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Opinión

Del comercio expuesto

 

Esta vez fue por cuestiones académicas, para orientar un trabajo escolar sobre las obras de arte vinculadas al comercio de Salamanca. Había pasado mucho tiempo sin departir con Miguel García-Figuerola, el director del Museo del Comercio. Sin apenas darnos cuenta estamos perdiendo la consciencia de lo rápido que pasa el tiempo en medio de tanta limitación. Asumimos que para salvar lo esencial hay que renunciar a la vida social y personal, la parte más humana y noble de nuestra existencia. Y nos hemos acostumbrado.

Quizás por ello valoramos más los reencuentros cuando llegan, pese a los protocolos y restricciones. La actividad que nos convocaba sirvió para refrescar muchas cosas, sobre todo la talla intelectual de García-Figuerola y la gran labor que está realizando en este museo, modelado prácticamente a su imagen y semejanza.

El museo nació por el interés de la Cámara de Comercio e Industria y el apoyo del Ayuntamiento de Salamanca, que se volcó con el proyecto y asumió la iniciativa como propia. Miguel consiguió la plaza de director en 2008, poco después de la inauguración, y en estos años ha sabido estirar como nadie los escasos recursos con los que cuenta. Este museo no es el más conocido de Salamanca, tampoco el más visitado, pero sí es en cambio el que mejor cumple con las otras finalidades del museo, las que no suelen llegar al gran público.

En la cultura popular el museo es la muestra de algo interesante, continente incluido. Y efectivamente, la parte expositiva es fundamental. Es lo que se ve. Pero si solo fuera eso, una vez colocada la colección, con los conserjes y el administrador se mantendría. Sin embargo, al museo se le pide algo más. Debe tener vida con exposiciones temporales, actividades culturales para divulgar el tema al que se dedica el museo y, fundamentalmente, la investigación y las publicaciones. Eso es lo que permanece en el tiempo y lo que ayuda en el futuro al conocimiento y estudio de la actividad objeto del museo. Y en este aspecto el Museo del Comercio es ejemplar. Su director llegó al cargo desde la Universidad y valora la importancia que tiene esta otra labor, silenciosa casi siempre, pero que va quedando. Las publicaciones de las actas de las Jornadas de Historia del Comercio, los cuadernillos y otras monografías de mayor entidad forman ya un corpus bibliográfico de enorme interés para conocer la incidencia del comercio e industria en la historia de Salamanca.

En la vida, realmente, nadie es imprescindible. Seguro que sin Miguel García-Figuerola el Museo del Comercio seguiría funcionando. Pero sí es cierto que hay personas que dejan su impronta en las instituciones que dirigen. Este es un buen ejemplo, porque con el escaso presupuesto que maneja y muchas horas de trabajo y dedicación Salamanca cuenta con un espacio de aprendizaje muy didáctico, fabuloso para los escolares, y una actividad cultural y académica de primer nivel. Miguel, y otros como él, son los que de verdad siguen haciendo de Salamanca, como dice el lema, una ciudad para la cultura y los saberes.

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