Opinión

Puchero y orinal

Salamanca huele a puchero y orinal. Demasiados puntos de la Salamanca  representativa de lo que es la esencia de esta ciudad se encuentran copados por tabernas en las calles, donde la fritanga y el orín imprimen su sello. Pero no pasa nada. Todo lo contrario, la lamentable situación se encuentra amparada con gusto por la autoridad y respaldada por una gran masa del pueblo soberano.

Ya sabemos de memoria, porque se ha reiterado a lo largo del tiempo por la autoridad y por los interesados y quienes los secundan, que la mayor conquista ocurrida en las ferias y fiestas de la capital ha sido la instalación de “las casetas”, porque animan la calle. Gran conquista tal conquista, voto a bríos. La gran conquista reside en un buen negocio para los titulares de las casetas a costa de hollar puntos relevantes de la ciudad de la que los mismos promotores (autoridad y hosteleros) aseguran que es una maravilla monumental, patrimonio de la humanidad, dechado de cultura y esos complacientes bla-bla-bla que escuchamos pronunciar con tanto arrobo y fruición. Quienes entonan esos cantos son, justamente, quienes emporcan la ciudad en espacios estratégicos de esa condición con esas casetas sobre las que a más de un visitante le he escuchado exclamar: “¿Y Salamanca es esto?”. Salamanca es así.

[pull_quote_left]Si la promoción de las ferias pasa por convertir a Salamanca durante sus ferias en una ciudad cateta, sucia, alcohólica y humillante para su condición cultural, sólo se habrá conseguido negocio a corto plazo para unos pocos y manejo de las masas con la satisfacción promovida de ¡viva el vino y el pincho![/pull_quote_left] Esas casetas –que, encima, en no pocos casos asemejan chabolas de subdesarrollo–, además, aparecen plantadas ante conventos e iglesias (y, al menos una, ante un colegio, para dar ejemplo y formación a la chiquillería, sin duda), donde molestan especialmente a personas a las que incluso los agnósticos respetamos, como debería respetarse a los residentes en otras zonas donde se asientan esos garitos que tienen como virtud de su condición generar ruidos muchas veces inaguantables, además de entorpecer el paso por las calles del ciudadano normal que va y viene. La monumentalidad salmantina de la que muchos tanto se enorgullecen, y que obliga a compromisos en consecuencia con ello, resulta mancillada de modo innoble en presencia, olor y sonido de esos establecimientos incompatibles con la condición salmantina. Porque es bien cierto que Salamanca, por su condición especial, también requiere un trato especial. Precisamente, el contrario al que recibe.

Si la promoción de las ferias pasa por convertir a Salamanca durante sus ferias en una ciudad cateta, sucia, alcohólica y humillante para su condición cultural, sólo se habrá conseguido negocio a corto plazo para unos pocos y manejo de las masas con la satisfacción promovida de ¡viva el vino y el pincho! Pero la realidad es que estaremos hundiendo lo que es la esencia de la ciudad, que es la línea que requiere promoción y que es compatible con animación festiva en la calle como ocurre en otros lugares. Incluso desde el punto de vista egoísta o legítimo de los negocios hosteleros, qué mal lo están haciendo al machacar la cesta de los huevos de oro mientras se avanza por la vía de la degradación, con el patrocinio de la autoridad. Una vía sobradamente explorada y conocida y con ejemplos que llevarán, quizá, al llanto y rechinar de dientes.

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3 comentarios

  1. Estoy completamente de acuerdo. Me siento abochornado, cada año, ante el bombardeo, cada vez más fuerte, de este penoso espectáculo en nuestras calles. ¡Y lo peor es que siempre están abarrotadas! ¿Dónde está la crisis? ¡Y más lamentable aún es que la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer tenga que estar limosneando para conseguir los tan necesarios nuevos socios para poder seguir subsistiendo! ¡MENOS CACHONDEO CHABACANO Y MÁS SOLIDARIDAD CON QUIENES LO NECESITAN!

  2. Totalmente de acuerdo. Cada año más casetas, más gente consumiendo en las casetas, peor calidad de las casetas….¿y qué ocurre con el entorno donde están? ¿beneficio para quién?

  3. Y si a esto le sumamos los contenedores medio vacíos pero rodeados de cajas y bolsas de plástico a tutiplén… Os invito a que paséis por la calle Toro desde la plaza. Todos los comercios sacan las cajas en hora punta.

    Nadie se ha preguntado qué pasaría si una ambulancia o un camión de bomberos tiene que pasar, por ejemplo, sean ferias o no, por la Calle de la Rua? No sé cuántas veces lo he hecho saber a través de quejas en el propio Ayuntamiento y a los grupos políticos y la respuesta siempre es la misma… la ley lo permite…

    Y sí, coincido plenamente es que cada vez la ciudad se está convirtiendo en una ciudad cateta, gobernada por y para viejos, alimentándose más de lo que fue, que de lo que puede llegar a ser.

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