La rehabilitación del Mercado de Abastos salvaba una de las joyas del modernismo salmantino, que pasó tras la remodelación a ser un centro comercial limpio e higiénico. La obra se realizó con la colaboración del IRESCO. Medio mercado, ya recuperado, pudo utilizarse a finales de 1981, tras un año de trabajo.
La obra maestra que Joaquín de Vargas proyectó en 1898 se dejó ver por los salmantinos con sus esqueletos de hierro. Invertimos casi cien millones de pesetas, pero valió la pena. Los puestos mejoraron su cierre con mostradores específicos para carnes, pescados y verduras. Se colocaron nuevos saneamientos, agua, electricidad y también nuevos puestos de venta, servicio de megafonía y telefonía. Se sustituyeron los cristales que estaban deteriorados por el tiempo, se reparó la carpintería, y se actuó en limpieza, pintura y en aislamiento térmico. Desaparecieron las corrientes de aire que hacían que se pasase más frío dentro del mercado que en la calle.
Eliminamos los ocho quioscos adheridos al edificio y que bordeaban el mercado. Era como arrancar una parte de mi niñez y juventud. En ellos compré los tebeos con los que aprendí a leer y a ellos se acercaba la gente humilde a cambiar novelas de amor y del oeste para matar el tiempo de unas tardes aburridas y llenas de tedio. Los quioscos desaparecidos dejaron exento el precioso edificio que luce ahora en todo su esplendor.
La segunda fase se inauguró el 30 de mayo de 1982. Poco tiempo tardamos en recuperar el mercado. Habíamos comenzado la obra en marzo de 1981 y en algo más de un año habíamos recuperado para Salamanca una de las señas de identidad de la ciudad de primeros del siglo XX. Unos locales situados en la Plaza del Ángel fueron acondicionados para la instalación provisional de los puestos que estaban renovándose. Las obras de acondicionamiento de este local costaron 4,5 millones de pesetas y fueron realizadas por la misma empresa que estaba rehabilitando el mercado.


















