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Jesús Málaga

El parque de los Jesuitas

JESÚS MÁLAGA: ‘Desde el balcón de la Plaza Mayor’ (Memorias de un alcalde)

En los primeros días de mi alcaldía, Jesús García, párroco de Pizarrales, me comunicó que había conocido un jesuita muy interesante que había llegado de Nicaragua. Se trataba de un religioso enfrentado con el dictador Somoza. Había tenido que salir del país centroamericano debido a la persecución de aquel régimen político. También me dijo que era cercano a la Teología de la Liberación, que en aquellos años estaba haciendo furor en América Latina. Para más suerte, para conseguir mi propósito, le habían nombrado superior de los Jesuitas del paseo de San Antonio y del Teologado.

Encargué a Jesús que me hiciera la gestión de consultarle la posibilidad de ceder la huerta a la ciudad de Salamanca para el disfrute de los ciudadanos. Justifiqué mi petición en que la ciudad solamente tenía un parque urbano, la Alamedilla y pequeños jardines como el Campo de San Francisco, Salesas y Carmelitas. A los pocos días tuve buenas noticias sobre el asunto. El nuevo superior de los Jesuitas contestó que estaba dispuesto a ceder gratuitamente la huerta sin contraprestación alguna.

La noticia me llenó de alegría. Era un día del mes de enero, había nevado y el blanco ocupaba las calles. Avisé a Jesús María Santos, jefe del gabinete de prensa, persona de mi mayor confianza, y le dije que me acompañara, que íbamos a ver algo que le iba a impresionar.

Llegamos a media tarde, ya anochecido, al edificio. Pedimos ver al superior y aunque no estaba nos dejaron entrar y visitar la huerta. No se veía nada, solo campo lleno de nieve, pero enseguida pudimos comprobar la magnitud del espacio abierto del futuro parque. Mojados hasta los huesos, vislumbrábamos entre tinieblas muchos árboles frutales y grandes extensiones de maizales.

Aquella visita debió poner en aviso a los jesuitas amigos de la opción de UCD, ya que luego supimos que se produjo una oposición interna a la cesión que trastocó en parte la operación. Al padre Arrupe le llegaron centenares de cartas enviadas por vecinos de Salamanca, poniendo en aviso sobre la cesión de la huerta a un Ayuntamiento de rojos.

El superior me informó de que para que saliera la operación, que era bien vista por el Padre General, era necesario vestirla como una compra, que en todo caso sería ventajosa para el Ayuntamiento. Así lo hicimos, valoramos los árboles frutales, dividimos la huerta en dos partes, la más extensa para la ciudad, con casi cien mil metros, y la pequeña para jardín del noviciado, la residencia y la casa de espiritualidad.

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