. “Si las cosas van mal, la gente arregla su coche sin pensarlo las veces que haga falta, pero cuando las cosas van mejor, la gente opta por comprar”, concluye.


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3 comentarios

  1. Coño con que los jóvenes no queremos trabajar de esto… si llegas y te dicen “no, es que necesitas x años de experiencia”, “no, es que necesitas esto y esto, y esto, ah, y esto” o bien te pagan una miseria porque no tienes experiencia (he llegado a cobrar 600€ por 8 horas más horas “extra” no remuneradas; 15 horitas de ná por 600€… Joven, pero no tonto).
    Años llevo buscando trabajo en pueblos de Salamanca con muchas ganas y sabiendo a lo que me expongo y años llevo recibiendo noes.
    Menos quejas.

  2. Si es normal que no encuentren obreros todos los anuncios que ves de trabajo en esos sectores te piden mínimo 2 años de experiencia laboral en el sector tu dime alguien que termine una fp que experiencia tiene trabajada, y aparte los sueldos ridículos que ofrecen 900 euros al mes de lunes a viernes 10 horas y los sábados por la mañana asta las 2 y los gastos y la ropa por tu cuenta

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