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Los que solo sabían manejarse con ‘la cuenta de la vieja’

Hace 100 años el 30% de la sociedad salmantina era analfabeta, en la actualidad es el 0,7% y es posible que ese porcentaje supere los 75 años

 

Hace 100 años, “según la Dirección General de Estadística el analfabetismo a principios de 1922 en España era del 52,33%, descontando a los menores de seis años, quedaba en el 45,5; el 38% de ellos varones y el 52% mujeres. En Salamanca llegaba al 30%”, expone Jesús Málaga en ‘La vida cotidiana en la Salamanca del siglo XX 1924-1939’.

En la actualidad, según los datos del INE, en Castilla y León en el 2020 había un 0,7% de analfabetos –personas que no sabían ni leer, escribir y las cuatro reglas matemáticas- dato que se puede extrapolar a Salamanca. En ese tanto por ciento se encuentran personas, mayoritariamente mujeres, que se encuentran en la franja de más de 70 años. ¿Cómo se las han arreglado para que no los timaran en la vida? ¿Cómo han resuelto temas burocráticos? Incluso más mundanos: ¿Cómo tenían noticias de novios, hermanos o padres que se iban a otra ciudad o país a trabajar?

Preguntas que nos resuelven Aniceto e Isabel que abrieron una panadería en Tenebrón en 1960 y tuvieron muchos clientes que vivían en fincas que no sabían leer, ni escribir, “pero se defendían muy bien. Eran ‘doctores’ en la cuenta de la vieja”, comentan.

“Cuando venían a compra, traían el dinero contado. Seguro que la cuanta se la hacía o el marido o los hijos. En otros casos, apuntábamos el número de panes en una libreta y nos lo pagaban al final mes, nos decían: ‘Pon lo que quieres, yo no entiendo nada’”, comentan los panaderos.

¿De qué años estamos hablando?
Exactamente no lo sé, pero son personas que aún viven y que rondan los noventa años.

Nos cuentan varias anécdotas relacionadas con la venta de animales. “Una persona del pueblo vendió un cabrito a un tratante, éste no sabía de números y la otra persona tampoco, fueron a buscar a un vecino, que les dijo: No sé hacer esa cuenta. El cabrito se vendió y la cuenta se hizo bien, solo que buscaron a otro vecino que sí sabía de cuentas”.

Siempre había personas en los pueblos que sabían leer, escribir y de cuentas, por lo que cuando llegaba una carta un poco importante, iban a casa de esta persona a que se la leyera o se la contestara. “Así, nos hemos arreglado. Había mucha solidaridad”, apuntan.

¿Se menospreciaba a las personas que no sabían?
Para nada, porque era la mayoría. Ahora, las que no saben, porque por lo general son mujeres, cuando le dan un papel, lo que dicen: ‘Por favor, me lo lees que no veo’.

Otro modo de operar para las personas que no sabían de números o de letras era la famosa cuenta de la vieja, que consiste en pagar cada artículo por separado, te dan la vuelta y vuelves a adquirir otra cosa y la vuelves a pagar. “Vas de una en una, porque el valor de los billetes y de las monedas las conocían y controlaban. No eran capaces de sumarlas, pero una a una sí que se manejaban y así se arreglaban”, matizan.

¿Tenían que ser personas muy confiadas?
Sí, al menos en nosotros siempre han confiado. Había muchísimas personas que no sabían leer, ni escribir. Los que trabajaban en las fincas como pastores, porqueros o vaqueros era la inmensa mayoría en los años sesenta.

¿Viviste en esas fincas alguna tropelía?
Sí, en una ocasión iba con el pan y estaba el pastor vendiendo unos corderos. Los pesaban en la romana y le decían al pastor que en vez de pesar cinco kilos, que era su peso, le decían que eran tres. Cogí la romana y le dije: «A estas personas que no saben, no los puedes engañar». Él firmaba con el dedo.

Enseñanza obligatoria

El canal de Historia recuerda que «durante los años de dictadura la escuela fue utilizada para formar el ‘espíritu nacional’ impartiendo ideología falangista, nacional y católica. Para ello, Franco dejó la dirección de la educación en manos de la Iglesia, haciendo una limpia en el cuerpo docente, así como en el material didáctico que contradijera las ideas del régimen.

Se garantizó una educación primaria, siempre separada por géneros, con las bases del franquismo como materia de estudio principal. Tras esta etapa básica se pasaba a la secundaria donde se aprendería a leer y escribir, reglas básicas de matemáticas y al estudio de la Historia de España desde el punto de vista del generalísimo».

Pero, no era obligatoria la asistencia a clase.

«En 1970 se promulgó la Ley general de Educación (Ley de Villar Palasí). Con esta nueva ley, se unificaba la línea de escuela y de colegio, diferenciadas por el status económico de las familias. La enseñanza obligatoria y gratuita llegaba hasta los 14 años comprendidos en la Educación General Básica (E.G.B). Tras esta primera etapa tocaba Bachillerato Unificado Polivalente (B.U.P.) y Formación Profesional (F.P.). En caso de querer acceder a la universidad, era obligatorio realizar el Curso de Orientación Universitaria (C.O.U.) y pasar una prueba de acceso.

Tras la muerte de Franco la necesidad de un cambio en la educación era patente llegando en 1990 la Ley de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE). Con ella, se amplió la edad obligatoria hasta los 16 años», explica el Canal de Historia

Leyes de Educación en España

1980: Ley Orgánica por la que se regula el Estatuto de Centros Escolares (LOECE)

1990: Ley Orgánica de Ordenación General del Sistema Educativo (LOGSE)

1995: Ley Orgánica de Participación, Evaluación y Gobierno de los Centros Docentes (LOPEG)

2002: Ley Orgánica de Calidad de la Educación (LOCE)

2006: Ley Orgánica de Educación (LOE)

2013: Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE)

2020: Ley Orgánica de Modificación de la LOE (LOMLOE)

 

 

 

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Un comentario

  1. Yo conoci la Ley de Villar Palasí y la gente de la enseñanza se ponia las manos en la cabeza por que suponia una bajada del nivel de enseñanza, de entonces, que han pasado muchos años, cada vez que salia una ley, bajaba el nivel y hasta que no termine todo el mundo analfabeto, no paran, eso con titulos de todo tipo, pero la realidad es que el que pueda pagar un buen colegio y si es extranjero mejor, que se lo pague.

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