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«Nada es tan malo y punto»

Laura Burgos, médico internista, no perderá la sonrisa durante la entrevista y eso que durante la charla cuenta momentos muy duros

 

Se apellida Burgos, por lo que la pregunta era obligada: ¿Has estado en Burgos? Sí, ha estado en Burgos y le gustó la ciudad. «Me hice una foto y se la mandé a mi familia con este mensaje: Laura Burgos está en Burgos». (Carcajada) Ella es de Ecuador.

Así, con risas comienza la entrevista a Laura Burgos Íñiguez. La sonrisa no la perderá durante toda la entrevista y eso que hay momentos muy duros en ella. Laura Burgos desarrolló su residencia como médico internista en el hospital de Salamanca y el último año coincidió con la llegada de la pandemia. No se considera una heroína. «No me identifico con ese término, porque pese a lo difícil que han sido las circunstancias, la mayoría de nosotros, lo que sentíamos, era que estábamos haciendo nuestro trabajo. A veces el trabajo lo hacemos en circunstancias difíciles que exigen mucho más de ti de lo que piensas que puedes dar, pero lo sacas adelante».

¿Han sido duros estos años de residencia?
Depende de cada personas y de cómo vivan la residencia. Creo que si hablamos de momentos duros, yo los relacionaría más con la experiencia de venir a vivir a un país distinto al mío, a tener que adaptarme desde el punto de vista social, laboral y un poco conjugar todas esas experiencias. Eso sí, como la pandemia no ha habido nada.

¿La pandemia lo ha tapado todo?
Sí, palidecen todas las situaciones que te hubieran resultado difíciles, complicadas,… Nada es tan duro, creo que nada lo volverá a ser. Dentro de unos años diremos: ‘Yo estuve’. Aunque, puede tener muchas interpretaciones.

¿A qué te refieres?
Dependiendo de cómo lo hayas vivido lo extrapolas a las otras experiencias de tu vida. El objetivo principal que tiene que tener ese ‘yo estuve’ es darte perspectivas. Ese ‘yo estuve’ no fue algo magnífico, porque no lo fue. Creo que te ayuda a apreciar mucho más todas esas cosas que son buenas y a no complicarte la vida por todas aquellas que no son tan malas. Nada es tan malo y punto. (Risas)

¿Cómo fueron los primeros meses?
Los momentos más difíciles, puedo decir que tuve la suerte de no vivirlos, porque a los residentes nos cuidaron mucho y no estábamos en primera línea de atención, salvo cuando ya tuvimos que trabajar. Al principio éramos apoyo, pero después tuvimos que estar todos porque se desbordó.

¿Te contagiaste?
Sí.

¿Cuándo?
Trabajé la primera semana después de decretarse el estado de alarma, era un ambiente muy enrarecido. Era un caos muy ordenado, porque intentábamos llevar las cosas con la mayor calma posible, pero todo alrededor era una ‘guerra’. Tenías una sensación de que todo era irreal. Luego enfermé y estuve dos semanas en casa. Mal unos seis o siete días, después ya me recuperé.

¿Cómo encontraste el hospital al regresar?
La sensación fue de que todo estaba más organizado. Llegué a una pandemia que todavía estaba siendo muy dura, pero había orden. Era muy duro el trabajo, pero estaba muy enfocado. Sabía muy bien lo que tenía que hacer. Había mucha exigencia, estrés propio de lidiar con este tipo de pacientes, de una enfermedad que no conoces nada, de haberla pasado tú,…

Con el tiempo. ¿Te han quedado secuelas?
El olfato lo recuperé, pero no al 100%. Me pasa lo mismo con el gusto, que lo he recuperado, pero es distinto a cómo lo tenía, porque hay cosas que no me saben o huelen igual, pero eso es un ‘precio’ baratísimo a pagar por todo lo que pudo haber sido. Cuando piensas en todas las personas que lo han pasado tan mal, no solo a nivel de salud física, sino también mental, te identificas de otra manera.

¿A qué te refieres?
Llegas allí y sabes que lo único que puedes hacer es dar lo mejor de ti, brindar apoyo, servicio y aliviar, porque si hay algo que nos ha enseñado esta enfermedad es que puedes aliviar, acompañar,... curar muy pocas veces. Sabíamos que el estar ahí era un pilar de la Medicina, pero esta enfermedad lo ha puesto de manifiesto, porque estuvimos mucho tiempo en la oscuridad, dando tumbos, yendo de una cosa que funciona a otra que no, un día sí y otro día no,… Es vivir con incertidumbre, que es parte de nuestro trabajo.

