El principal investigador de la trama Gürtel, Manuel Morocho, que no se plegó a las presiones políticas y corporativas para ocultar las pruebas de la corrupción del PP, ha comparecido este miércoles en el juicio del ‘caso Kitchen’ con un testimonio esclarecedor. El inspector ha confirmado la existencia de una operación parapolicial, sin control judicial, diseñada para espiar a Luis Bárcenas y «limpiar» sus informes de cualquier nombre relevante de la cúpula del Partido Popular y la financiación en B del partido.
El testimonio de Morocho refuerza la tesis de que se utilizó la estructura del Ministerio del Interior para entorpecer una investigación judicial que amenazaba la supervivencia política del Partido Popular.
Morocho ha revelado que en 2015 descubrió que la Dirección Adjunta Operativa (DAO) manejaba una investigación paralela sobre el entorno de Bárcenas de la que él, como responsable oficial del caso, nunca fue informado. «Era una operación sin autorización judicial», ha sentenciado. El inspector recibió datos sobre vehículos y domicilios del extesorero «sin contexto alguno», confirmando sus sospechas de que se estaba produciendo una captación de información ajena al juzgado.
Durante cuatro horas de declaración, el inspector ha descrito un clima de hostigamiento por parte de «toda la escala de mandos». Según su relato, se le exigió modificar los informes sobre los «Papeles de Bárcenas» para suavizar la gravedad de los hechos:
- Censura de nombres: Morocho afirma que recibió órdenes directas para no incluir a cargos políticos. «Se individualizó expresamente que el nombre de Mariano Rajoy no saliera», ha asegurado. También ha confirmado presiones para borrar a María Dolores de Cospedal y a su exmarido, Ignacio López del Hierro. Justo los que hace unos días declararon que no sabían nada ni se acordaban de nada.
- Guerra semántica: Existía una resistencia feroz a que se utilizara el término «Caja B» o «contabilidad extracontable». «Me decían que eran una ideación de Bárcenas sin verosimilitud», recuerda.
- Control y retrasos: El inspector denuncia que sus informes eran retenidos y «escrutados desde distintos ángulos» antes de ser enviados al juez, permitiendo incluso que el PP conociera su contenido de forma anticipada.
Le tentaron con un «exilio dorado» en Lisboa
Uno de los momentos más tensos de la declaración ha sido el relato del intento de soborno o «apartamiento». En 2013, el entonces jefe de la UDEF, José Luis Olivera, le citó para ofrecerle un puesto de lujo en el extranjero. «Me ofreció Lisboa con una gran retribución. Me dijo: ‘elige la embajada que quieras, de Pekín a donde sea'», destinos con unos sueldos estratosféricos y laboralmente, un balneario.
Morocho ha recordado cómo, durante esa reunión, Olivera recibió una llamada supuestamente del ministro del Interior (Jorge Fernández Díaz): «Hola ministro… Estoy con él, ya te contaré». Pese a las ventajas económicas, el inspector rechazó la oferta por «compromiso con la sociedad y los principios democráticos».
«Tendrías que estar muerto»
La hostilidad hacia su trabajo no solo fue administrativa, sino también personal. Morocho ha recordado un encuentro con el excomisario Enrique García Castaño en el que este le espetó: «¿Tú qué haces aquí? Si tenías que estar muerto».
El inspector Morocho ha concluido reafirmando que nunca propuso seguir a la mujer de Bárcenas ni tuvo conocimiento de que el chófer del extesorero hubiera sido captado como confidente, dejando claro que la ‘Operación Kitchen’ se movió siempre por fuera de los cauces legales que él intentaba proteger.

















