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La valoración de los conocimientos preventivos

Lucía Risueño es licenciada en Psicología Social y del Trabajo: mejorar la vida de las personas en su vida laboral – PRL y está preparando su tesis doctoral sobre “La Ergonomía Laboral Preventiva: más allá de la Ley de Prevención”, es técnico superior en Prevención de Riesgos Laborales y asesor de trabajadores y empresas

 

Leyendo los títulos de los artículos que los técnicos de Prevención de Riesgos Laborales escribimos, creo ver cuestiones que subyacen a nuestra profesión, que quizás no nos hemos parado a reflexionar y que pueden constituir un problema, tanto social, como personal.

Escribimos y escribimos, artículos y más artículos relacionados con una gran diversidad de temas de una gran complejidad y tecnicidad, de aspectos cada vez más concretos de las distintas ramas de la ciencia, con los que, seguramente, tratamos de demostrar cuánto sabemos, cuánto podemos aportar al Mundo y cuánto el Mundo, nos necesita. Porque esa es la responsabilidad que hemos depositado sobre nuestros hombros: solucionar todos los problemas que afecten al rol profesional que el individuo alcanza en la madurez, y con el que todos nos identificamos, en nuestra vida cotidiana.

Quizás no nos damos cuenta de que, tras este hecho, se esconde una gran inseguridad, posiblemente provocada por ser especialistas en una ciencia tan reciente, que se sigue construyendo. Una ciencia, que ha surgido de la resolución de los problemas que van apareciendo en el día a día: ¿qué hay muchas víctimas en construcción?, se buscan barreras que lo evite; ¿qué hay una intoxicación química de los trabajadores?, se prohíbe la utilización de ese compuesto o sustancia; ¿qué el virus del ébola traspasa nuestras fronteras?, nos empezamos a plantear barreras biológicas,… Sólo cuando la situación nos supera, ponemos solución.

Posiblemente, somos los especialistas mejor formados, exigiéndosenos saber de todo para ejercer (legislación, arquitectura, químicas, biológicas, psicología,…), pues raro es el profesional que no cuenta con las 3 especialidades técnicas. Sin embargo, se nos valora más bien poco, llegando a pensar que eres un profesional frustrado en lo tuyo que te has tenido que dedicar a esto por encontrar una salida profesional. Es posible que esto nos cause tal inseguridad en nosotros mismos, que necesitamos demostrarnos nuestra valía a través de la redacción de todas esas publicaciones técnicas.

A todo esto, se suman dos cosas más:

El hecho de que tu trabajo sea requerido únicamente, por una obligación legal; por tanto, realmente, la empresa cree que no te necesita.

Y por otro, que no puedas hacer tu trabajo cómo pienses que sea la mejor forma, sino encasillado en las que te marca el Reglamento de los Servicios de Prevención, que, erróneamente, se interpreta que dice que tú no puedes ser un buen profesional, por ti mismo (como son los abogados, médicos, arquitectos, etc.), si no que te debe contratar una empresa y, por tanto, un jefe debe marcarte las pautas, para que hagas las cosas bien.

Paradójicamente, al margen de todo esto, queda la necesidad del cliente final (empresarios y trabajadores) que son los auténticos beneficiarios de los conocimientos que hemos adquirido, obviando lo que tú puedas aportarles realmente, con tu especialización. Así, lo que se ha conseguido es que el método no resuelva el objetivo, haciéndolo inútil.

¿Podríamos desde las instituciones y asociaciones de empresarios y trabajadores replanteárnoslo para mejorar la situación?

Más información en: Asesoría en Prevención de Riesgos Laborales  


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