Opinión

Con las reglas en la mano

 

Para ellos. Vascos de pura cepa,
por defender la democracia como socialistas
durante la época del miedo.

Le ha venido bien a mi salud democrática hablar con una escritora amiga del país vasco (para mí de las grandes) que tuvo que soportar la amenaza etarra cerca del hombre que compartió a su lado la vida. Él (omito el nombre) ostentó un cargo importante representando al PSOE en el gobierno vasco. Socialista de la vieja y gran escuela que vivió en sus carnes los efectos de defender la Constitución por encima de cualquier miedo.

Él era un intelectual que desplegaba, con el don de la palabra, una exultante armonía. Culto y honrado. No necesitaba la política para medrar, pues su cargo, en una de las empresas más importantes de este país, podía satisfacer colmadamente las necesidades económicas de su familia. Él estaba en política para defender la democracia entre bombas, heladores tiros en la nuca y amenazas chirriantes que amamantaban las nieblas del terror.

Cuando recorrí la provincia de Vizcaya con ellos, pude comprobar cómo el miedo se servía en bandejas sonrientes y saludos fríos que cortaban el aire en la calle. Vi dianas recién pintadas con rostros de personajes de la vida política española y pancartas inmensas con rostros de presos presidiendo balcones y paredes. Vi y sentí que ellos y sus hijos eran héroes en aquella sociedad hostil a la que nos asomábamos tantas veces, cuando nos ponían en televisión macabras escenas manchadas de sangre.

Él falleció y ahora ella acaba de darme una lección democrática: Bildu está en el Parlamento y ha pactado con el PSOE, pero aquí ahora vamos con la frente alta y no miramos los bajos de los coches. Ahora los niños juegan con libertad en  los parques sin escoltas… ahora por fin vivimos…

Ella me hace ver que fuera de aquellas tierras que me atraparon por su beldad es muy fácil negarse a entender que, aún tragando sapos, es mejor ver cómo los seguidores de ETA se adecuan al estado democrático, que haciendo prácticas de tiro en el monte.

Ella tiene razón y se la doy porque así lo siento. Bildu es un partido político que ha pasado por la legalidad, nos guste o no y, en el juego democrático, quienes aceptan las normas de convivencia tienen todo el derecho a ejercer sus aspiraciones, aunque (vuelvo a repetir) nos cueste digerirlas.

Ella me decía que Bildu ha dado pasos increíbles, que ante los suyos tienen un gran coste y que llegará el día en que pidan perdón, porque los muertos que llevan en la chepa pesan demasiado. Pero este no es ese momento, según ella, porque bastante tienen con readaptarse después de haber vivido solo para sembrar el terror diseñando la muerte de los inocentes.

Si aceptamos que Bildu y todo el condominio separatista, por la legalidad que los ha bautizado, tienen derecho a convivir en los espacios democráticos, no se puede tolerar de forma alguna que a Vox se le quiera negar la existencia.

No queda otra, si queremos aspirar a tener más esperanza, tendremos que ir asimilando que los retales políticos de mil colores irán cosiendo en el futuro el traje de los nuevos gobiernos.

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