Opinión

AMOR

 

Hace unos días recibí en el móvil un video que había sido emitido por una cadena de televisión nacional.

En este video un locutor dice a una invitada que le va a enseñar un ejemplo de la «esencia de la vida pura», y contestando a la pregunta de ¿qué es el AMOR? da paso a una serie de escenas en las que un anciano marcha por la calle camino de una residencia en la que está internada su esposa. Va todos los días y, como consecuencia de la terrible pandemia que todos padecemos, la ve a través de una ventana acristalada. Después de estar un rato hablándola –ella no puede hacerlo– llegan una mujer y un hombre jóvenes –¿hijos, nietos?– que se muestran muy tiernos con la enferma. Y todo ello acompañado de una música emotiva.

La presencia de la cámara, tanto fuera como dentro de la residencia nos revela que los personajes son actores y que todo está diseñado y preparado para emocionar al público, lo que se consigue fácilmente con todos estos ingredientes, sazonados con las melodías adecuadas.

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Este video me lo han enviado varias personas, que ven en mí al protagonista. Yo lo agradezco, pero la realidad no es tan espectacular, no está tan preparada; no tenemos música romántica y pegadiza que nos acompañe. Lo que sí es cierto es que el video responde a la pregunta del locutor: ¡SE SIENTE AMOR VERDADERO!

Pero yo no soy sino uno más de los que vivimos pendientes de nuestra compañera, de nuestra esposa, que ha sido tocada por el Dedo de Dios, con el terrible alzhéimer. Somos muchísimos. Todos queremos a nuestra esposa por encima de todo y procuramos estar con ella siempre que podemos, llueva, nieve o caigan «chuzos de punta». Y lo mismo puedo decir de las esposas que sufren con sus maridos enfermos. Porque en este «mal del siglo XXI» los familiares son los verdaderos pacientes, con su «dolor sin olvido», mientras sus enfermos padecen «el olvido sin dolor».

Al principio de la pandemia no se les podía ir a ver; ni salir de casa estaba permitido. Luego hubo un poco de relajación, pero la segunda ola del virus cortó de nuevo el contacto directo y tuvimos que conformarnos con verles a través de un cristal, como en el video, Y así un día, y otro, y otro más. Siempre con la sonrisa en los labios mientras estamos cerca de ellos, entregando a distancia lo que sí podemos darles a raudales: cariño, cariño y más cariño.

Pero, gracias a Dios, mi esposa y otros muchos enfermos están vivos; les podemos ver y desde hace unos días pasear con ellos, aunque todavía con muchas limitaciones.

Ellos sobrevivieron a los ataques del virus. Pero ¿qué pasó con los familiares de los que fallecieron, que no se podían acercar ni siquiera al féretro, que se les privó de un beso de despedida? ¿Cómo pudieron soportarlo?

Porque todos ellos, todos los hombres y mujeres que he conocido desde que mi esposa ingresó en la Residencia «Boni Mediero» de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzhéimer (A.F.A., de Salamanca), TODOS, han amado a sus conyugues por encima de todo, dándonos ejemplo unos a otros de AMOR incondicional, sincero, sin espera de ninguna recompensa. Una entrega total al matrimonio que juraron eterno, en la vida y en la muerte.

Sí. ¡En la muerte! Porque aquellos que las perdieron –Ambrosio, Santiago, Sebastián, Emilio, Pepe, Antonio… y tantos más– las han seguido amando como lo más sagrado que han tenido. Engrandecieron su AMOR por su invalidez, por su inocencia, por su angelical pureza que Dios les dio. ¡No podía ser de otra forma! ¡Imposible!

Porque esas personas, tocadas por el Dedo de Dios, provocan un incremento continuo de AMOR, visible no sólo en los familiares. También se percibe en las cuidadoras, enfermeras, doctora, en todo el personal administrativo y en la Presidenta. ¡En todas! ¡Son los ÁNGELES DE AFA, a los que no me cansaré nunca de agradecer, más que su dedicación, su AMOR por los enfermos! El Dedo de Dios las ha rozado también a ellas. ¡Cómo, si no, se explican sus atenciones durante los tres meses de cuarentena, aguantando el miedo al contagio, el dolor de verles morir, amándoles tanto, sufriendo en sus propias carnes y en sus familiares el terrible virus, supliendo con su AMOR el nuestro! Muchas han tenido que ser atendidas psicológicamente, ante tanto dolor como el que han padecido por sus amados enfermos.

Es de agradecer a los que hicieron el video al que me he referido al principio su intención de dar a conocer el sentimiento más humano que tenemos, valiéndose de los medios que la moderna tecnología visual nos ofrece, acompañando a las imágenes una musiquilla que ablanda el espíritu. Lo veréis en vuestras casas y os enterneceréis, pero luego lo olvidaréis como un programa más.

Pero si queréis saber lo que es el AMOR de verdad, eterno e inmutable, y no olvidarlo, visitad un centro de enfermos de alzhéimer. Ellos olvidan todo, pero seguro que vosotros no lo haréis. Y percibiréis el AMOR que destilan las paredes en ese lugar donde todos son ÁNGELES.

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