Con la Covid-19, los médicos os habéis enfrentado todos a la vez a una enfermedad que desconocíais…
Nos ha enseñado mucha humildad. Me explico: En este país se disfruta de una Sanidad de mucha calidad, en la que tienes acceso a una cantidad de recursos, en la que los avances los vas alcanzando con más rapidez que en otros lugares del mundo, tanto en cuestión de diagnósticos como de tratamiento,… la cobertura de salud que tiene la población en España es admirable. Vives en un ambiente en el que te sientes tan seguro de todo lo que tienes y lo que puedes lograr con las herramientas con las que cuentas, que te llega la Covid-19 y dices… ¡Dios! con toda la maravilla que tengo, puedo resolver poco. Entonces… tienes que tirar de otras cosas. A veces dar lo poco que tienes para aliviar y esperar.

¿Podemos presumir de la Sanidad Pública que tenemos?
En mi opinión, sí. Es un lujo al que habría que dedicarle mucho cuidado, porque es como todas las cosas en la vida que das por sentado, no te das cuenta de lo bueno que es hasta que no lo tienes. Mira solo la India, cómo la enfrentaron allí y como la enfrentamos nosotros. O Brasil.

¿Cómo viviste que tu familia estuviera tan lejos? (Es de Ecuador)
Con imposibilidad de no poder estar, de no poder ir si sucedía algo,… La verdad es que sentía que ellos estaban todos juntos. Sentía que ellos estaban muy preocupados por mí, porque estaba sola y, al principio, contagiada. La verdad es que aquí, cuando estuve enferma me sentí arropada y protegida por el sistema de salud.

¿Ha sido duro tener que darle la mano a desconocidos en el último momento?
(Se lo piensa) Sí, es muy difícil. Cuando eres médico y te dedicas a la clínica, en una profesión como la nuestra que ves a muchos pacientes mayores, no es algo a lo que tengas costumbre como tal, pero lo has vivido en varios momentos. En esta ocasión, había una barrera física entre nosotros, que no te permitía ni ver el rostro de esa persona y simplemente tener el recuerdo de una mascarilla y unos ojos de alguien que se está yendo. Tú no puedes hacer nada más de lo que has hecho. Además, tienes que ir al siguiente. Así lo vives tú como médico, no quiero ni imaginarme cómo lo vive la persona que se va, que solo te ve los ojos y ese es su último recuerdo antes de morir. Es una sensación compleja, que muchos de nosotros no hemos terminado de asimilar, porque estamos un poco amortiguados, estamos en un letargo post pandemia,…

Es que todavía estamos en la pandemia…
Eso es. Estamos intentando recuperarnos, pero es mucho más difícil de lo que parece.

¿Ha habido algo que te ha conmovido?
Hay muchas cosas. De lo que más ha significado para mí, ha sido sentir el apoyo genuino y tener un sentido más completo de compañerismo. Creo que la pandemia nos ha unido mucho, porque veníamos de distintas especialidades, es posible que en otros escenarios nunca hubiéramos trabajado juntos. Vivimos todas esas experiencias, dimos todo lo mejor de nosotros e hicimos un esfuerzo hasta el agotamiento por sacar adelante el trabajo, nos unió mucho ese sentido del deber. Teníamos que apoyarnos entre nosotros, porque la incertidumbre estaba ahí, pero sabíamos que estábamos juntos frente al monstruo de siete cabezas que cortabas una y salían tres más. No solo con los compañeros médicos, también con el personal con el que trabajabas, enfermeras, auxiliares, celadores,… pasabas muchas horas ahí, la extenuación tanto física como mental y emocional era enorme. Esas personas te entendían, era un oasis de paz en medio de todo lo que significaba ese caos. Te apoyabas, te caías y te ayudaban a seguir adelante.

Dentro de 20 años cuando te encuentres con un colega sanitario, os preguntaréis: ¿Dónde estabas tú en el 2020?
(Risas) Seguramente y todos tendremos una respuesta distinta, porque cada uno la hemos vivido a nuestra manera.

¿Cómo está tu mente?
Todavía está un poco revuelta, pero está muy en paz, porque la pandemia, no solo por lo que significó cómo fenómeno, ha tenido una repercusión muy especial en la vida de cada persona, sea sanitario o no. Para mí ha supuesto muchos cambios positivos, me ha enseñado a ser más flexible y dejar esa necesidad de controlarlo todo. No tiene sentido, cualquier plan que hayas hecho antes de… se ha ido al carajo (con perdón) Nos estropeó todos los planes y todavía lo hace. (Risas) Te hace más fuerte. Es un enemigo que no puedes ver, está sobre ti, a tu lado, frente a ti y no le pones cara y te sigue ‘cambiando’ la vida. (Risas) Te mueve los pies. Como todas las experiencias difíciles de la vida, si las sabes aprovechar bien, te mueve pero te puede dejar en un buen sitio.

¿De ésta salimos mejores?
Si queremos sí podemos sacar mucho provecho. Este bicho ha sacado a relucir muchas de las flaquezas que estaban ahí camufladas por la rutina, el hastío,… Todos esos vicios que uno cree que no afectan y que al final se cronifica, pero que cuando hay situaciones como ésta, que te mueven desde los cimientos, se ven y ya no los puedes esconder. El objetivo es sacar una mejor versión y eso cuesta mucho.

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