La brecha transatlántica se ensancha definitivamente. El Gobierno de Donald Trump ha escenificado este viernes un distanciamiento histórico con sus socios europeos respecto a la crisis en Oriente Medio. El jefe del Pentágono, Pete Hegseth, ha sido tajante: Estados Unidos ya «no cuenta con Europa» para gestionar el conflicto en el estrecho de Ormuz, un paso clave por el que circula el 20% del petróleo mundial.
Hegseth ha reafirmado el «puño de hierro» de la Administración Trump contra Irán, asegurando que el bloqueo naval no solo se mantiene, sino que se está globalizando. Según los datos del Pentágono, 34 barcos vinculados a Irán se han visto obligados a dar la vuelta. Además, EEUU ha confirmado la interceptación de buques sancionados incluso en aguas del Indopacífico y Washington ha dado orden de «destruir» cualquier lancha sospechosa de colocar minas en el estrecho.
«No tenemos prisa por llegar a un acuerdo», sentenció Hegseth, trasladando toda la presión a Teherán bajo la premisa de que es Irán quien necesita actuar «para subsistir».
Burlas a la diplomacia europea
El tono de la rueda de prensa ha rozado lo burlesco al referirse a los líderes de la Unión Europea, que precisamente hoy celebraban una cumbre informal. Hegseth calificó de «pomposas y tontas» las reuniones internacionales en suelo europeo (como la reciente cita en París) para abordar el desminado de Ormuz.
El mensaje de Washington se puede desglosar de este modo:
- Dependencia energética: Hegseth recordó que Europa necesita el estrecho de Ormuz «mucho más» que EEUU.
- Fin de la protección: Bajo el lema «se acabó lo gratis», acusó a los aliados de aprovecharse durante décadas del paraguas militar estadounidense.
- Responsabilidad: «Es su lucha más que la nuestra», concluyó el secretario de Guerra.
Mientras Francia y Reino Unido intentan articular una coalición defensiva, cualquier avance sigue supeditado a una paz que hoy parece más lejana. Con el estrecho de Ormuz cerrado de facto por el doble bloqueo de Teherán y Washington, Estados Unidos se atrinchera en su estrategia de presión máxima, dejando a Europa al margen de su tablero de juego.


















