El Puente Romano, con sus crecidas de San Policarpo y sin ellas, lleva viendo pasar el agua del Tormes por sus ojos desde el siglo I d C.
Durante estos dos mil años ha tenido muchas rehabilitaciones, pero es posible que no fuera nunca ‘puente anuncio’ cuando se estaban acometiendo las mismas.
Quizá los responsables de colocar la pancarta con todas la información necesaria para una contratación pensaron que si el Ministerio anunciaba la obra, ellos también podían.
Quizá sea comprensible que los responsables de la empresa pensaran que podían colocar la información en uno de los muros del Puente Romano, teniendo en cuenta que el Ayuntamiento decidió colocar el cartel anunciador de la rehabilitación de dicha obra, impidiendo que los turistas o salmantinos pudieran hacer una fotografía ‘limpia’ de la postal de Salamanca.
Es obligatorio informar a la sociedad de cual es la inversión que destina una administración pública -local, provincial, autonómica y nacional- para reparar o rehabilitar un monumento, pero esas instituciones no indican dónde. Solo hace falta un poco de gusto y sensibilidad para instalarla unos metros más allá y así queda despejada la panorámica de las Catedrales, el Puente Romano, la Casa Lis…

Salamanca es una ciudad Patrimonio de la Humanidad, se supone que conservar, proteger, respetar y valorar el patrimonio debería ser prioritario para la Administración -Ayuntamiento y Junta-, pero al Ayuntamiento de Salamanca parece que a esta cuestión le da poca importancia, si se tiene en cuenta que no hay una concejalía dedicada en parte o exclusiva al patrimonio. Salvo que se incluya en la ya abultada cartera que gestiona José Fernando Carabias, Fomento, Urbanismo, Policía Administrativa, Mantenimiento, Alumbrado y Coordinación Territorial. Con tantos frentes como se administran desde esta Concejalía quizá sea dificultoso observar cómo va mermando por abandono el rico patrimonio arquitectónico de Salamanca. En cambio, la calle Toro siempre está reparándose.

















