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Opinión

La piel de la justicia

Me paseo por Twitter y entre los que nos dedicamos a alertar de los peligros que supone el mal uso de las redes sociales y los peligros de los retos virales entre niños, niñas y adolescentes se genera cierto debate, para acabar llegando a la misma conclusión: hay que seguir y ahora más que nunca educando digitalmente y poniendo de manifiesto la peligrosidad de algunos retos.

Esta semana, conocíamos el triste final de Archie, el niño británico que se encontraba en un hospital en muerte cerebral desde hace cuatro meses, cuando su familia lo encontró inconsciente, víctima del reto Blackout challenge y de las sombras que provoca el desconocimiento y la atracción que los adolescentes demuestran ante algo que atrae y que en teoría divierte. El mismo reto del que dicen que ya ha matado a ochenta y seis personas más.

Una batalla que tuvo su fin, cuando el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, se reafirmó en lo dicho por la medicina y fue desconectado del respirador que lo mantenía con vida.

Ante este debate, no exento de polémica, entre hospital, jueces y familia, quizás no pueda ser neutral y posicionarme claramente, ya que capacidad de empatía, se pone del lado del que sufre y mi ser racional clama la lógica de finalizar una partida que según manifestaba la medicina ya estaba perdida.

Indudablemente, hay que abrir el debate y abrirlo ya, sobre la potestad de quien o quienes tienen la capacidad de decidir quienes viven y quienes no, como si de antiguos emperadores del inigualable Coliseum romano, alzando o bajando el pulgar se tratara.

No dudo de que ha prevalecido el mejor interés del menor, defendido desde la posición de cada una de las partes, pero considero que hay algo aquí, que se queda escaso.

La justicia decide ante casos en los que las partes no se ponen de acuerdo, en teoría, buscando el bienestar del menor, aunque no siempre acabe acertando, pero realmente ¿ha sido justa? ¿Podría haber otra oportunidad, en otro lugar, como mantenían la familia? Creo que la justicia ha sido lógica y ha decidido en base a informes médicos y a la palabra de la medicina, pero ¿la potestad de los padres para decidir en base a su creencia de bienestar dónde queda?

Entiendo que la lógica a veces no lo es tanto, sobre todo cuando se trata de tus hijos, pero el debate es necesario ante casos como este, en el que el número de caso para un juzgado tiene nombre, familia, amigos y quien toma la decisión es un profesional ajeno a todo ello.

No dudo del buen hacer y buena intención de quien dicta sentencia, de hecho, no quisiera estar en su piel y les aseguro que no implicarse de manera personal con personas que demanda ayuda y justicia es francamente difícil, a veces realmente imposible, pero también sé que el mundo necesita más humanidad y menos tecnicismos.

Sinceramente, nos iría bastante mejor

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